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Publicado en Genérico

Resumen de mi viaje a Tailandia (4)

Día 11:  Excursión guiada al Templo Blanco y al Triángulo Dorado.

Km recorridos: en coche unos cuantos, a pie “cerete”.

Monzón: justo al volver al hotel, de noche, así que volvimos a librarnos.

Hitos: 

  • Visitamos unos manantiales de agua caliente (hotsprings) en los que cuentan que es posible cocer un huevo. Nosotros eso no lo hicimos, pero sí lo de mojarnos los pies, que es lo que hacían locales y extranjeros.
  • Luego fuimos al Templo Blanco. Se trata de un templo budista a medio acabar que el constructor está haciendo enteramente a su capricho, como único socio capitalista. De hecho, no acepta grandes donaciones particulares. Hay que tener en cuenta que en los exteriores del Templo hay incluso un museo en el que se exponen las obras artísticas del constructor. El Templo merece la visita: desde el exterior es blanco casi en su totalidad (cosa que no ocurre con los otros templos budistas), que los baños sean dorados (para indicar que lo importante es el interior), que haya tantas llaves “colgando por ahí” y, sobre todo, las representaciones icónicas del interior del Templo, que son las que lo han hecho famoso. Dentro os podéis encontrar a Bush, Bin Laden, las Torres Gemelas, Pikachu, Batman, Sailor Moon, los Angry Birds… por lo que nos explicaron, es un modo de explicar que ni los superhéroes de las películas nos pueden salvar del infierno. Matizo: Por cómo estaban representados, Bush y Bin Laden están ya ahí (con independencia de que Bush esté vivo).
  • Después nos fuimos a “No man’s land” (Triángulo dorado), la zona que se encuentra entre Tailandia, Laos y Birmania. Antiguamente era una zona alegal en donde era muy fácil asesinar sin ser juzgado o ejercer de traficante, pero lograron convertir aquello en una zona turística muy vigilada para evitar tales tentaciones. Desde ahí, entramos en Laos (donde Noel bebió un chupito de escorpión; también le ofrecieron de cobra y de geko y acabó comprando la botella del licor de cobra) y después partimos hacia la frontera con Birmania.
  • También nos llevaron a la versión turística del pueblo de las mujeres- jirafa. Para quien no sepáis quiénes son, se trata de una tribu en la que alargan los cuellos de las chicas insertándoles gradualmente anillos desde la infancia, llegando a un punto en el que, si se los quitaran, acabarían con el cuello partido. Hablo de una “versión turística” porque realmente no viven en la zona que se visita. Nosotros igualmente nos negamos a entrar, ya que no queremos fomentar con el turismo que esa práctica se perpetúe.
  • El día del viaje a Krabi, antes de coger el vuelo, visitamos un templo de Chiang Mai en el que había una zona en la que no podían entrar las mujeres. Ni él ni yo entramos. Lo comento porque más gente puede verse en esa situación. En los templos es importante: a) no entrar donde no te dejan, b) no enseñar muchas piernas ni mucho escote (por eso hay en los mismos templos vendedores que te ofrecen pañolones para taparse), c) no tocarle a nadie la cabeza (ni en los templos ni en ninguna parte, es ofensivo),  d) no señalar a nadie con los pies y e) quitarte los zapatos cuando te lo manden. En esas situaciones o bien te encuentras con unos estantes para depositarlos o bien te dan una bolsita para llevarlos.
  • Lo mejor: en el tour  ofrecen la posibilidad de que te pongan en el pasaporte un sello del “Triángulo Dorado”, para que conste que has pasado por las fronteras. Por supuesto, Noel y yo pagamos por nuestros respectivos sellos. Es una tontería, pero nos gusta.
  • Para reflexionar: nuestra guía, que pertenecía a ese 1% de población que es cristiana y puede beber alcohol nos contó que en Tailandia la población es en su mayoría budista, pero luego cuentan también con hindúes y musulmanes. Lo mejor: no hay conflictos religiosos, viven en perfecta armonía.

Choques culturales/ anécdotas:

  • Primer despiste: tuve que comprar dos veces las entradas al Templo Blanco. La primera vez me las dejé olvidadas en el muy distractor baño dorado.
  • Segundo despiste: bien pude autoenvenenarme. Tras diez días cumpliendo escrupulosamente las instrucciones sanitarias que se recomiendan (no beber agua que no esté embotellada, no aceptar hielo en la bebida, no tomar helados, no consumir fruta local, alimentos muy bien cocinados…) por pura inercia me bebí un vaso de agua con hielo de origen desconocido que me sirvieron en el restaurante al que nos llevó la guía a comer. Para colmo, cuando Noel me miró espantado y me hizo LA PREGUNTA (¿¿Te has bebido el agua??) mi respuesta fue un espontáneo: “¡Y qué bien entró! ¡Qué fresquita estaba!”. Tardé un par de segundos en darme cuenta de la que había liado y, como apenas soy hipocondriaca (mode ironic on) ya me veía haciendo testamento… aunque la pobre guía, cuando le pregunté, me contó que era agua que guardaban en unos bidones pero que procedían del “Seven Eleven” (cadena de supermercados muy socorrida).
  • Podría hablar de que casi me “escogorcio” en el embarcadero (llegamos a Laos en barco) pero comparado con lo del agua es lo de menos.

