Residencia. Notas de los días 8,9 y 10.


¡Hola de nuevo! Mi estrés aumenta, ya no agrupo los días de 2 en 2, sino de 3 en 3. Mientras quede registro de lo más importante de cada día, me vale. Me he enganchado a escribir mi propio diario, esto no me sucedía desde los 9 años.

Notas del día 8 (continuación):

Conocí al “francés”. Nótense las comillas. Si es rubio, tiene los ojos claros, la piel blanquita y habla francés, la gente tiende a pensar que el chico es francés. Y sin embargo, era marroquí. Va a sonar muy racista, pero tengo manía a los marroquíes. El motivo es que durante este año de viajes a Murcia – me preparé en una academia murciana y me examiné de oposiciones en esa comunidad- vez que un marroquí se sentaba a mi lado, vez que el marroquí intentaba ligar. Debido a eso acabé adoptando la costumbre de sentarme en último lugar, para elegir el sitio de tal manera que no me tocara sufrir a ninguna compañía incómoda. Ya sabéis, mi lado asocial.

Como os iba diciendo, le conocí, pero apenas pudimos entendernos. Le hice llegar la información fundamental a través de uno de mis compañeros, que al parecer es hijo de estadounidense y habla inglés sin problemas; me vino de lujo. El “morocco” tomó los datos y mi número de móvil. Luego pasó de ir al botellón con nosotros, parece que no está tan solo como creíamos, porque me dio a entender que había quedado con su primo, lo que indica que tiene un primo en Granada.

Conocí el famoso botellódromo de Hipercor. Para quien no sepa de qué hablo, puesto que no todos sois españoles, os diré que en España hace algunos años existe la costumbre de hacer “botellón”, es decir, salir a la calle, comprar alcohol, refresco, vasos de plásico y hielo y otros complementos, como pipas, patatas fritas, etc,  en las tiendas de los chinos, salir a la calle (normalmente a los parques) y dedicarse a beber, en algún caso comer y en bastantes casos fumar en un espacio público amplio (parque, plaza, jardín). Esa costumbre es molesta porque hay personas que no son civilizadas, no recogen lo que manchan, se orinan en la vía pública o molestan haciendo ruido… perjudicando a aquellas personas que hacen botellón porque sale más barato comprar el alcohol que meterse en un pub o porque prefieren ir con sus amigos a un lugar donde sea posible hablar, ya que en los antros, debido al volumen de la música, es casi imposible intentar mantener una conversación.

Debido a los inconvenientes comentados, en muchas ciudades españolas el botellón fue prohibido (entre ellas, en la mía). La gente lo sigue haciendo, pero a escondidas. Si antes se metían todos en el parque Nicolás Salmerón, ahora te encuentras a la gente dispersa en pequeños grupos por distintos lugares. No obstante, en otras ciudades españolas optaron por no prohibir y acondicionar lugares para la práctica del botellón. Esos lugares reciben el nombre de botellódromos.Y en Granada hay uno enorme detrás del Hipercor de Arabial (¡me voy aprendiendo calles!).

Por ello el jueves me vi haciendo botellón con mis compañeros de residencia. Como recordaréis, la mayoría regresaba el viernes a sus casas para pasar el fin de semana (y más este, porque tenemos el puente del Pilar) así que tocaba quedar por fuerza el jueves sí o sí; al menos, si quería coincidir algún rato con mis compañeros de residencia.

Fue extraño, descubrí que me hago mayor: me agobiaba el gentío, me agobiaba tener que ir arrastrando de bolsas, me agobiaba el olor a porro, el no poder sentarme… en fin, que acabé harta del botellón. Entre eso y la necesidad de madrugar al día siguiente, a las dos me estaba retirando a la residencia, en compañía del minigeólogo y la albaceteña ¡PERO! cuál no sería nuestra sorpresa cuando, al llegar, nos encontramos llorando a la Barbie de Sevilla. Sí, las pijas también lloran y sí, las Barbies también tienen problemas sentimentales. Nos pusimos a hablar sentados en las escaleras y acabamos yéndonos a dormir a las 4 de la mañana; previo momento de “Silvia ¿De verdad que sólo vas a estar un mes? ¡Jo! ¡Te haces querer! ¡No te pierdas, si vienes a Granada deberás visitarnos!”. No sé si era el alcohol, pero al final, aunque sean pimpollitos de la edad de mi hermana, les voy a tomar cariño. Una debe admitir que se encariña rápido y supongo que la convivencia también influye en ello.

Notas del día 9:

Tras varios días de formalidad (con ayuda del taxi), volví a llegar tarde a las clases. No os podéis figurar lo que me jodió. Ahora sí que hago votos de no volver a salir un jueves por la noche. Y encima, como iba agobiada, me volví a dejar en casa todos los materiales (cuestión que ya me sucedió otro día, creo que el martes pasado). Ahí fue cuando decidí comprarme una mochila, ya que mi tendencia a olvidar se debe a lo que me molesta ir con cosas en las manos. Si meto la libreta, el carpetón y las fotocopias en la mochila, todo será tan simple como echársela a los hombros y caminar.

– Antes de ir al comedor, fui a ayudar al “francés”, ya que tenía en mi poder cierta propaganda de unos conocidos míos que van a impartir clases gratis de español durante dos semanas. Por ello, con convicción, a una hora tan decente como las cuatro de la tarde, toqué a su puerta. Y me abre un moro en boxers. No podía haberse puesto unos pantalones, no. Tenía que abrirme la puerta de aquella manera. Como una es de reflejos tan rápidos, al verle así, mi primera reacción fue decir “¡Perdón!” en perfecto castellano. Supongo que no lo entendió. Además, como dice mi hermana, si un tipo te abre la puerta en boxers, es que tiene la pretensión de ser visto en boxers. Tras superar el impacto, le di la publicidad, el teléfono del centro y la página web para que se informe. Él verá lo que hace, yo ya le he ayudado.

