La mochila (poesía)

Hoy voy a compartir con vosotros una poesía. No sin antes advertiros que cada vez escribo peor. Hubo años pasados en los que cuidaba más la métrica, la rima, el no hacer rimas pobres, las pausas e, incluso, dónde caían las tónicas, pues hasta el verso libre tiene sus pautas, no es ir colocando palabras como te dé la gana, o eso dicen los que saben.

Pero yo cada vez escribo menos, he dejado los foros literarios, he dejado esas actividades que implicaban corregir y ser corregida, me ha devorado la pereza y he pasado a hacer lo que antes criticaba: escribir desde las tripas sin más, pero a conciencia.

Y esto salió hoy. No es gran cosa en forma, probablemente sea una mierda. Pero descubrí que me salió con mucho contenido, quizá de las cosas más honestas que he podido escribir en mi vida.

Vamos al lío.

 

LA MOCHILA

El sol brilla, reflejado en el mar.

El aire de la libertad es respirable.

No hay piedras en mis pies.

No hay cuerdas en mis manos.

Nada debería pesarme.

En esta nueva era lo normal

es sonreír

y hasta reír a carcajadas.

Tener alas y volar.

 

Como decía,

no hay nada importante que me falte.

Me siento segura, en alma y cuerpo.

Como cada día. Tengo un techo.

Hay quien me ama.

Nunca había recibido más amor.

Hay quien valora mis esfuerzos.

Hay quien cree que aporto al mundo.

Yo también.

 

Pero llevo una mochila.

Una carga menos ligera de lo que aparenta.

La abro de año en año, cada vez menos,

pero siempre con temor al asomarme,

pues aunque cada vez soy más fuerte para llevarla

nunca ha aprendido a pesar menos.

 

Olor a podrido guarda siempre.

El olor de los insultos en la infancia.

De no saber en quién confiar.

De creérmelos.

De no entender por qué me atacan.

De no entender nada.

 

También guarda cosas rotas.

Los recuerdos que habrían debido pertenecer

a los años más felices de mi vida;

y luego la certeza

de que, además de víctima, fui verdugo.

Puedo hacer daño, lo hice,

no siempre me arrepiento de ello.

 

En los últimos años se llenó de nostalgia.

El simple paso del tiempo nos arrebata

a aquellos que más nos quisieron.

Y luego hay quien se marcha

mucho antes de que suene el fin de turno.

 

Sucede cuando el cuerpo se colapsa

ante un dolor continuo e inhumano

y la mente decide rendirse

ante el final de una guerra irresoluble.

 

[Demasiados abrazos atrapados

para siempre en el seno de una tumba].

 

Pero a veces no es la muerte

el único ladrón de baluartes.

Los firmes cimientos no son tan firmes.

Las cadenas del afecto no son tan fuertes.

Basta una escasa distancia entre los cuerpos,

o la distancia entre las mentes, planteamientos,

cualquier absurdo error o desacuerdo

(o, incluso, conveniencia)

y la falta de continuidad en todo caso,

para hacer olvidar lo inolvidable.

 

Se descubre que no hay más patria que la tumba,

ni más lealtad que la de quien hoy y a diario

pone su alma a tu servicio

para ayudarte a llevar la carga

y que, por más que una brújula te oriente

y un mapa te señale tu casa,

hogar es donde hay quien te espera,

amigo es quien permanece

y familia es quien, sin mediar sangre, lo merece,

pues el pasado es un camino sin retorno

y mañana empieza hoy. 

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De Oporto a la comisaría (IV) (Traca final)

Como os podéis estar figurando, aunque en Madrid muchos negocios abren el fin de semana, después de lo sucedido el sábado no nos cabía la menor duda de que hasta el lunes no se iba a poder hacer nada.

No quedó otra que hacer turismo por Madrid. Mi amiga no había estado nunca y fue una oportunidad para enseñarle las típicas cosas que visitan los guiris: Sol, Gran Vía, la Plaza de España, la Plaza Mayor, el mercado de San Miguel… y los mojitos a 5 € de mi barrio, que después de haberlos catado he llegado a la conclusión de que son francamente mejorables.

