Protegido: Nos sacan la pasta con una sonrisa (sobre el coaching)

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Aventura patrocinada por el SEPE

¡Hola, mundo! 

¿Qué tal? Con un brindis por los viejos tiempos, retomo el ahora SEPE (antes INEM) como tema de disquisición. Quienes me conocéis desde los inicios de este blog y recordáis aquella sección de “Experiencias Preprofesionales” sabréis a lo que me refiero.

El viernes pasado recibí una comunicación vía mensaje corto del SEPE (Servicio Público Estatal de Empleo) a nombre de “SERVEMPLEO”. Hace muchos años que me apunté al paro, después me inscribí como trabajadora… y, desde entonces, se puede decir que como desempleada o como trabajadora me han tenido localizada siempre.

En la actualidad, llevo tres cursos trabajando como maestra interina (y lo mío me ha costado). Desde que me apunté según salí de la universidad hasta la semana pasada,  jamás había recibido la menor comunicación del SEPE, ni para informarme de cursos ni para enviarme ofertas de trabajo.

En un primer momento me preocupé mucho. Se supone que llevo unos cuantos meses cotizados y lo primero que temí fue que se tratara de algún tipo de error informático, ya que entiendo que las primeras personas que necesitan una formación son los desempleados. Puesto que ayer estuve ocupada mañana y tarde (primero trabajando, luego en la escuela de idiomas) no pude indagar de qué se trataba hasta hoy.

Por cierto, ojo al periplo, que a veces lo de recabar información puede ponerse difícil:

1) Primero contacté con el SEPE estatal a través de un formulario. Me dijeron que no les compete, que contacte con el de mi provincia.

2) Después intenté llamar por teléfono al SEPE de la Comunidad de Madrid. Me sale un contestador repetitivo diciendo que no habrá nadie libre en menos de seis minutos. Al contestador le faltó gritarme: “¡cuelga, leche! ¿no ves que nadie te va a atender?“.

3). Tras esto, revisé el mensaje que me llegó por SMS y tomé nota del centro de formación al que me remitían, que es independiente del SEPE, e intenté llamar a dicho centro directamente, pero nadie me atendió.

4). Finalmente encontré un modo de contactar con el centro de formación a través de un formulario. A partir de ahí, recibí una llamada de la secretaría del centro que sirvió para responder a mis preguntas.

Y ahora la revelación: no, no se trataba de una actividad pensada para desempleados, sino de una actividad pensada para TRABAJADORES OCUPADOS (perdón por la “rebuznancia”), aunque en ese centro de formación PRIVADO cuentan con un cupo para desempleados que se quieran apuntar. Supongo que los trabajadores ocupados pagamos mejor que los parados, pero precisamente son los parados los más interesados en formarse y trabajar (¡coño, ya!).

Ese curso de cinco meses equivale a una formación completa en un centro de Formación Profesional (ya no sé si en calidad de ciclo formativo o de otra cosa). De hecho, si se estudia parcialmente y luego se retoma en un centro de FP, los módulos aprobados se supone que se convalidarán sin problemas.

Veamos:

1. Si el SEPE ya antes pasaba de los parados, ahora pasa con más descaro. Ya ni se ocupa de dar formaciones directamente, mejor que se ocupen otros de modo privado.

2. Son más de dar un paraguas cuando no llueve, al igual que los bancos.

3. Parece que, como servicio estatal, apesta bastante a corrupción. Ojo, no tengo pruebas, pero… tanta externalización de algo que debería ir al servicio del ciudadano QUE MÁS LO NECESITA no me parece bien.

4. Por si no quedó claro (y ayuda a entender lo que comento en el tercer punto): el curso que me ofrecían era de pago. Pensad en ello, puesto que me lo ha ofrecido indirectamente el Estado Español.

C’est fini, aqui, flipando con España, capítulo 5.000.