Días 12, 13 y 14: Krabi.

Km recorridos: playa, sol y paseos. Kilómetros pocos.

Monzón: un par de ratos, pero bastó con ponerse bajo techo hasta que se cortó, por aquello de que se trata de lluvia intensa de corta duración.

Hitos:

  • Me cargué unos pantalones- elefante subiendo en barca. Hay que tener en cuenta que, aunque las playas de Krabi son espectaculares (se trata de playas de agua clara pero rodeadas por la selva) hay mucho negocio por parte de quienes llevan a los turistas en barcas de diversas calidades a diferentes playas, ya sea a modo de autobús o en plan circuito. De hech0, algunas islas son especialmente visitadas por haber sido escenarios de películas. En consecuencia, me tocó subir en barca y, muy mal acostumbrada a los embarcaderos como estructura, supe demasiado tarde que aquí se salta al barco desde el agua. Los pantalones- elefante, el uniforme del turista de corte hippie, tienen muy poca resistencia en la entrepierna y con muy poco esfuerzo acabaron rajados de arriba a abajo. Para colmo, cuando llegué a la playa se me rompió la parte de arriba del bikini y… Tailandia no parece una zona en la que sea buena idea atreverse a hacer topless. Además, el problema de las “islas desiertas” de Tailandia es que sólo son desiertas para lo que a ellos les interesa: en el lugar más remoto tienen un par de chiringuitos porque rincones de soledad no encuentras muchos (aunque tampoco llegan a estar masificadas) pero… ni una triste tienda de bikinis en aquella playa; tremenda falta de previsión considerando que para volver al pueblo había que volver en barca. No creo que haya sido la primera turista de la historia en tener un percance de este tipo. PD: aunque me encantaron, pese a los accidentes, yo, como almeriense que soy, estoy muy acostumbrada a playas de alta calidad. Quizá por eso esta fue la parte que menos me entusiasmó del viaje: aquella zona pierde autenticidad en detrimento de la adaptación al turista. Además, le tengo algo de manía a los lugares con mucho cambio de mareas… me resulta incómodo para el baño, no puedo evitarlo.
  • Noel tocó a un mono. Hay en Krabi una playa a la que se puede llegar cruzando una parte de parque natural a través de un puente (aunque, en función de la marea, también se puede llegar andando). Ojo, no es un puente apto para aprensivos: hace ruidos, no parece muy sólido, tiene tramos de escaleras, los escalones parecen a punto de soltarse, las barandas tampoco inspiran confianza… y (esto ya es bueno o malo según el punto de vista) llega un momento en el que estás caminando entre los árboles, rodeado de monos. De hecho, hubo un momento en el que yo me di la vuelta, pero Noel (al día siguiente) continuó por su cuenta y, viendo que tenía a un mono de espaldas, aprovechó para tocarlo levemente. ¡Y tan feliz! No tanto como cuando besó al elefante, pero casi.
  • Decidimos acabar de saltarnos las normas sanitarias. Ya que yo había sobrevivido a mi “autoenvenenamiento” decidimos soltar nuestros feos instintos y disfrutar de la estupenda fruta que hay en aquellas tierras, especialmente de aquellas que no existen en España, como la “fruta dragón”. Eso sí, no llegamos a probar el Durian, que tiene fama de oler fatal, se vende en muchos puestos callejeros (no hay que comprar nada de puestos callejeros) y está prohibida en bastantes hoteles o, al menos, eso nos comentó una chica con la que coincidimos el día que fuimos al Templo Blanco. Nuestro razonamiento fue el siguiente: “ya que estamos a punto de irnos y los días que nos quedan son de estar en la playa, si nos da el cagarro nos da igual, hemos venido a jugar”. He de admitir que sí, que algo lo notó nuestra digestión en aquellos días, pero tampoco fue un drama.

Anécdotas:

  • Es increíble lo pesadas que son las masajistas allí. Vamos a aclarar algo: ahí culturalmente la forma de vender es agresiva. La gente te sale al paso en la calle y pueden llegar a insistir bastante, porque además acostumbran a regatear, como creo haber comentado. Lo que sucede es que el masaje tailandés es una de las actividades favoritas de los turistas, en todas las ciudades a las que hemos ido te lo ofrecían, pero con la concentración tan grande de turistas que hay en Krabi, te encontrabas en el paseo marítimo dos o tres masajistas cada pocos metros. Por cierto, he de decir que el día de los elefantes, que acabé con una contractura en una pierna, acabé probando el masaje tailandés. A mí, que soy muy de tensiones musculares, me dolió como si me dieran una paliza (no es un masaje relajante, te estiran y golpean bien) pero sí que noté alivio, aunque la contractura de la pierna no desapareció totalmente hasta 3-4 semanas más tarde.
  • Otros que son muy pesados (además de los conductores de tuc tuc) son los vendedores de trajes. Es además un fenómeno que no entiendo. Si hay tantos vendedores de trajes, debe ser que hay gente que los compra, pero… ¿de verdad hay turistas en Tailandia que se dedican a comprar trajes? ¿PARA QUE?. De hecho, había camisetas en las que se podía leer (en inglés): “No quiero ni un tuc- tuc, ni un masaje ni ese estúpido traje”. Humor no les falta. Es más, luego es gente muy agradable.
  • Por las noches el paseo marítimo se llenaba también de Lady- boys. Un término  despectivo para referirse a las mujeres transexuales allí, lo sé, pero así es como son conocidas. Van vestidas en plan espectacular, casi de princesas Disney (pero con tremendas plataformas) son muy muy guapas (dicen que los mejores especialistas en cambio de sexo se encuentran ahí) y reparten folletos invitando a asistir espectáculos en los que hacen de animadoras. Como no asistimos, no puedo comentar más sobre los espectáculos, pero imagino que serán semejantes a lo que sucede en España.
  • Como curiosidad: el lugar en el que encontramos más musulmanes fue Krabi. El resto del viaje casi ni les veíamos. Me gustó ver que las mujeres musulmanas, aunque llevaran velo, trabajaban en todas partes: hoteles, restaurantes, puestos turísticos, conductoras…
  • El hotel de Krabi fue el único que pedimos en plan cómodo, por lo que también hicimos uso de la piscina (¡jamás habíamos ido antes a un hotel con piscina!). En lo único en lo que se notaba que no es primer mundo es en la ausencia total de ascensores (eso sucedió en casi todos los hoteles, salvo el último, el del hotel que pillamos en Bangkok antes de volar a Madrid).
  • Por otro lado, si en Tailandia se come genial, en Krabi ya es espectacular. Los mejores calamares de mi vida los he tomado ahí. Y no os digo nada del hojaldre de nutella con plátano frito… a ver si me leo el libro de comida tailandesa que Noel encontró y aprendo a preparar alguna de esas cosas ricas, porque las recetas tailandesas ya me están dando mucha morriña (¡necesito un Pad Thai!).
  • Finalmente, da qué pensar que la playa de Krabi en la que estuve fue la más dañada por el tsunami de hace catorce años. A lo largo de la playa hay algunos carteles conmemorativos. No es sólo toda la gente que murió (en torno a 20.000 personas), el nivel tan grande de destrucción que debieron afrontar, sino cómo han sido capaces de reconstruir Krabi en su totalidad. Nadie que no sepa lo que sucedió podría imaginarlo viendo en qué condiciones tan estupendas se encuentra ahora. Eso sí, todos los edificios nuevos…

Próximamente… EL RETORNO a España 🙂

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Informe del estado de la nación

¡Hola a todos!

Aquellos que me aprecian y aún me leen merecíais leer esta nota.

Pese a que los resultados de las oposiciones no fueron los deseados y a que he sufrido una rebaremación, el lunes he sido convocada por la DAT este para que se me asigne un centro educativo. ¡Vuelvo a las aulas! ¡Y en septiembre! Eso ha sido una gran alegría.

Próximamente os contaré más, aunque no mucho, ya que no daré datos que permitan ubicar el centro. Sí os diré que después de haber enseñado Valores Sociales y Cívicos en un centro de la sierra norte de Madrid de haber impartido clases de Lengua Castellana y Matemáticas en un instituto cercano a mi casa, lo que me apetece es tener una tutoría de Primaria, que es lo mío, pero haremos lo que la Administración me pida, como sabéis.

Por otro lado, a menos que el horario se me complique demasiado, en octubre empiezo con la Escuela Oficial de Idiomas.

En fin ¡la vida sigue! Con suerte, trabajo dos cursos más antes de jugármela de nuevo con otra oposición. Mientras tanto, disfrutaré del “año de vivir” que siempre sucede al “año de no vivir”.

Un abrazo a todos aquellos que se alegran por mí.

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Resumen de mi viaje a Tailandia (3)

Día 8: Las ruinas de Sukhotai

Lugares visitados: se fue todo el día en ver las ruinas, pero es que en esas ruinas hay mucho que ver. Son semejantes a las de Ayutthaya, pero más espectaculares en lo que se refiere a belleza monumental. Ahora bien, mientras que las de Ayutthaya daban una sensación de autenticidad inimitable por encontrarse en medio de la selva, estas han sido más acondicionadas para el turista y están rodeadas por un enorme jardín con diversos servicios. Salvando las distancias, la sensación era casi de haber mezclado Ayutthaya con el Retiro. Mucha gente aprovechaba la oportunidad para recorrer el complejo en bicicleta, pero a mí ver ruinas en algo más semejante a su entorno natural me resultó mucho más impactante. Es todo un debate entre los del “equipo Ayutthaya” y los del “equipo Sukhotai”, para que me entendáis; aunque creo que ambas son de visita obligatoria.