Así llego el lunes, día en el que se siguieron tocando puertas hasta que al fin descubrimos que nos las podía dejar un taller de Algete (¡Encarna! ¡ empanadillas de Móstoles! ¡algetes tiernos!* ) pero, que quede claro, no para llevar el coche hasta Almería si no para llevarlo a su taller hasta que lleguen las famosas ruedas de Alemania.

Nos faltó hacerle la ola a los mecánicos cuando llegaron. Hay que decir que antes del final feliz nos encontramos con un par de obstáculos más. El primero, que por despiste Noel se había llevado la llave del garaje del acceso de los coches ( yo me había quedado con la otra: la del acceso de los peatones) así que la furgoneta de los mecánicos solamente puedo entrar cuando un usuario casualmente abrió la puerta y después el coche de estos amigos y la furgoneta de los mecánicos sólo pudieron salir cuando yo, aprovechando la salida de otro coche, decidí quedarme como 20 minutos junto al detector de movimiento de la puerta.

El segundo obstáculo, una vez que el coche ya estaba a salvo, fue conseguir un método apropiado de transporte para el regreso de esta gente y todo su equipaje a Almería. Inicialmente el seguro había prometido el viernes anterior que les pondría un taxi a su disposición pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando el lunes descubrimos que dónde dije digo, digo Diego. De pronto el taxi era lo más imposible del universo y empezaron a sugerir que se volvieran en tren, autobús o coche alquilado.

Aquí cabe tener presente el estrés que se habían comido estas personas durante todos estos días, el tema de la minusvalía de ambos dueños del coche y el dolor físico de la mujer. Para muchas otras personas estos medios hubieran sido válidos, pero no para ellos en sus circunstancias, y más si tenemos en cuenta que el seguro había asumido la cobertura a todo riesgo de un coche que luego no eran capaz de atender ( si cubres un modelo, deberías tener ruedas disponibles para sacar de una cochera ese modelo) y que les había abandonado totalmente ( en vez de buscar una solución para las ruedas, delegaron el tema a sus asegurados… ¿para qué se les paga entonces?).

Tuvieron que hacer muchas llamadas. Sospechan que fue un contacto el que les resolvió el problema, más que nada porque nadie se cree que la chica que les atendía por teléfono de parte de la oficina de Madrid hubiera cambiado tan bruscamente de opinión. Lo peor, es que la imposibilidad de buscar un taxi no tenía otro origen que el económico, ya que dejó de ser tan imposible en cuanto se les metió un poquito de presión.

Eso sí, el coche se les prometió para las 17:10 y no llegó hasta una hora más tarde.

Por cierto ¿ habéis escuchado alguna vez hablar de Uber?. Es un servicio alternativo de taxis que trae a los taxistas precisamente por el camino de la amargura, ya que los taxistas tradicionales en su momento pagaron una fuerte cantidad de dinero por la licencia y eso implica que no puedan competir con Uber, que como empresa es una cárnica que explota a la gente pero que se puede permitir ofrecer unas carreras mucho más baratas y que además cuidan mucho la estética: coches negros y brillantes de limpios con cristales traseros tintados, gama cómoda, conductores que te reciben en traje, te preguntan en qué emisora de radio quieres oír y te ofrecen un botellín de agua… en suma, muy orientado a que la persona que solicite ese servicio se sienta como la novia de Grey, con chófer propio, pero a lo low cost.

Esta gente es odiada por los taxistas de toda la vida y hay cierta tendencia a dar apoyo institucional a esos taxistas de toda la vida…

Podréis entender entonces que durante la espera al taxi de una hora en el portal de mi casa, empezaran hacerse bromas del tipo: « ya verás, que ningún taxista ha querido coger la carrera» o « lo que pasa es que han tenido que llamar a un Uber».