*******

Añado aquí algunos comentarios que me han hecho en Facebook a raíz de esta entrada que son interesantes: 

  1. El SEPE como tal sólo se ocupa de las prestaciones. Lo demás lo gestiona cada Comunidad Autónoma, por lo que añadiré “(local)*” al lado de cada “SEPE” posterior.
  2. El SEPE (local)* siempre ha hecho las formaciones a través de subcontratas, subvencionando a instituciones o empresas homologadas (aunque, por otro lado, se me ha dicho que se contrata a formadores pero la realización del curso se lleva a cabo en las sedes que tiene la consejería correspondiente).
  3. El SEPE (local)* ofrece tanto formación continua, como para cambiar de sector y para desempleados. Los de desempleados son totalmente gratuitos.
  4. En ocasiones se reclama al SEPE (local)* el importe de los cursos subvencionados.
  5.  Es habitual que empresas subcontratadas por el SEPE (local)*obtengan datos de personas que podrían estar interesadas en formaciones precisamente para intentar sacar estas formaciones adelante.

SEPE (local)*: la información de la que dispongo es sobre Aragón, pero imagino que será extrapolable al resto de CCAA, tocaría mirar a través de Internet qué ofrece o deja de ofrecer en cada CCAA.

Dando todo esto por cierto, cabe preguntarse por qué, si se ofrece tanto para desempleados, esa información no llega al usuario. En lo personal, no conozco a nadie que haya obtenido trabajo por el SEPE ni a nadie que me haya comentado que el SEPE ha contactado con ellos para ofrecerles una formación; en todo caso, conozco gente que ha ido a su oficina y ha sabido de determinados cursos que se estaban ofreciendo.  Si se ofrece tanto y se conoce tan poco, en alguna parte algo se está haciendo mal. 

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Atrapados en la nevada

¡Feliz año, gente!

No tengo mucho tiempo para escribir, pero esto tenía que contarlo. Total ¿no me había propuesto como objetivo para el 2018 el escribir, al menos, un texto al mes?.

Quienes me leéis desde hace tiempo, sabéis que hace unos años, cuando contaba por aquí cosas bastante más personales que las que cuento ahora, solía hablar de lo que llamaba el Factor Silvia y que se resumía en la siguiente máxima: “a mí me pasa todo aquello que puede pasarle a cualquiera”.

Este año ha entrado así para mí. Primero, me cargué el ordenador del padre de mi conviviente. Nótese el circunloquio para no llamarle “suegro”, ya que técnicamente no estoy casada. Después, el coche se averió y nos vamos a gastar unos cuantos y muy dolorosos euros en su reparación. Ya sé lo que estáis pensando, “cabroneiros”: aunque tenga la “L” la avería no ha sido mi culpa… ¡y menos mal!. Y ya, como remate, guinda del pastel o como lo queráis llamar, resulta que Noel y yo fuimos dos de los miles de afortunados que nos quedamos atascados en la nieve en la AP6 el día 6 de enero.

Ya sabéis, hay dos tipos de personas: aquellos a quienes les toca la lotería de Navidad y los (pringados) que nos quedamos atascados en la nieve. Indudablemente, yo tenía que pertenecer al segundo grupo.

Noel y yo pasamos veintidós horas en aquel ALSA, diecisiete de ellas atascados en la nieve, y quiero pensar que en el fondo fue una suerte que el coche se quedara en Asturias. En el autobús contamos con botellas de agua durante muchas horas, aunque llegaron a acabarse, caramelos, bolsitas de frutos secos, calefacción y, lo más importante, acceso a un cuarto de baño a cubierto. Noel hubiera preferido que le ocurriera en su coche, pero, como mujer, valoro mucho el no haber tenido que hacer mis necesidades al fresco.

Al principio no nos pareció raro. Llevo unos cuantos años yendo al norte en Navidad. He visto nevar mucho más fuerte sin que sucediera absolutamente nada. Hasta el momento, lo peor que nos había podido pasar era afrontar el riesgo de encontrarnos el puerto cerrado dos o tres horas, pero jamás nada como esto.

Al final socializas con la gente que hay cerca. Había un señor que perdió un enlace con otro autobús que le llevaba a Algeciras y que tenía miedo de perder un billete de avión. Una chica a la que le tocaba trabajar el domingo también llegó a perder, o eso creo, su jornada de trabajo. Luego, en el bus, había niños y personas mayores que no soportan igual de bien lo de pasar un prácticamente un día sin comer ni dormir. De hecho, la Guardia Civil debió rescatar a un señor mayor que había en el autobús de detrás (hubo varios autobuses atascados) al que le dio un ataque de ansiedad. También vi como la UME sacó a una mujer de algún coche con un bebé de muy poco tiempo en los brazos.

