Del Factor Silvia y los Electroduendes (II)


Sí, parece increíble, pero siguen pasándome cosas de las que obligan a escribir aunque una haya prometido no hacerlo. Haciendo referencia al capítulo anterior, me había propuesto ir a Madrid con las espaldas bien cubiertas a nivel comunicativo: dos móviles, mi agenda apuntada en una libreta, mi portátil y un “pincho” para tener acceso a Internet desde cualquier parte. Como el Factor Silvia lo vio complicado para joderme por el lado comunicativo, tiró por la “calle de en medio”, en resumen: en mi primer día de estancia en Madrid me robaron la cartera.

Es fascinante cómo me la robaron. Fue en el metro. Iba con un amigo, que es testigo de que yo llevaba la cartera en el bolso porque debí comprar el billete de metro y de que no la llevaba cuando se me ocurrió pensar que mi bolso estaba más ligero de lo normal tras alcanzar la parada de Artilleros. El ladrón, que debía ser extraordinariamente hábil, tuvo la singular consideración de cerrar mi bolso tras el hurto. Por tanto, reconstruyendo los hechos:

– Me robaron la cartera en la línea 9, que no es concurrida.

– No sólo fue capaz de abrir y cerrar mi bolso sin que yo sintiera un tirón, además lo hizo esquivado a mi amigo, que durante casi todo el tiempo estuvo situado frente a mí.

Por supuesto, se me fastidió el concierto. Tocó volver al punto de partida, avisar a seguridad, ir a comisaría y cancelar las tarjetas.

En todo este periplo hubo cosas que me tocaron los “webs”:

– Tras siete horas de tren, una hora de metro que sufrí para llegar desde Atocha a Gran Vía, la hora de metro que pasé para llegar desde Gran Vía a Artilleros y luego otra más desde Artilleros a Gran Vía… pasé un total de 9 horas a la sombra. ¡Espartaaaaaaa!

 Apenas había seguridad un domingo en el metro. Normal que los cacos se pusieran las botas. Y, lo que es peor, los servicios policiales están bajo mínimos. En la primera comisaría a la que fui no me atendieron porque sólo se dedicaban a aspectos burocráticos. Luego supe por mi padre que sí funcionaba hace 20 años, así que… qué listos, crece Madrid, crecen sus habitantes y disminuyen los servicios policiales. En la segunda comisaría a la que fui no me atendieron por falta de efectivos, aunque sí me sugirieron que denunciara la desaparición súbita de mi cartera desde la cabina de aquella comisaría, que me salía gratis. Encima, tardaron mil años en responderme al teléfono, mientras me iban poniendo todas las canciones que tenían. En un momento en el que me cansé y dije de irme y poner la denuncia por web, la poli de la puerta me aconsejó que no lo hiciera, que el funcionamiento de la web es una mierda (que lo diga ella misma tiene delito), que me salía más rentable que tuviera paciencia y siguiera esperando al teléfono, que al final me atenderían…  

En Madrid el tema de las denuncias va como el de recoger una pizza. Una vez que “teledenuncias” te dan un número de referencia (o número de cliente, jeje). Tocaba ir al día siguiente a primera hora con el numerito, sacar un ticket (sí, desde un turnomatik  rojo como los del Carrrefour) y esperar con paciencia a que el policía de turno fuera llamando.

No hay sala de espera que no tenga un “animador”. Esto es ley. Cuando toca esperar para algo, especialmente si es algo desagradable, como que te atiendan en un hospital o en una comisaría, siempre hay un sujeto (normalmente varón, aunque alguna hembra también habrá) que reniega compulsivamente, que no para de moverse, que intenta bromear contigo y con toda la sala a pesar de que tenga la gracia en el culo… y al que le dura la energía todo el tiempo que haga falta, en este caso dos horas. Fijaos si sería ameno que hasta me ha hecho una imitación de cómo caminan los ingleses por la calle con su paraguas y su bombín. Los chinos le miraban alucinados.

Nota sobre los chinos: Cuando llegué, aquello estaba lleno de mujeres españolas a las que les habían robado o “abducido” la cartera. Luego apareció el animador. Después, una pareja de portugueses. Más tarde, en goteo, moritos que iban por el tema de las cartas de inmigración. Finalmente, entraron de golpe cuatro chinos, que fueron los que disfrutaron de la gran imitación de este sujeto.

Cancelar todas las tarjetas y verme sin DNI ha sido un coñazo. Al menos, con ayuda de la denuncia he podido sacar dinero, ahora intentaré recuperar mi billete de regreso (era otra de las cosas que guardaba mi cartera) y después tocará hacer cosas más vulgares, como comprar champú, un secador, una cartera (XD) y una bolsa de castañas.

PD: Como quien no se consuela es porque no quiere, hay que decir que el policía que me ha atendido para recoger y firmar mi denuncia estaba más que visible (es decir, como un tren, guapísimo que era el cabrón, jeje).

PD2: Toca sobrevivir aquí hasta el día 23. Se admiten apuestas. ¿Me seguirán pasando cosas o acabará la mala racha? ¿Solucionaré el gafe de cara al año próximo pegándome un baño integral en ruda y romero o sólo conseguiré lucir un perfume peculiar?

PD3: Próxima entrada: Cosas peculiares que he visto en Madrid, que merecen entrada aparte.

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Acerca de vengatriz

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Una respuesta a Del Factor Silvia y los Electroduendes (II)

  1. hengo dijo:

    XD Jajajajaj cuando me contaste lo del poli, dije “esta mañana pierde hasta la cabeza si hace falta, con tal de poder volver a comisaría a denunciar y saludar un rato”… pero se ve que ya no te quedaba nada más que perder, ni voluntariamente ni sin querer XD

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