Pues bien, sospecho que la hora de retraso tuvo algo que ver con que realmente nadie quiso coger la carrera y que el seguro, ya fuera por falta de alternativas o por ahorrar costes, decidió que un conductor de Uber asumiera la papeleta.

Así acabó la historia, al menos hasta el momento. El coche está en Algete, a la espera de recibir las ruedas de Alemania. Supongo que estos amigos se volverán a quedar en mi casa cuando tengan que recogerlo. Sus dueños es muy probable que cambien de seguro en cuanto toda esta historia termine dada la mala atención recibida y nosotros es muy probable que cambiemos de plaza de garaje o directamente pasemos a aparcar en la calle, total, si alguien nos toca el coche en la calle podemos tener la esperanza de enterarnos o de que alguien se entere cuando empiece a sonar la alarma, cosa que no ocurre cuando la alarma del vehículo suena en un segundo sótano sin cámaras de vigilancia de ningún tipo.

Dudo que nos enteremos de la identidad de los profesionales que cometieron el robo, pero si hubiera novedades policiales en el futuro os lo comentaré.

Espero que os haya entretenido esta historia y que saquéis algunas moralejas, a destacar:

1. Ojo con dejar coches caros en un lugar sin vigilancia.

2. Coche barato: piezas baratas y recambios de fácil acceso. Coche caro: piezas caras y recambios de difícil acceso.

3. No por tener un coche en un garaje está más seguro.

4. Posiblemente los señores que te arreglan la avería cuando te roban las ruedas son los mismos señores que roban ruedas cuando tienen un cliente con una avería.

5. Por más caro que te cueste el seguro del coche, el mejor seguro, del que no tienes queja, es aquel que nunca has tenido necesidad de utilizar o, por lo menos, no para nada serio.

6. En Madrid hay cierto orgullo con la profesionalidad de sus ladrones. no es la primera vez que me da la sensación de que a policías y vigilantes de seguridad se les hincha el pecho al pronunciar profesionales cuando vas a llorarles.

7. Jamás hay viaje sin anécdotas.

¡Hasta luego, coliflores!

¡Gracias por leer!

Pd1: próximo destino… Rusia.

Pd2*: si vienes aquí para entender el chiste del asterisco ve buscando ya en Youtube el vídeo «Empanadilla de Móstoles» de los humoristas españoles Martes y 13.

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De Oporto a comisaría (III)

Como pudisteis leer en la entrada anterior, la Cenicienta de nuestra historia tiene los pies grandes y era muy difícil encontrar los zapatitos mágicos que salvarían el día.

Al parecer, las piezas de este coche no se encuentran en cualquier parte. Cualquier daño en una pieza implica que se tenga que solicitar que se fabrique una equivalente en Alemania expresamente para ese vehículo. Ruedas incluidas.

Aunque los expertos hablaban de 15 días incluyendo fabricación y envío, la experiencia de los propietarios del coche dice que si tenemos en cuenta que tenemos agosto encima, es imposible que los zapatos de nuestra Cenicienta estén listos antes de un mes, incluso es posible que tarden más.

Lo peor del asunto es la actitud que tuvieron los del seguro en todo este berenjenal. Después de que se pusiera de manifiesto que los de la grúa no eran capaces de sacar el coche del garaje, a los de MAPFRE no se les ocurrió nada mejor que decir a esta buena gente ( que paga un seguro a todo riesgo muy notable, dicho sea de paso) que se tenía que buscar la vida. Es decir, que tocaba liarse a tocar puertas para ver si alguien les podía prestar unas ruedas provisionales para, simplemente, sacar el coche del garaje y llevarlo taller de la Comunidad de Madrid más apropiado.

Inicialmente intentaron luchar que esas ruedas prestadas permitieran llevar el coche hasta Almería, que era donde ellos tenían contactos y donde les podían facilitar un coche de cortesía, puesto que (esto que voy a contar también es muy serio) pese a la imposibilidad de obtener unas ruedas nuevas antes de un mes, el seguro solamente les ofreció un coche durante cinco días.