¿Qué no vi? Máquinas quitanieves, sal, información en los medios hasta que la cosa se puso muy grave… baste decir que el pitote comenzó a las 19.30 de la tarde pero no leí en prensa que Iberpistas hubiera pedido ayuda hasta las 1.30 de la mañana, que fue cuando avisaron a la Guardia Civil y a la UME.

Tampoco vi a la ayuda circular por nuestra zona (kilómetros 80 al 75) hasta bien adentrada la mañana del día siguiente. Luego entendí por qué: el ejército estaba liberando a los vehículos uno a uno, a paladas. Por cierto, menos mal que un vecino de la zona, que merece un monumento, decidió facilitarle la vida a nuestros salvadores abriendo un camino en la nieve con un tractor.

Imagino que no os podéis imaginar lo nerviosos que nos pusimos cuando, unas tres horas antes de nuestro rescate, el guardia civil que fue a ayudar al señor del ataque de ansiedad del bus de atrás nos comunicó precisamente que 1. la ayuda no llegaría a nosotros hasta dentro de dos o tres horas y 2. que no tenían ni idea de cómo o cuándo nos iban a poder sacar de allí. 

Ya por esa hora se estaba acabando el agua y Noel decidió coger las botellas de plástico vacías de las botellas que nos habíamos bebido y llenarlas con nieve para poder ir bebiendo la nieve derretida.  La chica que conocimos en el bus nos ofreció comida y la rechazamos explicándole que más nos valía a todos ir racionando los alimentos, por lo que pudiera pasar. El bus abrió sus puertas para que a gente que se había ido quedando sin calefacción o gasolina pudiera pasar, ir al baño, etc… y ese baño pronto pareció más una ciénaga que otra cosa.

Después de diecisiete horas y (por mi parte) tres películas y algunas partidas al backgammon y al solitario para matar la ansiedad y (por parte de Noel) hacerse un experto en jugar a las damas, vivíamos pegados a Twitter, el medio más eficaz para informarse de algo que está sucediendo en directo, ya que a través de la prensa o de la radio no se llegaba a nada claro. Sin ir más lejos en un programa de radio (creo que de la SER) tuvo la desfachatez de decirse que éramos unas decenas los viajeros que habíamos quedado atrapados. ¡A ver, periodista, alma de Dios, que sólo en el bus ya éramos más de 50 personas!

Eso sí, por otro lado gracias a Twitter vimos que hubo gente en situaciones desesperadas: gente sin gasolina, gente sin calefacción, gente sin comida, pacientes diabéticos sin suficientes cargas de insulina… personas a las que les llegó antes la solidaridad de los viajeros de otros coches o de la gente de los pueblos cercanos que la ayuda que esperábamos. También hubo gente que fue llevada a refugios, pero que no recibieron absolutamente nada salvo el techo.

Desesperante es poco, y más aún cómo hay gente que nos dice que la culpa es de los viajeros. ¿Quién nos manda querer incorporarnos el lunes a nuestros trabajos?

Ahora ando pendiente de las reclamaciones. Por un lado, me he apuntado a la iniciativa de la OCU. Por otro, a una plataforma de afectados por la nevada que está organizando un abogado que se vio afectado con el fin de plantear una reclamación colectiva (información en los enlaces).

Ya os iré contando en qué queda todo esto.

¡Ya tengo una historia que contar a mis nietos, si algún día los hubiere*! Si no, seguiré dando por saco a mi alumnado con mis batallitas.

*Adopta a un verbo en futuro de subjuntivo. Está en peligro de extinción. Él nunca te abandonaría.

 

 

 

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Objetivos 2018 (realistas y detallados)

¡Hola, caracolas!

