Residencia. Día 4.


Aquí me tenéis, luchando contra las contingencias para poder conectarme y seguir contando estas aventurillas de “adolescente” en apuros. Ya conocéis el Factor Silvia. Anoche se manifestó de un modo violento, dejándome sin Internet a las 22 de la noche y no he conseguido volver a conectarme hasta ahora. Una compañera de residencia – sí, ya va llegando la vida a mi lado de la residencia, porque han vuelto los que se marcharon durante el fin de semana- me ha contado que es curioso que falle Internet, porque en todo el tiempo que llevaba en la residencia, no había fallado jamás en este bloque. Claro, esta compañera recién descubierta no sabe nada del Factor Silvia. Ya la he informado. Me ha puesto una cara de “Qué rara eres” mientras me preguntaba con una vocecilla “¿Eres gafe?” que para mí se queda, a la vez que el jienense de acento argentino -hay un pueblo en Jaén en el que la gente tiene acento argentino, no me preguntéis cómo es posible-  se partía la caja a mi costa. Es un mini geólogo, rubito como un elfo y bajito y extraño como Gollum, pero en cierto modo me cae bien; mejor que la pija que ha aparecido en mi planta, una sevillana de quien cualquiera diría que es Barbie con sus dos amigas; sólo que en vez de tener una amiga castaña y una negra, la negra ha sido sustituida por una calorra (choni, agitanada) que estudia psicología. Este también es un dato chocante, calorros en psicología, lo que tiene una que ver…

Nota: No confundamos a la pija con la chica de la que hablaba inicialmente, a la pija la conocí ayer y a la otra la he visto hoy por primera vez.

Pero bueno, estos datos son de hoy y la idea es compartir qué me sucedió ayer. Me desperté tarde, desayuné tarde, comí tarde y cené tarde; todo por cuenta propia porque el domingo es el único día que no tienen pensión completa en la residencia. El día pintaba mortalmente aburrido y no debía volver a abusar de mi amigo malagueño. Una, como cualquier hijo de vecino, da la lata a los demás cuando precisa de ello pero para evitar hacerme muy odiosa sigo una pauta elemental: procuro no dar siempre la lata a las mismas personas, así me convierto en una carga más llevadera.  Por esa razón llamé a otra prima de Granada (que no tiene relación alguna con los citados el día uno) y me enteré de una separación (esa es otra, se están rompiendo muchas relaciones a mi alrededor) y dos futuros nacimientos (sí, un embarazo múltiple) con lo cual puede decirse que logré ponerme al día y llenar una tarde.

Como veis, pasé varios pueblos de ver a la gente de la resi. No me apetecía. Sólo hablé con la gente que me fui encontrando – un chico que se va la semana que viene, el geólogo raro y la pija de Sevilla-. Con darme una vuelta y entretenerme por la tarde era feliz. Quería dormir pronto para llegar puntual a la mañana siguiente a clase, que los lunes son días muy crueles.

El problema vino cuando pasó lo que conté al principio: se cortó internet. Por ello me puse nerviosa; al no tener Internet, la cabeza se me iba más a RAI (ver entradas anteriores) así que decidí ser formal, repasar los apuntes que me habían dado el viernes, pensar en qué cosas contaría cuando volviera Internet sobre el día que acababa de transcurrir y… leerme una aventurilla de Hercules Poirot (“El testigo mudo” de Agatha Christie) porque, ahí donde me veis, nunca me había leido una obra de esta mujer.  Es mejor pensar preguntarse quién mató a la viejecita protagonista (porque está claro que se la cargaron, je) que intoxicar neuronas con disquisiciones sentimentales que no van a solucionar nada.

Lo mejor es que mi formalidad no sirvió para mucho  (ya que en el acto de intentar dormir no pude evitar trasnochar) y esta mañana me quedé dormida. Cinco alarmas tenía y no me enteré de ninguna, aunque nuevamente me estoy colando al hablar de un día que no toca, será que el lunes fue más interesante que el domingo.

Por ello, a continuación comentaré aspectos de mi nueva vida que todavía no habían salido o que olvidé comentar y que creo que son interesantes. ¡Allá van!

– Mi cuarto es enano. Todas las habitaciones me parecen más grandes que la mía.

– Deprime. Su única ventana da a una escalera interior que, encima, tiene rota la luz. Siempre estoy con la luz eléctrica, como si siempre fuera de noche.

– Hace frío aunque fuera haga calor. Bien mirado, parece formar parte de un universo paralelo. Cualquier día me encuentro con un inframundo dentro de mi armario.