Cualquiera que conozca la provincia de Almería sabe que a menos que vivas en Almería capital, el coche es prácticamente imprescindible… y esta gente no vive en Almería capital. De ahí la importancia de luchar por todos los medios por llevarlo allí, ya que evidentemente el contacto no les iba a dejar un coche durante demasiado tiempo si el vehículo robado no se quedaba en su taller.

Entonces fue cuando a Noel y a mi amiga la del homenaje se les ocurrió la idea de intentar llevarles ( en el coche de Noel naturalmente) a Almería para conseguir esas ruedas y subirlas a Madrid… aunque finalmente yo me quedé con el marido de la otra amiga ( propietario del coche) luchando por Madrid mientras todos los demás paralelamente iban hacia el sur.

Aquí fue cuándo se alcanzó el punto álgido de estrés en esta historia. El dueño y la dueña del coche sufren ambos una minusvalía ( por razones distintas). Ambos requieren medicación diaria que les resulta imprescindible, pero muy especialmente en el caso de ella por el tema de que su enfermedad cursa con dolor físico. Aunque ellos habían venido a Madrid con toda su medicación, al quedarse más tiempo del previsto se les había agotado y, claro, pese a contar con la tarjeta de la Seguridad Social andaluza, resulta que en la Comunidad de Madrid eso no sirve, en las farmacias no pueden ver la medicación que tienen cargada en sus tarjetas.

Cuando Noel (mi chico, por si me lee alguien nuevo) mi amiga y la propietaria del coche llegaron a la altura de Toledo, nosotros nos enteramos a golpe de teléfono de que en Almería tampoco se iban a poder conseguir las ruedas y por tanto se estaban pegando una kilometrada bastante inútil.

Pero quedaba el tema de la medicación. Visto lo visto, yo sugerí que continuaran viajando hasta Jaén (suelo andaluz, por las dudas) para que compraran allí las medicinas a las malas, pero resulta que entre mi amiga y la dueña del coche fueron capaces de convencer a alguien ante lo desesperado de la situación de que les vendiera las pastillas.

Tened en cuenta una obviedad: después del robo de las cuatro ruedas y de no haber sido capaces de sacar el coche del garaje, nos tocaba ir a revisarlo periódicamente no fuera a ser que el ladrón tuviera ganas de volver y decidiera coger algo más. me parece muy lógico que los propietarios no quisieran volver a separarse del coche demasiado tiempo, o no al menos hasta que el coche quedara a buen recaudo.

Así que, como os podéis imaginar, aunque al final se consiguieron las pastillas, a estas alturas del cuento ( el robo fue el viernes pasado y esto ya sucedió ese sábado por la mañana) el disgusto y la angustia por las ruedas se estaban convirtiendo en algo muy serio.

Continuará….

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De Oporto a comisaría (II)

Fue el comienzo oficial del drama. Los propietarios del coche se hundieron en la miseria. La amiga del homenaje intentaba calmarles y ayudarles a aclarar sus pensamientos como podía. Yo me limité a gritar algo útil: «¡ que nadie toque el coche, que tienen que pasar los de la científica a tomar huellas!». «Capitán Obvio» podría ser perfectamente mi sobrenombre.

Se hicieron las llamadas pertinentes. Ellos hablaron con el seguro y yo le conté la película a Noel, que se las ingenio para huir del trabajo y venir a echar una mano en lo que pudiera. A continuación, cogimos un taxi y nos fuimos de cabeza a comisaría para poner la denuncia.

Pronto nos quedó claro que el trabajo había sido hecho por profesionales. Supe, para mi asombro total, que el coche era de alta gama… tened en cuenta, antes de ser demasiado duros conmigo, que me compré un coche de segunda mano que vale lo que algunas personas se gastan en un teléfono móvil (comprobado hace una semana en Media Markt).