Os saludo aprovechando un ataque de insomnio. Sé que aún tengo pendiente la entrada del final de las vacaciones (no voy a poder escribirla en Asturias, me dejé mi diario de anotaciones en Madrid) pero entendedme: acabó el trimestre, estuve en Almería viendo a la familia y a los amigos, subí al norte a estar con la gente de Noel… esto por no hablar de que el fin de semana anterior anduve en Rabat visitando a mi querida Miss Beaton, que nos devolverá la visita después de Reyes (¡yupi!).

Es muy probable que esta sea mi última entrada del año 2017, así que apelaré a un clásico entre los clásicos: la famosa lista de buenos propósitos. Quiero hacerla concreta y realista, porque sé que si no lo hago así, no voy a cumplir ni uno. Los voy a ordenar por ámbitos y puede que escriba unos cuantos. Supongo que esto es como la lotería, si cuantos más números compre más posible es que me toque, cuantos más objetivos redacte, más probable es que los cumpla… y, además, a diferencia de lo que ocurre con la lotería, redactar deseos es gratis.

Alguien me podría decir “qué leches me importan tus propósitos para 2018”. Además, tendrá razón, no importan a nadie más que a mí y a quienes convivan conmigo muy de cerca y se vean afectados de algún modo por ellos. Sin embargo, los seguiré escribiendo y publicando porque es un buen ejercicio y porque, según termine el 2018, podré valorar si he hecho o no los deberes.

ALIMENTACIÓN:

  1. Comer de un modo más casero. Lo hago ya bastante, pero quiero mejorar eso.
  2. Eliminar los refrescos con gas de mi vida. Prácticamente han sido erradicados de mi vida diaria los embutidos, el queso de untar, los patés, la sal… incluso añadiría el alcohol, pues ya no bebo casi nunca. Sin embargo, es durísimo quitarse de la Coca Cola.
  3. Intentar aumentar el consumo de verduras/ frutas. Hay temporadas donde tomo muchísimas y otras en las que me descuido más. Toca intentar lograr las 5 piezas de fruta/ verdura al día.
  4. Controlar el peso. Vigilar si subo o bajo. Intentar no subir.

DEPORTE: 

  1. Continuar practicando Wing Tsun del modo más regular posible.
  2. Conseguir al menos dos grados más de Wing Tsun en los próximos 12 meses. Eso me permitiría vestir a partir de ese momento la camiseta negra. Ojo, no confundáis la camiseta negra con un cinturón negro, todavía voy a seguir muy lejos de eso si cumplo ese objetivo. Lo que sí conseguiría es, digamos, cumplimentar la parte básica de defensa personal del sistema, lo que te permite defenderte si te aborda un cabestro por la calle que no tenga conocimientos ni se espera que los tengas.
  3. Bajar mi última medida de 62 pulsaciones. Eso implica fortalecer el corazón. El año pasado tenía más de 70.

SALUD:

  1. Vigilar mis temas de salud pendientes: mantener el asma alérgica bajo control, hacerme un chequeo general anual (me va tocando analítica), comprobar si la miopía ha aumentado (que me temo yo que sí), hacerme otra limpieza de boca (dentista), continuar con la costumbre de ponerme la vacuna de la gripe y mantener a raya un hongo que me ha salido en la uña de un pie (putadón de los buenos).

ESCRITURA:

  1. Retomar mi proyecto de hacer un recopilatorio de cuentos para autopublicarlos.
  2. Intentar rescatar aquel texto pendiente que tenía con “Caterina”.
  3. Pensar qué puedo escribir en materia pedagógica, para no dejar de lado tampoco esa vertiente de mi trabajo.
  4. Escribir, aunque sea, un texto al mes. Los buenos hábitos que forman parte de mí no hay que dejarlos.

INTELECTO:

  1. Aprobar 3º de la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) de inglés.
  2. Tratar de presentarme por libre a un examen que me acredite un B2 de inglés.
  3. Aprobar 1º de la EOI de… la otra lengua a la que me apunté.
  4. Retomar mis hábitos lectores, que están de capa caída (como mis hábitos escritores) y eso no puede ser.
  5. Realizar algún curso más relacionado con nuevas metodologías para la docencia.
  6. Continuar viajando a, al menos, un destino fuera de España en 2018.