– Cuando llegué a mi cuarto me desplomé. Dormí dos horas de siesta. Cuando desperté, me puse a hacer el canelo en MSN… y mi culo no era capaz de moverse de la silla. Por ello, pasé de ir a cenar y acabé tirando de la comida que había comprado en mis frecuentes incursiones a los chinos. Cuando me aburrí del MSN (el sueño me entró relativamente pronto) pasé a la lectura de Hercules Poirot, ya os conté que es el hombre que ameniza mis noches en los últimos tiempos.

Notas del día 10:

– Desperté a las 11. Natural, llevaba cansancio acumulado. Le hice una videoconferencia a mi madre, para enseñarle mi zulo, y saludé a toda la familia, cobaya incluida. Salí a la calle a la 1. Esa ya no era hora de desayunar, pero tampoco podía ir al comedor porque no abría hasta las 2, así que me planté en un bar cercano que sospecho que está regido por un par de hijas de lesbos. Antes no las distinguía, pero de un tiempo a esta parte he aprendido a irlas reconociendo a ojo. Cuando quise pagar, caí en la cuenta de que no llevaba efectivo. Es algo que no suele sucederme, pero con lo ocupada que estuve en los días anteriores no caí en la cuenta de que necesitaba ir al banco. Por suerte, no fue complicado solucionarlo: dejé mi bolso en prenda, me llevé la tarjeta, saqué el dinero en Caja Duero (era lo más cercano, comisión: 3.50 ¡larga vida a las dos Castillas!) y pagué mi deuda.

Me fui a Hipercor: Necesitaba más papel higiénico (¿recordáis por qué?), algunos víveres  y béberes (para los días en los que me da pereza ir al comedor), agua oxigenada (porque a veces puede ser más conveniente que el betadine, de eso tengo), friegaplatos, cubiertos, cuchilla de depilar (adivinad quién no se pudo poner un par de cosas monísimas porque andaba tan descuidada de sí que tenía ya lianas en las axilas ¡arg!) y UNA MOCHILA. La mochila ha sido el artilugio estrella del día. Fue decidir ir al Hipercor y comenzó a llover. Como las galletas de la fortuna del Facebook llevaban días advirtiéndome que me sorprendería una tormenta, tuve la precaución de llevar conmigo mi paraguas. Pero claro, una cosa es una lluvia suave y otra es una tormenta de “sálvese quien pueda”. A mí me tocó aguantar la segunda, con tres dificultades extras:

– Soy tan gilipollas que iba en sandalias. Valga en mi descargo que esas sandalias son de los pocos zapatos que no me rozan… y que mi ventana da a las escaleras.

– Había tal grado de viento, que el paraguas se volvía del revés.

– Para llegar a ese centro comercial, toca cruzar el Camino de Ronda, que como dije hace mil capítulos, está en obras. Imaginad: peste, barro, charcos, trayectos más largos porque no puedes cruzar por donde quieres, sino por donde se puede…

Pues eso, cuando salía del Hipercor, casi toda mi compra ha ido a la mochila, así iba más protegida de la lluvia y me estorbaba menos en las manos. Esa sí que ha tenido un estreno rápido y una utilidad demostrada.

Planes para el día de hoy:

– Higienizarme.

– Volver a Hipercor. Con lo que andaba cayendo y lo cargada que iba no pude comprarle el regalo a mi primo.

– Picar algo.

– Ir esta noche al cumpleaños de mi primo. Como veis, lo del regalo me urge.

– Probablemente, quedarme allí a dormir (por lo que volveré a llevar mi mochila con material de subsistencia). Ir y venir en el bus esta misma noche (vive en un pueblo) es impracticable. Soy peatona. No quiero obligar a nadie a que me lleve y me traiga. Mejor echo el pijama y alguna cosa más en la mochila, duermo ahí y me vuelvo mañana cuando me venga bien.

Y el domingo ya veremos. Si llueve, no quedaré con mi otra prima… pero tampoco podría hacer las caminatas con los de IDEA, así que tocaría buscar un modo alternativo de entretenerse…. como perfeccionar los deberes que tengo para el lunes. Je.

Nota musical de la entrada:

Por alguna asociación mental extraña, he asociado la imagen del “morocco en boxers” con la canción del “ratón con pantalones”. A título ilustrativo, la dejo aquí. Muy recomendable para gente con sentido del humor y curiosidad por lo que pasa en el mundo. Es música carrillera colombiana: UN RATÓN CON PANTALONES

Y, sin salirme de este estilo musical, otro tema dedicado a las mujeres con el corazón roto. Es más gracioso esto que escuchar a Ubago o a Álex Sanz, sobre todo si la idea es salir de la depresión en lugar de regodearse en ella: LA FIERA

¡Saludazos!

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
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Una respuesta a Residencia. Notas de los días 8,9 y 10.

  1. raphaela dijo:

    Te sigo leyendo y acompañando a la distancia. Me gustaría hacer algunas consideraciones pero aquí también el tiempo aprieta. Todo por la bendita inminencia del viaje a Junín. Ya sabes. De modo que sólo dejo constancia de seguimiento. No te va mal, nena. Beso, y abrazo apretado, por si necesitas mimos que te sostengan la moral en algún momento de tropezón. Nos vemos.

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