Evidentemente, si hubiéramos sido conscientes del valor del coche no hubiéramos tenido el cuajo de dejarlo en un garaje sin cámaras y sin vigilante… pero somos unos ignorantes del tema y no lo sabíamos.

Lo de la profesionalidad de los cacos se ve en algunos detalles de calidad: fueron perfectamente capaces de extraer las ruedas a pesar de los tornillos antirrobo (¡qué ironía!) sin dañar nada y cuando la policía científica echó los polvos sobre el coche para ver si había huellas dactilares, se descubrió que esta gente fue más allá de trabajar con guantes y que se tomó incluso la molestia de pasar tranquilamente una bayeta después del trabajo.

Además, por lo visto es muy difícil acceder a la llave que permite extraer estos tornillos sin forzar puesto que son muy exclusivas, por lo que lo más probable es que quienes les robaron las ruedas del coche sean trabajadores de un taller.

El caso es que la policía, cuando se acercó a ver el estado del coche, nos vino a decir que si no había huellas tenían que observar si pasaba en otras cosas similares por la zona y que de momento este caso era un caso aislado, recientemente no habían tenido otros robos similares por la zona.

Sin embargo, nuestros vecinos de cochera no parecían opinar lo mismo. En el canconeo de idas y venidas de la plaza de garaje que hubo estos días, siempre encontrábamos a algún vecino a quién le habían robado recientemente o que sabía de otra persona a la que le hubieran robado recientemente. El caso más cercano era el del propietario de un coche que se aparca muy cerca de nuestra plaza y al que también le quitaron las ruedas del coche hace menos de 3 meses… así que, hablando mal, caso aislado los cojones.

En resumidas cuentas, parece que los propietarios prefieren alquilar sus plazas de garaje y que roben a otros que aflojar la billetera para pagar por la instalación de cámaras de seguridad o por un vigilante aunque fuera nocturno de ocho horas; pese a la sospecha generalizada de que el ladrón o los ladrones tienen llave y entran y salen del garaje como Pedro por su casa. Incluso dimos con el que había sido el presidente de la comunidad de garajes hasta mayo y tuvo las narices de poner excusas, en especial cuando le preguntamos cómo era posible que no hubiera ni siquiera ningún tipo de seguro antirrobo por parte de la administración del garaje.

No obstante, el tema del seguro del garaje no era tan relevante considerando que los propietarios del coche lo tenían cubierto con un seguro a todo riesgo de Mapfre… o eso se suponía. Los pobres propietarios del coche supieron que la cosa se iba a complicar de verdad cuando la grúa no fue capaz de sacar el vehículo de la cochera porque no tenía ni siquiera ruedas provisionales que pudieran calzar a un vehículo que normalmente usa una llanta del 22.

Un dato para los que seáis como yo ( ignorantes de los coches): los neumáticos que usa ese vehículo son de cinco pistas. ¿A que esto ayuda a hacerse una imagen mental del problema?…

Continuará

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De Oporto a comisaría

¡Hola, coliflores!

Hoy me dispongo a contar una historia que empezó con un regalo y acabó en comisaría.

El regalo era para una amiga que se acaba de soltar un lastre muy importante en su vida y, digamos, lo merece.

El caso es que me puse de acuerdo con otra amiga común para prepararle conjuntamente un viaje de 2 días a Oporto. Previamente sería necesario engañar a la muchacha para traerla a Madrid, desde donde cogeríamos el avión.

El primer día nos divertimos mucho. Tuvo su limpieza de cutis, su restaurante y una dosis de diversión que no esperaba en una «Escape room», experiencia que recomiendo muy encarecidamente.

El segundo día comenzó en un avión. Oporto es una ciudad con encanto que merece ser visitada, contemplada, comida y bebida. ¡Hay más de cuarenta formas de comer bacalao y tantos o más vinos para elegir!