CASA:

  1. Terminar de dar el alta a los suministros y adquirir los muebles básicos. A ver si, con un poco de suerte, Noel y yo podemos disfrutar bien de ella aunque sea en Semana Santa.

AUTONOMÍA:

Nota previa: sé que todos dependemos en cierta medida de los demás, pero se trata de depender lo menos posible. 

  1. He de comprarme en cuanto sea posible un coche de segunda mano, con el fin de practicar yo sola con el coche y hacer pequeños desplazamientos, aunque se trate de hacer recados dentro de Alcorcón. En mayo del año que viene se va a cumplir un año desde que obtuve mi “L” y moralmente no debería quitármela. Esto implica, paralelamente, adquirir un GPS. Uno de mis grandes miedos a conducir sola es lo mal que me oriento… por no decir que en realidad no me oriento en absoluto.
  2.  Aumentar mi recetario de cocina. El pobre ha permanecido encogido, entre otras cosas, por las restricciones dietéticas que tenemos, pero hay que aprender a sortearlas.
  3. Debo analizar cómo gestionar mi tiempo. A finales de 2018 empezaré de nuevo a preparar oposiciones y el gran reto no superado de este año fue prepararlas a la vez que trabajaba. Podría optar por no trabajar mientras estudio, pero ahora mismo cada punto de experiencia cuenta mucho.
  4. Echar CV por el norte el año que viene. A la larga, quiero salir de Madrid y vivir en mi casa aunque, eso sí, preferiblemente trabajando de lo mío. Siendo muy sincera, y aunque de corazón estoy comprometida con la pública, si lograra trabajar en la enseñanza con unas condiciones dignas acercándome a la ciudad en la que quiero vivir y quitándome de encima la esclavitud de opositar… pues yo sería muy feliz, qué queréis que os diga. No necesariamente ha de ser en colegios privados, hay otras opciones relacionadas con la educación que me gustarían. De todos modos, si no sale lo que quiero, seguiremos estudiando y tratando la mudanza por otras vías.

Hay algunos propósitos de otra índole que no redactaré. Ahora distingo mejor que hace algunos años qué debo poner y qué no debo poner en un blog… pero esos son tan importantes que no los voy a pasar por alto por no escribirlos.

¿Qué me decís de los vuestros? ¿Compartís alguno conmigo? Si queréis, podéis hablarme de ello en los comentarios.

¡Abrazos a quienes aún hoy, pese a todo, seguís pasando por aquí!

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Resumen de mi viaje a Tailandia (4)

Día 11:  Excursión guiada al Templo Blanco y al Triángulo Dorado.

Km recorridos: en coche unos cuantos, a pie “cerete”.

Monzón: justo al volver al hotel, de noche, así que volvimos a librarnos.

Hitos: 