Kilómetros recorridos a pie: 6km. Hubieran podido ser bastantes más, pero nos sorprendió el monzón y eso nos obligó a recorrer un tramo con la ayuda del inevitable tuc-tuc, aunque en realidad todo empezó porque yo me vi agotada, decidimos subir al tuc-tuc y, justo en ese momento, comenzó a llover como si no hubiera mañana; por lo que, en dos días de monzón, nos habíamos mojado cero veces. Recordad que el monzón es intenso, pero bastante breve.

Anécdotas: Para mí el mayor choque cultural de ese día fue el autobús regular. Nosotros nos alojamos en la parte moderna de la ciudad, así que tuvimos que subirnos al autobús urbano para acercanos al complejo de las ruinas. No obstante, me estoy refiriendo al autobús con ese nombre atendiendo a su función, no a su apariencia. Para que os hagáis una idea, imaginad una camioneta pick up a la que se le ha añadido en la parte normalmente destinada a la carga una estructura de madera que la cubre, a excepción de la parte trasera, que tiene unos escalones que te permiten entrar y un par de barras metálicas verticales. Una vez que entras, ves tres bancos alargados (dos en los extremos, uno en el centro) que son donde se sientan los pasajeros. La estructura de madera cuenta con ventanas sin cristal para que circule el aire, y unas cortinillas que las puedes quitar o poner para protegerte de la lluvia. También cuenta con unos timbres dispuestos en el techo para que los pasajeros puedan solicitar la parada.  Evidentemente, el vehículo tiene más años que la tana, un olor sospechoso y, por supuesto, no pasaría la ITV… aunque, ya lo que nos dejó muertos del todo fue, durante el trayecto de vuelta a la ciudad, fue ver a un grupo de escolares subirse a él desafiando las leyes de la física. Pista: como no todos los estudiantes cabían dentro del “autobús” hubo dos o tres de ellos que decidieron viajar colgados de las barras verticales situadas en la parte trasera del vehículo, es decir, físicamente expuestos a haberse caído, a que otro vehículo les diera un golpe, etc. Eso sí, dichos estudiantes (que debían tener trece o catorce años) tenían todos teléfono móvil.

Otra de programación televisiva. Como no nos dio tiempo a continuar viendo “Pasión de Ramayanes” (ver entrada anterior) nos pudimos a ver “Hatim” (adjunto enlace), muy impactante también, sobre todo por las dotes interpretativas de los actores, aunque no tan traumática estéticamente como la otra. Igualmente, echadle un ojo al enlace.

Días 9: Llegada a Chiang Mai (combate de Muay Thai).

Monzón: ¡Sí!

Distancia “pateada”: 2km; la mitad recorriendo una misma calle hacia arriba y hacia abajo, haciendo tiempo para el combate.

Horas de autobús: siete, que se hicieron insoportables.

Anécdotas y choques culturales: el bus estaba absolutamente lleno de españoles. El modo de averiguarlo fue muy épico: una chica catalana estaba triste porque le tocaba sentarse separada de su amiga y, creyendo que no la entendía nadie, empezó a quejarse de la situación en voz alta, ya que “el autobús está lleno de guiris” (estrictamente cierto; pero tan odguiris como ella misma). A partir de ese momento, entre risas, todos comenzamos a identificarnos como españoles hasta demostrarle que estaba rodeada.

Por lo demás, durante las paradas descubrimos dos cosas: 1) El eslabón perdido entre los caramelos y las gominolas, una textura demasiado moderna para mí, y 2) Que las grandes compañías de cerveza (Shingha y Chan) también son marcas de agua mineral. Imaginad que San Miguel y Cruzcampo produjeran cerveza y agua. Tiene su gracia.

Sobre Chiang Mai: como casi todas las ciudades que visitamos, a excepción de Bangkok y de las aldeas de la selva profunda, se trata de un lugar que, si no cuenta como primer mundo, está cerca. Se ve que la gente tiene cierta calidad de vida. No es un lugar con grandes puntos para visitar, pero es un lugar que se ha hecho conocido por todas las excursiones y actividades que ofrece, lo que convierte a Chiang Mai en un lugar idóneo para tenerdiversas experiencias y muy turístico.

Ya que el primer día habíamos llegado agotados del viaje en autobús, decidimos invertir la tarde- noche en una de esas actividades: presenciar un combate de Muay Thai.

El combate de Muay Tai, tal y como se prepara en Chiang May, es en parte un circo para turistas, pero sin perder la esencia (se pegan de verdad, no es una interpetación, y hay turistas pero también locales). Es algo duro presenciar combates infantiles (vimos gente de todas las edades y categorías, desde crías de 12 años en adelante) hasta que se cae en la cuenta de lo violentos que son los partidos de fútbol infantiles en España. Al final se trata de choques culturales. Quitando este choque, el combate me resultó interesante; el llevar un año en Wing Tsun me ha hecho capaz de apreciar ciertos detalles técnicos de los combates. No es que me vaya a aficionar ahora a verlos, pero me siento más capaz de entender un combate que un partido de fútbol. Además, el Muay es el deporte nacional y es interesante ver cómo lo viven, qué ambiente se crea, qué ritos y supersticiones tienen antes de empezar (comienzan espantando a los malos espíritus…) y qué respeto se muestran los contrincantes cuando terminan, llegando a arrodillarse ante quien lo ha hecho mejor antes del veredicto de los jueces… de hecho, en uno de los combates, se arrodillaron los dos ante el contrincante, ya que era dudoso quién sería el ganador. Ahora intentemos pedir, si veis que tal, a los futbolistas de un equipo que haya perdido que se arrodillen ante los ganadores y que les den un abrazo a continuación…

Día 10: Visita al santuario de elefantes.