Además, Oporto es una ciudad idónea para la gente que como yo se comunica en español y en un inglés muy básico. Al final un día te descubres chapurreando en tres idiomas a la vez… y haciendo amigas de Brasil que coinciden contigo en el metro y con las que acabas intercambiando teléfonos (je je). También hay que tener en cuenta que los portugueses por lo general son personas verdaderamente amables.

No hay problema en usar el transporte público, los precios de las cosas son algo más baratos que en España, lo único malo son las cuestas y los adoquines.

Recomiendo visitar la librería Lello ( ojo, las colas son terribles y hay que guardar las pertenencias en una taquilla), la estación de Sao Bento, el Ayuntamiento, el mirador de la catedral, la Torre de los Clérigos y la calle de las flores. Además, hacer algún recorrido en barca por el Duero es obligatorio o debería serlo.

Todo iba bien hasta que la fatalidad empezó a cruzarse en nuestro camino (¿recordáis el «factor Silvia», lectores veteranos?). Y eso sucedió en el aeropuerto.

Como en el viaje de ida casi no embarcamos por culpa de un momento All Bran que duró demasiado, decidimos tomarnos el viaje de vuelta con tiempo, algo así como unas 5 horas antes del momento del embarque.

Primer microinfarto: vamos a pasar el control y no encuentro los líquidos de mi equipaje. Los di por olvidados en el baño del hotel. Pensé que, total, si había líquidos, ya me harían abrir la maleta. Un gel de 150 ml y pasta dental son dos artículos verdaderamente terribles.

Pero mi maleta, al igual que todas las demás, pasó dos veces el escáner y vi alguna que lo pasó tres veces.

Fue una risa (o quizá no) descubrir estos productos en mi maleta una vez que pude deshacerla en Madrid.

El segundo microinfarto ocurrió en la cola para embarcar. De pronto el avión no llegaba, aunque en ningún momento había aparecido el «Delayed» en la pantalla. El retraso fue de cerca de un par de horas y Ryanair no nos debe dinero por apenas cuarenta minutos.

Preguntando, supimos que el avión que debía llegar a Oporto desde Madrid había salido de Londres y que, precisamente en el aeropuerto de Londres, hubo restricciones en el tráfico aéreo, con lo cual hubieran podido avisarnos literalmente desde el principio.

Mi amiga, la del regalo (que era su primera vez en un avión) supo que ansiedad es cuando la gente pasa de hacer fila de pie a sentarse y desesperación, cuando la gente pasa de estar sentada a tumbada.

No obstante, al final subimos y nos quitaron el equipaje, pues últimamente Ryanair, además de cobrar un recargo por sentarte cerca de quienes quieres, te quita el equipaje de mano (aunque cumpla con las medidas) para tratarlo como si fuera equipaje facturado, es decir, para hacerte esperar más para irte con la esperanza de que, la próxima vez que viajes, accedas a pagar el correspondiente recargo.

Al salir del aeropuerto nos esperaba Noel, que corrió todo lo posible para poder pillar cuatro hamburguesas con sus correspondientes refrescos en el Mac Auto, que a las dos cierra. El hecho es que las pedimos y la dependienta, cerrándonos la ventanilla en las narices, nos largó una bolsa bien hermosa en la que sólo encontramos cuatro tristes Coca Colas una vez que miramos su contenido en mi casa… y ya, como imaginaréis, era demasiado tarde para reclamar.

Menos mal que esta buena gente días atrás trajo una ensaimada tamaño rueda de carro que nos resolvió la papeleta.

Pensaréis que por aquí termina la historia, pero lo leído no es más que la introducción (sí, los resúmenes siguen siendo mi fuerte). La verdadera historia comienza cuando, al día siguiente, llevo a estos amigos (las dos amigas y el marido de una de ellas) a la plaza de garaje que tenemos alquilada, les habíamos prestado y en la que no nos había sucedido nada en tres años y nos encontramos con la escena: el coche sin ruedas, apenas sostenido por cuatro extintores.

Continuará….

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¡Hola a todos!

¡Hola, cocodrilos!