  • Visitamos unos manantiales de agua caliente (hotsprings) en los que cuentan que es posible cocer un huevo. Nosotros eso no lo hicimos, pero sí lo de mojarnos los pies, que es lo que hacían locales y extranjeros.
  • Luego fuimos al Templo Blanco. Se trata de un templo budista a medio acabar que el constructor está haciendo enteramente a su capricho, como único socio capitalista. De hecho, no acepta grandes donaciones particulares. Hay que tener en cuenta que en los exteriores del Templo hay incluso un museo en el que se exponen las obras artísticas del constructor. El Templo merece la visita: desde el exterior es blanco casi en su totalidad (cosa que no ocurre con los otros templos budistas), que los baños sean dorados (para indicar que lo importante es el interior), que haya tantas llaves “colgando por ahí” y, sobre todo, las representaciones icónicas del interior del Templo, que son las que lo han hecho famoso. Dentro os podéis encontrar a Bush, Bin Laden, las Torres Gemelas, Pikachu, Batman, Sailor Moon, los Angry Birds… por lo que nos explicaron, es un modo de explicar que ni los superhéroes de las películas nos pueden salvar del infierno. Matizo: Por cómo estaban representados, Bush y Bin Laden están ya ahí (con independencia de que Bush esté vivo).
  • Después nos fuimos a “No man’s land” (Triángulo dorado), la zona que se encuentra entre Tailandia, Laos y Birmania. Antiguamente era una zona alegal en donde era muy fácil asesinar sin ser juzgado o ejercer de traficante, pero lograron convertir aquello en una zona turística muy vigilada para evitar tales tentaciones. Desde ahí, entramos en Laos (donde Noel bebió un chupito de escorpión; también le ofrecieron de cobra y de geko y acabó comprando la botella del licor de cobra) y después partimos hacia la frontera con Birmania.
  • También nos llevaron a la versión turística del pueblo de las mujeres- jirafa. Para quien no sepáis quiénes son, se trata de una tribu en la que alargan los cuellos de las chicas insertándoles gradualmente anillos desde la infancia, llegando a un punto en el que, si se los quitaran, acabarían con el cuello partido. Hablo de una “versión turística” porque realmente no viven en la zona que se visita. Nosotros igualmente nos negamos a entrar, ya que no queremos fomentar con el turismo que esa práctica se perpetúe.
  • El día del viaje a Krabi, antes de coger el vuelo, visitamos un templo de Chiang Mai en el que había una zona en la que no podían entrar las mujeres. Ni él ni yo entramos. Lo comento porque más gente puede verse en esa situación. En los templos es importante: a) no entrar donde no te dejan, b) no enseñar muchas piernas ni mucho escote (por eso hay en los mismos templos vendedores que te ofrecen pañolones para taparse), c) no tocarle a nadie la cabeza (ni en los templos ni en ninguna parte, es ofensivo),  d) no señalar a nadie con los pies y e) quitarte los zapatos cuando te lo manden. En esas situaciones o bien te encuentras con unos estantes para depositarlos o bien te dan una bolsita para llevarlos.
  • Lo mejor: en el tour  ofrecen la posibilidad de que te pongan en el pasaporte un sello del “Triángulo Dorado”, para que conste que has pasado por las fronteras. Por supuesto, Noel y yo pagamos por nuestros respectivos sellos. Es una tontería, pero nos gusta.
  • Para reflexionar: nuestra guía, que pertenecía a ese 1% de población que es cristiana y puede beber alcohol nos contó que en Tailandia la población es en su mayoría budista, pero luego cuentan también con hindúes y musulmanes. Lo mejor: no hay conflictos religiosos, viven en perfecta armonía.

Choques culturales/ anécdotas:

  • Primer despiste: tuve que comprar dos veces las entradas al Templo Blanco. La primera vez me las dejé olvidadas en el muy distractor baño dorado.
  • Segundo despiste: bien pude autoenvenenarme. Tras diez días cumpliendo escrupulosamente las instrucciones sanitarias que se recomiendan (no beber agua que no esté embotellada, no aceptar hielo en la bebida, no tomar helados, no consumir fruta local, alimentos muy bien cocinados…) por pura inercia me bebí un vaso de agua con hielo de origen desconocido que me sirvieron en el restaurante al que nos llevó la guía a comer. Para colmo, cuando Noel me miró espantado y me hizo LA PREGUNTA (¿¿Te has bebido el agua??) mi respuesta fue un espontáneo: “¡Y qué bien entró! ¡Qué fresquita estaba!”. Tardé un par de segundos en darme cuenta de la que había liado y, como apenas soy hipocondriaca (mode ironic on) ya me veía haciendo testamento… aunque la pobre guía, cuando le pregunté, me contó que era agua que guardaban en unos bidones pero que procedían del “Seven Eleven” (cadena de supermercados muy socorrida).
  • Podría hablar de que casi me “escogorcio” en el embarcadero (llegamos a Laos en barco) pero comparado con lo del agua es lo de menos.

Días 12, 13 y 14: Krabi.

Km recorridos: playa, sol y paseos. Kilómetros pocos.

Monzón: un par de ratos, pero bastó con ponerse bajo techo hasta que se cortó, por aquello de que se trata de lluvia intensa de corta duración.