Kilómetros recorridos: 3, pero muy jodidos.

Monzón: Sí. Nos pilló comiendo, bajo techo, pero la consecuencia fue que el suelo estaba resbaloso.

Descripción: decidimos ir al santuario porque ambos somos contrarios a que se explote a los elefantes, el adiestramiento es violento y acaban traumatizados. En el santuario los rehabilitan gradualmente para devolverlos a la selva. Eso sí, están en un lugar aislado de la civilización, por lo que lo primero es subir en una “pick up” customizada de las muy infames, con todo el mareo consiguiente. De hecho, íbamos inicialmente con otros dos españoles y uno de ellos tuvo que parar a vomitar, pues se le juntaron las malas carreteras, las curvas, el vehículo y la conducción brusca típica tailandesa. Cuando se llega, te invitan a comer en la selva, por cierto, todo riquísimo, aunque siguiendo las instrucciones que da Sanidad, mal que nos pese: no beber agua del grifo, no usar hielos y no comer fruta, por lo que no probamos frutos exóticos con un aspecto demencial.  Después de comer se llevaron a cabo varias actividades:

  • Charla inicial. Conocemos a los elefantes. Les damos de comer plátanos.
  • Aprendemos a preparar un laxante natural para elefantes. Se los damos.
  • Dimos a los elefantes un baño de barro en un lozadal.
  • Paralelamente, nos enseñaron cómo hacer un cigarro con una hoja bananera y una cáscara de fruta rallada mezclada con el tabaco para suplir la inexistencia de filtro.
  • Nos bañamos con los elefantes en el río. Eso supuso ir caminando-patinando ladera arriba y abajo por causa de la superficie irregular, con bastantes piedras, y de la lluvia que había caído mientras comíamos. También pasamos un puente de estabilidad dudosa y cruzamos un río caminand sobre sus piedras, lo que hace obligatorio llevar escarpines/ cangrejeras para hacer esa ruta. Llegó un punto en el que cada vez que el guía anunciaba que tuviéramos cuidado, que el suelo resbalaba, me echaba a temblar.
  • Visitamos una cascada y nos bañamos en ella.
  • Logramos salir de una pieza sin usar un helicóptero. Creedme, pasé buena parte del camino creyendo que me iba a despeñar y preguntándome cómo nos sacarían de allí si alguno de nosotros tenía una caída chunga… casi todo el mundo tuvo caídas más o menos aparatosas.

He de decir que lo pasé bastante mal. Soy bastante patosa y tengo mucho miedo a las caídas; y eso que tuve la suerte de encontrar un palo recio que me fue verdaderamente útil para apoyarme (me atrevería a recomendar un cayado, vista la experiencia). No obstante, la de los elefantes ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida… y de la de Noel, que salió encantado por haber besado a un elefante. Por cierto, son listísimos. Los más jóvenes parecían reír y jugaban con nosotros y uno de ellos, uno algo mayor y muy grande con el que estuvimos mucho, nos levantó la trompa a modo de despedida antes de marchar.

Realmente me fascinan. Fue EL MOMENTAZO del viaje, a pesar del sufrimiento.

¡Próximamente más! Aún quedan cinco días por contar.

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Resumen viaje a Tailandia (2)

Día 5 (continuación):

Por la noche nos pusimos a turistear por la caótica calle Khaosan, que se encontraba muy cerca de nuestro alojamiento. Comenzamos bebiendo Shingha y Noel se vino arriba, por lo que merece un apartado contando todas las cosas que hizo o intentó hacer ese día:

  • Comprar como guiri borracho de Shingha (bueno, eso ambos).
  • Casi se hace un tatuaje de henna.
  • Casi se toma un pincho moruno de escorpión… e insistió mucho.
  • Logró sacar dinero de un cajero tailandés.
  • Compró el típico gorro de la mujer- rana (una mujer de no sé qué tribu que va vendiendo ranas de madera que croan).
  • En suma, destiló magia, casi tanta como el karaoke maravilloso que presenciamos. Imaginad: está el sujeto que canta bien y al que la gente le pide bises y, tristemente, está el amigo henchido de orgullo y cerveza que intenta lo mismo y se enfenta a un chasco inolvidable.