A lo tonto ya ha pasado medio año y yo he incumplido una promesa, porque no realicé ninguna actualización en el mes de mayo. Va siendo hora de cambiar esto y contaros algunas novedades:

  1. No recuerdo si esto lo conté, pero… ¡me compré un coche! aunque definitivamente no me voy a animar a pasearlo fuera de la “ciudad dormitorio” en la que vivo hasta que llegue el verano y Madrid quede sin gente.
  2. ¡He obtenido el nivel C en una prueba de inglés! Pretendía conseguir el B2, pero puntué por encima. De todos modos, quiero realizar una variante  de esa prueba  que sirve para discriminar si se tiene un C1 o un C2 y, sobre todo, es la más útil a la hora de contabilizar los méritos en la Comunidad de Madrid.
  3. ¡Logré superar el examen de quinto grado de Wing Tsun! Ahora, como alumna de sexto, tengo derecho a utilizar la camiseta de manga negra, pero vaya, si llevo dos años estudiando este arte marcial, tendría al menos que duplicar el tiempo que llevo para poder afirmar que tengo un nivel respetable de este arte marcial. No pasa nada, no hay ninguna prisa. La idea no es convertirse en una máquina de matar, sino cuidarse y divertirse. Si es importante para mí es porque si esto me lo hubieran contado hace tres años (que tendría el equivalente al cinturón naranja- verde en un arte marcial) no me lo hubiera creído.
  4. ¡Me renovaron en el colegio! Tenía la duda de si cambiaría o no de centro en el tercer trimestre, pero al final voy a permanecer en este mismo colegio hasta final del curso. ¡Y yo encantada! Es en el colegio en el que me he sentido más acogida desde que comenzó mi trayectoria de interina. De hecho, ojalá pudiera regresar a él el curso que viene, pero tendrían que alinearse como mínimo un par de astros para conseguir eso. PD: la otra novedad interesante es que, por haber encadenado más de siete meses consecutivos, voy a tener derecho al cobro de la paga de verano. PD2: Recuerden, señoras y señores, que los interinos en verano también comemos.
  5. ¡Ya tengo destino para mis vacaciones! ¡Me voy a Rusia! Moscú, San Petesburgo, Ekaterimburgo… ¡qué ganas!
  6. Próximamente voy a ir a una “Escape Room”. No es la novedad más importante del mundo, pero me parece una actividad interesante que me apetece probar.
  7. Lo mismo aplica a “Jessica Jones”. Llevo un mes de culturización en universo Marvel: Iron Fist, Jessica Jones, Luke Cage, Iron Man, Deadpool… no he leído ninguno de los cómics, pero la única manera de disfrutar de ciertos estrenos (películas, series) es irse familiarizando gradualmente con el universo. De momento, mi favorita es Jessica Jones, aunque tampoco lo pasé mal con la primera de Iron Man. Pregunta al aire: ¿alguien más que haya encontrado un parecido razonable entre el protagonista de Iron Man y el jefe de “Gas Monkey”? (programa- vicio que emite DMAX).
  8. ¡He logrado mantener el orden físico después de la aplicación del sistema de Marie Kondo! Lo de mantener el orden mental mediante el uso de la agenda me está costando más, pero sigo buscando la fórmula.
  9. La literatura sigue parada, aunque de vez en cuando me arranco con algún poemilla. A ver si logro revertir la tendencia en la segunda mitad del año.
  10. Una persona allegada ha empezado a vivir en Madrid. Esto, en cierto modo, contribuye a mi desarraigo de mi tierra natal, pero sigo luchando por frecuentar mis raíces. Todavía hay gente que me importa en mi tierra natal.

Sé que no es la mejor de mis entradas (quizás las mejores entradas sean ya pasado) pero quería seguir dando señales de vida. Al fin y al cabo, escribir esta entrada me permite seguir cuidando uno de los espacios virtuales más importantes para mí.

¡Abrazos!

 

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Protegido: Mi reconciliación con las tareas domésticas

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