Hitos:

  • Me cargué unos pantalones- elefante subiendo en barca. Hay que tener en cuenta que, aunque las playas de Krabi son espectaculares (se trata de playas de agua clara pero rodeadas por la selva) hay mucho negocio por parte de quienes llevan a los turistas en barcas de diversas calidades a diferentes playas, ya sea a modo de autobús o en plan circuito. De hech0, algunas islas son especialmente visitadas por haber sido escenarios de películas. En consecuencia, me tocó subir en barca y, muy mal acostumbrada a los embarcaderos como estructura, supe demasiado tarde que aquí se salta al barco desde el agua. Los pantalones- elefante, el uniforme del turista de corte hippie, tienen muy poca resistencia en la entrepierna y con muy poco esfuerzo acabaron rajados de arriba a abajo. Para colmo, cuando llegué a la playa se me rompió la parte de arriba del bikini y… Tailandia no parece una zona en la que sea buena idea atreverse a hacer topless. Además, el problema de las “islas desiertas” de Tailandia es que sólo son desiertas para lo que a ellos les interesa: en el lugar más remoto tienen un par de chiringuitos porque rincones de soledad no encuentras muchos (aunque tampoco llegan a estar masificadas) pero… ni una triste tienda de bikinis en aquella playa; tremenda falta de previsión considerando que para volver al pueblo había que volver en barca. No creo que haya sido la primera turista de la historia en tener un percance de este tipo. PD: aunque me encantaron, pese a los accidentes, yo, como almeriense que soy, estoy muy acostumbrada a playas de alta calidad. Quizá por eso esta fue la parte que menos me entusiasmó del viaje: aquella zona pierde autenticidad en detrimento de la adaptación al turista. Además, le tengo algo de manía a los lugares con mucho cambio de mareas… me resulta incómodo para el baño, no puedo evitarlo.
  • Noel tocó a un mono. Hay en Krabi una playa a la que se puede llegar cruzando una parte de parque natural a través de un puente (aunque, en función de la marea, también se puede llegar andando). Ojo, no es un puente apto para aprensivos: hace ruidos, no parece muy sólido, tiene tramos de escaleras, los escalones parecen a punto de soltarse, las barandas tampoco inspiran confianza… y (esto ya es bueno o malo según el punto de vista) llega un momento en el que estás caminando entre los árboles, rodeado de monos. De hecho, hubo un momento en el que yo me di la vuelta, pero Noel (al día siguiente) continuó por su cuenta y, viendo que tenía a un mono de espaldas, aprovechó para tocarlo levemente. ¡Y tan feliz! No tanto como cuando besó al elefante, pero casi.
  • Decidimos acabar de saltarnos las normas sanitarias. Ya que yo había sobrevivido a mi “autoenvenenamiento” decidimos soltar nuestros feos instintos y disfrutar de la estupenda fruta que hay en aquellas tierras, especialmente de aquellas que no existen en España, como la “fruta dragón”. Eso sí, no llegamos a probar el Durian, que tiene fama de oler fatal, se vende en muchos puestos callejeros (no hay que comprar nada de puestos callejeros) y está prohibida en bastantes hoteles o, al menos, eso nos comentó una chica con la que coincidimos el día que fuimos al Templo Blanco. Nuestro razonamiento fue el siguiente: “ya que estamos a punto de irnos y los días que nos quedan son de estar en la playa, si nos da el cagarro nos da igual, hemos venido a jugar”. He de admitir que sí, que algo lo notó nuestra digestión en aquellos días, pero tampoco fue un drama.

Anécdotas:

  • Es increíble lo pesadas que son las masajistas allí. Vamos a aclarar algo: ahí culturalmente la forma de vender es agresiva. La gente te sale al paso en la calle y pueden llegar a insistir bastante, porque además acostumbran a regatear, como creo haber comentado. Lo que sucede es que el masaje tailandés es una de las actividades favoritas de los turistas, en todas las ciudades a las que hemos ido te lo ofrecían, pero con la concentración tan grande de turistas que hay en Krabi, te encontrabas en el paseo marítimo dos o tres masajistas cada pocos metros. Por cierto, he de decir que el día de los elefantes, que acabé con una contractura en una pierna, acabé probando el masaje tailandés. A mí, que soy muy de tensiones musculares, me dolió como si me dieran una paliza (no es un masaje relajante, te estiran y golpean bien) pero sí que noté alivio, aunque la contractura de la pierna no desapareció totalmente hasta 3-4 semanas más tarde.
  • Otros que son muy pesados (además de los conductores de tuc tuc) son los vendedores de trajes. Es además un fenómeno que no entiendo. Si hay tantos vendedores de trajes, debe ser que hay gente que los compra, pero… ¿de verdad hay turistas en Tailandia que se dedican a comprar trajes? ¿PARA QUE?. De hecho, había camisetas en las que se podía leer (en inglés): “No quiero ni un tuc- tuc, ni un masaje ni ese estúpido traje”. Humor no les falta. Es más, luego es gente muy agradable.
  • Por las noches el paseo marítimo se llenaba también de Lady- boys. Un término  despectivo para referirse a las mujeres transexuales allí, lo sé, pero así es como son conocidas. Van vestidas en plan espectacular, casi de princesas Disney (pero con tremendas plataformas) son muy muy guapas (dicen que los mejores especialistas en cambio de sexo se encuentran ahí) y reparten folletos invitando a asistir espectáculos en los que hacen de animadoras. Como no asistimos, no puedo comentar más sobre los espectáculos, pero imagino que serán semejantes a lo que sucede en España.
  • Como curiosidad: el lugar en el que encontramos más musulmanes fue Krabi. El resto del viaje casi ni les veíamos. Me gustó ver que las mujeres musulmanas, aunque llevaran velo, trabajaban en todas partes: hoteles, restaurantes, puestos turísticos, conductoras…
  • El hotel de Krabi fue el único que pedimos en plan cómodo, por lo que también hicimos uso de la piscina (¡jamás habíamos ido antes a un hotel con piscina!). En lo único en lo que se notaba que no es primer mundo es en la ausencia total de ascensores (eso sucedió en casi todos los hoteles, salvo el último, el del hotel que pillamos en Bangkok antes de volar a Madrid).
  • Por otro lado, si en Tailandia se come genial, en Krabi ya es espectacular. Los mejores calamares de mi vida los he tomado ahí. Y no os digo nada del hojaldre de nutella con plátano frito… a ver si me leo el libro de comida tailandesa que Noel encontró y aprendo a preparar alguna de esas cosas ricas, porque las recetas tailandesas ya me están dando mucha morriña (¡necesito un Pad Thai!).
  • Finalmente, da qué pensar que la playa de Krabi en la que estuve fue la más dañada por el tsunami de hace catorce años. A lo largo de la playa hay algunos carteles conmemorativos. No es sólo toda la gente que murió (en torno a 20.000 personas), el nivel tan grande de destrucción que debieron afrontar, sino cómo han sido capaces de reconstruir Krabi en su totalidad. Nadie que no sepa lo que sucedió podría imaginarlo viendo en qué condiciones tan estupendas se encuentra ahora. Eso sí, todos los edificios nuevos…

Próximamente… EL RETORNO a España 🙂

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Informe del estado de la nación

¡Hola a todos!

Aquellos que me aprecian y aún me leen merecíais leer esta nota.

Pese a que los resultados de las oposiciones no fueron los deseados y a que he sufrido una rebaremación, el lunes he sido convocada por la DAT este para que se me asigne un centro educativo. ¡Vuelvo a las aulas! ¡Y en septiembre! Eso ha sido una gran alegría.

Próximamente os contaré más, aunque no mucho, ya que no daré datos que permitan ubicar el centro. Sí os diré que después de haber enseñado Valores Sociales y Cívicos en un centro de la sierra norte de Madrid de haber impartido clases de Lengua Castellana y Matemáticas en un instituto cercano a mi casa, lo que me apetece es tener una tutoría de Primaria, que es lo mío, pero haremos lo que la Administración me pida, como sabéis.

Por otro lado, a menos que el horario se me complique demasiado, en octubre empiezo con la Escuela Oficial de Idiomas.

En fin ¡la vida sigue! Con suerte, trabajo dos cursos más antes de jugármela de nuevo con otra oposición. Mientras tanto, disfrutaré del “año de vivir” que siempre sucede al “año de no vivir”.

Un abrazo a todos aquellos que se alegran por mí.

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