PD (sobre la cerveza): Es un país esencialmente budista. Los budistas en principio tienen prohibido beber alcohol y, en general, consumir cualquier sustancia que les nuble el juicio. No obstante, conviven en Tailandia con un porcentaje de hindúes (no sé si esos podrán beber), de musulmanes (que tampoco pueden beber) y de cristianos, que han de beber por todos los, puesto que los garitos están llenos y no sólo de turistas. Como días después me dijo una guía cristiana que tuve en una excursión “nosotros no tenemos problema: nuestro Dios convirtió el agua en vino”. Además, disponen de una notable carta de cervezas, aunque hay dos que compiten: Shingha y Chan (que significa “elefante” en tailandés; el elefante es el símbolo del país). Como curiosidad, me encontré en Bangkok con lugares en los que servían San Miguel, aunque, qué queréis que os diga, no me voy a Tailandia a beber cerveza española.

Día 6:

Lugares visitados: trayecto en tren de Bangkok  a Ayutthaya y ruinas de Ayutthaya. Ya dentro de Ayutthaya vimos el complejo de templos. Se trata de una ciudad que en su día albergó a un millón de habitantes. Ahora tiene unos 60.000.

Resumen de distancias hasta el momento:

  • Día 2:5 km.
  • Día 3: 12 km, con escarpines.
  • Día 4:0 km (río “guay”).
  • Día 5: 12 km.
  • Día 6: 14 km,pero seguidos, como los campeones.

Anécdotas:

  • Es preciso adaptarse a que en coches y trenes hay ventiladores en el techo.
  • En ese tren las ventanas se abrían y cerraban a tortazos.
  • En los baños de la estación de tren había una máquina con un muñequito de un señor con turbante barbudo. La gente mete dinero y saca papelitos. Considerando el aspecto del barbudo, debe dar algo así como profecías prefabricadas. Ya las profecías no son lo que eran.
  • También en los baños te recomiendan usar el agua sabiamente por el honor de tu país. Hala.
  • Sin embargo, lo que más me impresionó de los baños fue ver las instrucciones de cómo usarlos y, lo más importante: cómo no usarlos. Eran tan claras, incluyendo dibujos, que me di cuenta de mi tremendo error usando baños tailandeses. Ellos tienden a ponerse en cuclillas sobre los baños occidentales porque esa es la postura para usar sus aseos típicos, aún muy presentes en muchos lugares. Yo he de confesar que hice la estupidez inversa en alguna ocasión: usar, como buenamente pude, un urinario tailandés (casi un agujero en el suelo con plataformas para poner los pies) del modo más occidental que pude. Pocas veces me he sentido tan estúpida como con este error,así que, niños, niñas, no orinéis sentados en los baños tailandeses POR FAVOR, que acabas apoyando las nalgas donde ellos ponen los pies. DE NADA.
  • De la estación al hotel fuimos en Tuc- Tuc.  Era tan espectacular vernos en Tuc-Tuc, con sus luces, espacios reducidos y conducción temeraria, con tres maletas que juraría que incluso un monje budista nos sacó una foto.
  • La selva de Ayutthaya parece sacada de un videojuego. Es muy auténtico visitar las ruínas paseando por la selva, es parte de la experiencia. Nosotros podemos presumir de haber visto ese día a un monitor (un primo del dragón de Komodo) a muy poca distancia de nosotros.

Observaciones:

  • El típico desayuno tailandés es sopa.  Está buena, pero no me pega nada para desayunar.
  • Vimos un árbol vestido de mujer, pero nunca entendimos por qué.
  • La Fanta rosa ( de fresa)es la favorita del Buda: se la sirven en todos los altares de los bares.
  • He visto tablones de estabilidad dudosa haciendo de puentes en esa selva (por cierto, el único lugar donde encontré gente que no sabía inglés) pero llega el Internet a treinta megas.

Día 7:

Lugares visitados: Viaje (infame) a Sukhotai en autobús de seis horas de duración.

Distancia recorrida a pie: poquico.

Hitos: prácticamente nos pasamos el día llegando. Una vez ahí, comimos, descansamos, dimos un paseo… ¡y al sobre!.

Anécdotas:

  • Es más cómodo este autobús que el tren (aunque la estación de bus tiene más pinta de descampado que de estación) pero no debes sentarte bajo la trampilla de emergencia cuando llueve. Y ese día me llovió. Fue el primer día de Monzón. Duró poco, aunque fue intenso, y al pillarnos en el autobús, no nos complicó el día.
  • También hay aquí Fanta Verde (la bebida insignia del viaje), la Mirinda (esa está en todas partes) y las Oreo rellenas con té verde (fijación tienen ahí con el té verde).
  • Lo más divertido es que tuvimos ocasión de disfrutar de la programación televisiva tailandesa. Ver “Ramayán” (en perfecto tailandés) o, a mi modo de ver, “Pasión de Ramayanes” fue un descubrimiento. Entendedme: sé que es una adaptación en forma de serie de la mitología hindú,  pero su estética me impactó sobremanera.

Os pongo un capítulo, dadle unos minutos… ¡las imágenes y el sonido son esenciales!

Lo siento, pero ¡qué pechá de reír me dí!

Como esto es insuperable, aquí acabo la entrada. ¡Ya vamos por la mitad del viaje!

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Resumen del viaje a Tailandia

¡Hola! ¿Qué tal el verano?

Voy a intentar redimirme y contar aunque sea superficialmente algo de mis vacaciones este año. Quizá a alguien le sea útil saber ciertas cosas antes de organizar su viaje a Tailandia.