– He cometido un pequeño hurto, aunque en realidad “he tomado algo prestado”. Una de las habitaciones que estaban vacías tenía una papelera. La he llevado discretamente a mi cuarto. Una papelera puede suponer un aumento notable en la calidad de vida, lo malo es que se llena, pero ya encontré la solución: vaciar la papelera en la otra gran papelera que hay en nuestra minicocina (nuestro recurso si queremos prepararnos algo los domingos). Como esa papelera grande forma parte de la zona común, que se encargue la limpiadora de quitarla.

 – La ducha tiene el carácter propio de Granada: mala follá (una cuestión que podría merecer un post) porque o te achicharras o te hielas, ella no entiende de términos medios. Una vez llegué a quemarme de tal modo que me estuvo doliendo la mano izquierda durante quince minutos.

– Y, por cierto, mi padre le hizo el ingreso a la compañera esta desde su cuenta. Lo que más me jode es que, con el estrés que he tenido, la chica no ha sido ni para mandarme un mensaje con la confirmación del ingreso. ¿Por qué será que una sufre tanto sus informalidades cuando luego los demás son como son?

– Orientarse en Granada no es como orientarse en cualquier otra parte. No sólo por la horda de gente joven que hay siempre en las calles, que despistan, sino porque hay muchísimas calles que parecen iguales. Es la ciudad de las paralelas.

En suma, me voy adaptando… y cuando no me adapto, me acompaña Hercules Poirot.

¡Saludos!

PD: Y en honor de las paralelas, os regalo este temita que iba tarareando mentalmente mientras me perdía al lado de mi calle por enésima vez…

http://www.youtube.com/watch?v=czzj2C4wdxY

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
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7 respuestas a Residencia. Día 4.

  1. dekn7 dijo:

    no había más etiquetas? 😀

    • vengatriz dijo:

      ¡Te quejarás! si mis etiquetas son lo más bonito del mundo-mundial 😀

      PD: Aún así, por más etiquetas que pongo, la más buscada de todos los tiempos es “idiosincrasia nacional”. Qué divinos que somos.

      • dekn7 dijo:

        Aún me harás mirar por que palabras o etiquetas lleva la gente a mi blog, y creo que no quiero saberlo.

        Dónde me lleva el corazón hoy puede que no tenga nada que ver con dónde me lleve mañana, procuraré no utilizar el término “idiosincracia nacional”.

      • vengatriz dijo:

        Sí, procura evitarlo, es muy peligrosoooo 😛

  2. raphaela dijo:

    Lo que de verdad no me gusta es que no tenga luz natural y sea interno. Lo demás… es normal. ¿Cuarto pequeño? Basta para ti. Ducha caprichosa? En casi todas partes. La compañía de Agatha Christie le da categoría a tus espacios no sociales. Que no te despiertes a la hora en que debes, es lo que arruina todo. No hay autonomía posible, ni mujer que se las sepa arreglar sola, si es que puesto el despertador (o como uds. le llamen) la doña en cuestión sigue de largo en la camita. Jiji… Besos. Y aquí contigo, como sabes. Acompañando desde mi casa y mi pc tu aventura extra-almeriense.

  3. Coral dijo:

    Pijas sevillanas (típico), chonis psicólogas, enanos jienenses. Sigo pensando si realmente estás en Granada.
    Por cierto, adoro a Poirot y sus células grises.

  4. vengatriz dijo:

    Raphaela: Sí, es una gran putada. Yo me estoy poniendo alarmas y estoy dando a mi madre una hora tope para que me dé el toque. La idea es estar despierta para cuando me dé el toque y, si no lo estoy, despertarme en se momento. He logrado mi objetivo una vez y fracasado dos. Mi cuerpo es así de desgraciado, como le cuesta dormir… pero lo acabaremos venciendo. Cuando vea que hay varios días que me despierto bien sola, la dispensaré de darme el toque. Quiero ser independiente, pero tengo una auténtica necesidad de ser puntual, ya sabes que me juego mucho con el curso 🙂

    Coral: Sí, estoy en Granada. Obvié decir que tengo una compañera murciana, dos vascos, otra chica es de Albacete, otra de Ciudad Real, una de Málaga, dos o tres más de Jaén aparte del mencionado… algunos almerienses sueltos y ¿Qué quieres, Coral, que los granadinos se vayan a vivir a las residencias? 😛 a no ser que sean de pueblo, va a ser complicado 😀

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