Día 1:  Vuelo.

  • Vuelo de Madrid a Oslo con Norwegian.
  • Vuelo de Oslo a Bangkok con Norwegian.
  • Observaciones: no tengo edad para dormir en los aviones. Entre el vuelo y las esperas, prácticamente este día se fue en viajar. Eso sí, el servicio que da esta compañía me parece mejor que el de Ryanair: asientos más cómodos, más posibilidades de entretenimiento para el viajero, la posibilidad de ir viendo en una pantalla los países que se van sobrevolando…

Día 2: Bangkok.

  • Visita al templo What Pho.
  • Observaciones: es impactante llegar al aeropuerto de Bangkok, pasar todos los controles (yo nunca había salido de la UE) y ver los vídeos en los que te alertan de que a) las figuras de Buda no son para decorar (salía en pantalla un muchacho a cuyo padre hospitalizaban por usar a Buda para decorar) y b) en Tailandia se respeta mucho a la monarquía, dando cierto aroma al “Nodo” franquista.

Día 3: Bangkok.

  • Visitas al Palacio Real y al templo Wat Arum por la mañana.
  • Visita al Mercado de las Flores y al centro comercial MOK por la tarde.
  • Observaciones: en Bangkok vale poco la vida del peatón, las normas de circulación son se entienden de forma orientativa, así como los semáforos, las señales o el concepto de carril. Además, en horas punta conducen como locos, hasta el punto de que en los cruces más conflictivos la policía ayudaba a los viandantes a cruzar la calle.  Paralelamente, las aceras del centro son bastante estrechas y el centro da mucha sensación de masificación. También hay mal olor, aunque al poco tiempo el viajero se acaba acostumbrando. Más de una vez se hace necesario acudir a los Tuc- Tuc (no es difícil encontrarlos, los conductores te salen al paso). Buscad en Internet estos vehículos, no tienen desperdicio. Otro dato: allí, culturalmente, tienden a regatear, tanto los taxistas como los vendedores de los puestos callejeros.
  • Anécdotas: 1)los tailandeses no tienen escobilla del WC, utilizan para ese fin un grifillo extensible como el de la ducha. 2) Ese día, caminando por la calle, nos encontramos con un monje de rango alto, algo así como una especie de Papa para el budismo tailandés. La policía, muy amable, nos indicó que mantuviéramos las distancias. La gente se arrodillaba ante él. Alucinante.

Día 4: Excursión al puente sobre el río Kwai

  • Ruta de la excursión: río Kwai, puente, museo, tren de la muerte, cascada.
  • En Bangkok: salimos de fiesta por Khao San (calle famosa de Bangkok).
  • Anécdotas: el puente sobre el río Kwai es falso… debido al éxito de la película, quitaron el original, lo cambiaron de sitio y pusieron una réplica del de la película.
  • Observaciones: la excursión es interesante, pero prescindible, aunque nosotros no nos privamos de silbar la cancioncita sobre el puente. El museo tiene cuatro cosas de la guerra, pero no se parece a nada que haya visto antes. El tren de la muerte es una experiencia por lo precario del tren y las vistas, pero el recorrido se hace demasiado largo. Las aguas de la cascada son más marrones que azules.  También tuvimos la mala suerte de ir durante el cumpleaños de la reina: era festivo y las familias aprovechaban para ir ahí en plan picnic familiar, normalmente no está tan masificado.  En la selva (esa zona es selva) y en muchos otros sitios urbanos tienen urinarios de los pegados en el suelo y hacer tus necesidades en cuclillas, así que yo me vi obligada a desarrollar una habilidad nueva. En cuanto a Khao San es ideal para: beber cerveza, divertirse, alucinar por el gentío y las luces (parece que, de pronto, estás en Japón), hacerte con regalitos (pantalones de elefantes, camisetas, etc) y, si tienes valor y poco respeto por tu vida, probar un pinchito moruno de excursiones.

Día 5: Gold Mountain

  • Lugares visitados: Gold Mountain, Wat Traimit, Chinatown, el mercado flotante y Khao San (de nuevo).
  • Observaciones: La Gold Mountain rebosa espiritualidad, está en mi top 3 de Bangkok. Como su nombre indica, es un templo que se encuentra en una montaña. Durante el ascenso hay diversas estaciones decoradas con imágenes de Buda, gongs, campanillas que suenan con el viento y motivos naturales. Una de ellas nos sorprendió mucho: estaba representado en piedra un cadáver siendo devorado por los buitres. Hacía referencia a un epidemia de peste que hubo en Tailandia y a las meditaciones sobre la futilidad de la vida que los monjes hicieron a partir de ello. Al subir te encuentras con el templo y con un espectacular mirador. Nos sorprendió mucho descubrirla explorando, ya que no aparecía en las guías que encontramos por Internet. Sin embargo, Chinatown (en mi humilde opinión) es horrible, tiene lo peor de Bangkok al cuadrado, pero hay que verlo, así que no os conforméis con una explicación. Por lo demás, el mercado flotante no flota, simplemente es un mercado que está junto al río en el que a veces hay actividades culturales. Nosotros nos encontramos con un chico y una chica ejecutando un baile tradicional con sombrillas.

Continuará

 

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Conclusiones

Hola a todos:

He pasado unos días en una especie de “UCI” emocional. Terminaron las oposiciones y algunas cosas me pasaron factura, a destacar:

  • Una rebaremación.
  • Estudiar y trabajar a la vez.
  • Mis dificultades para organizarme, que son más que notables.
  • El mareo administrativo: ahora convoco, ahora no convoco, ahora no hay presupuestos, ahora cancelan las demás comunidades…
  • Mi cambio de especialidad a dos meses de la prueba como consecuencia de los factores anteriores, por aquello de figurar en dos bolsas en lugar de en una.  Imaginad el estrés.

Me encontré con una nota que no fue nada buena en esta segunda especialidad y, con la anterior, retrocedí tantos puestos que es imposible que me llamen por Primaria, PERO… parece que mi apuesta no fue tan mala. Por la otra lista, a pesar de mi mala calificación, es muy probable que me llamen. Paradojas agridulces de la vida. Yo inicialmente me veía fuera del sistema y parece ser que aún puedo dar batalla dentro de la pública, aunque entre a trabajar más tarde que en los cursos anteriores.

No obstante, tuve que rumiar mi disgusto. Pasé dos semanas sin querer ver a nadie, profundamente agotada de todo y muy triste, creo que la sombra del desempleo es una de las cosas que más miedo me dan en esta vida (será que llevo una década luchando contra él con un éxito… discutible). Al fin y al cabo, trabajé siete meses en el curso 2015/2016 y el curso 2016/2017 entero, pero la cuestión es resistir y seguir sumando antigüedad hasta que lo mande todo a la mierda me haga con la plaza.

Con todo, no las tengo todas conmigo. Así, quiero retomar inglés y comenzar con otros dos idiomas que no comentaré aquí ya que, por desgracia, el nivel de competitividad es tal que no quiero dar ideas. Por ello, tampoco comentaré en qué otra especialidad me he metido.

Por otro lado, a la vuelta del verano, quiero:

  • Recopilar mis relatos y ver si puedo moverlos.
  • Retomar un proyecto literario muy gordo que dejé colgado (puede que salga algo, puede que no).
  • Retomar la operación “vida sana” en condiciones.

La dieta se me echó un poco a perder en los meses previos a la oposición, pero ya puedo volver a comer casero. En cuanto al deporte, me siento muy orgullosa de poder decir que estoy a punto de cumplir un año como practicante de Kung Fu. Me supuso una vía de escape muy importante para el estrés tan severo que tuve este año, ya no por trabajar y estudiar a la vez, sino porque me tocó un destino muy muy complicado que demandaba muchas horas de trabajo en casa y no menos desgaste emocional. De paso, me ayudó a generar un hábito saludable (jamás había tenido yo hábitos deportivos), evitó que la ganancia de peso con la oposición fuera mayor y… consecuencias inesperadas (guiño, guiño, risa maligna):

      • Parece que no, pero tener casi tres cinturones, aunque es una puta mierda un nivel bastante escaso, te da algo más de seguridad a la hora de lo que pueda pasar (al menos sabría hacer algo… y nadie se lo espera).
      • De pronto pego unas ostias cojonudas he desarrollado mucha más fuerza en brazos y piernas que, digo yo, no está tan mal. Si soy una tía grande y no puedo evitarlo, mejor que me mueva con agilidad… y para poder hacerlo, es preciso estar lo suficientemente fuerte para manejar mi estructura, ya que nunca seré una “flor de pitiminí” (ni quiero). PD: Hablo de estar fuerte, no de “echar bola”. Con el tiempo aprendes que es casi imposible que eso lo desarrolle una mujer, a menos que ella lo busque con muchas ganas.

Me quedé con las ganas de haber terminado el relato vacacional del año pasado. Quizá lo haga, tengo las fotos y mis anotaciones en un cuadernillo, pero se me va a acumular el trabajo… pues este verano tengo previsto ir a Tailandia y, si hay suerte, me acercaré también a Marruecos para visitar a mi querida amiga norteamericana (¡esa Miss Beaton!)  la chica que estuvo unos meses acogida en mi casa, que vuelve a estar cerca por motivo de sus estudios.

No puedo olvidar, antes de cerrar este resumen, lo importante que fue obtener mi “L”, esa letra que me permite conducir y que representa el haber vencido una fobia de muchos años, esa letra que me abre posibilidades laborales y personales y, sobre todo, que me permite dar en las narices a esas personas que me ridiculizaron por no tenerla.

¿Sabéis? El trabajo es importante, pero no lo es todo. Hay mucho en mi vida que me hace feliz y, lo más importante, si echo la vista atrás, la mejor decisión que pude tomar fue cambiar de ciudad; mi vida ha ido prosperando desde entonces, tanto en lo sentimental como en lo literario y laboral. No puedo quejarme.

¡Un abrazo a todos!

 

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