Bonus Track- Anécdota sorpresa


Antes de nada, he de decir que hace dos meses que me muero por contar esta anécdota. No lo hice antes por dos motivos de peso:

1. Mi silencio podía ser conveniente laboralmente.

2. La anécdota estaba inconclusa.

Pero ahora que laboralmente no obtuve lo que esperaba y que, según imagino, la anécdota ha concluido, no me va a dar ningún reparo contarla. Además, que bien mirado, aunque es estadísticamente posible que alguna de las personas que la protagonizaron caigan por aquí, es altamente complicado que eso suceda.

Mis problemas para trabajar son conocidos y sólo por los lectores de este blog, sino por mi círculo inmediato y no tan inmediato: familiares, amigos y conocidos. Tampoco es que sean problemas exclusivamente míos, ni siquiera tengo derecho a sentirme original, son los problemas de una generación que intenta “meter la patita” en el círculo laboral y no puede, pero ni a tiros.

A finales de noviembre recibí una llamada de una amiga de la familia, por ende, ex profesora mía, sugiriéndome que me presentara con ella a un retiro espiritual. Cuando yo ponía la cara de “qué me dices” más grande jamás contada, me dejó caer un par de argumentos de contundencia ineludible:

1. A esos eventos de iglesia suelen acudir personas de iglesia.

2. La mayor parte de los colegios privados pertenecen a la iglesia y, si me conocen de un evento relacionado con la religión, es más probable que miren mi CV con más cariño que si mi pobre carita no les suena de nada.

Ante eso sólo cabía decir “amén” y pedir hora y lugar para el duelo al sol.

El retiro duraba 24 horas. Suerte tuve de que no fuera más largo. Nos llevaron a una instalación que pertenece a la iglesia, situada en un pueblecito de costa. En realidad, se podría decir que es un albergue que incluye tres particularidades:

1. Un patio exterior muy bonito.

2. Una sala de conferencias, aunque tiene más de aula que de sala.

3. Una capillita, con todo lo necesario para llevar a cabo una misa de emergencia.

¿Qué hace la gente cuando se “retira”?

Conviven, hablan, como en un Gran Hermano corto. Hacen las comidas juntos, desayuno, comida y cena. Duermen tempranito. Y en los intermedios, está su rato de escuchar las diversas charlas que te dan a lo largo del día, hacer “ejercicios espirituales” (preferiblemente en silencio) y rezar en la capillita anteriormente mencionada.

En los ratos de alternar socialmente, mi ex profesora se dedicó a venderme como una chica estupenda, divina y maravillosa con 20 carreras. Un poco exagerada su apreciación, para hallar la cifra real de carreras que dispongo en mi haber sólo hay que eliminar el cero, necesitaría un CI de 220 para que su descripción acerca de mi persona fuera real, pero la buena voluntad y la intención propagandística no hay que negarla.

Por lo demás, que no os quepa duda de algo: yo llamaba la atención, tanto o más que disfrazada de lápiz naranja-fosforito o vestida de chándal de la Cruz Roja en la puerta de un Sex Shop. tengo 27 años, la persona más próxima a mi edad debía tener unos 56 y la más mayor 75 o quizá más. Encima, casi todas eran monjas, salvo dos beatas muy amigas de peculiar idiosincrasia y algún fraile, cura, seminarista o simpatizante desperdigado en un grupo mayoritariamente femenino, aunque no feminista. No debéis extrañaros si os cuenta que los “retirados” y las “retiradas” me miraran con cara de cierta conmisceración y me preguntaran con una media sonrisa “¿Qué pasa, niña? ¿Estás muy perdida?”. Incluso el sacerdote que convocaba el evento, dirigiéndose a mí en privado, llegó a decirme “Ay, estoy preocupado por Silvia, este ambiente es demasiado monjil para ti”.

Y sí que lo era, la estrategia de Silvia consistía en callar, intentar pasar inadvertida y dar una imagen de “niña buen”a. Lo más triste es que soy una niña buena que intenta no parecerlo, pero eso da para otro post e incluso para otro blog que no es muy de mi estilo, jeje.

Cuando acabaron las charlas del primer día, el sacerdote que organizaba todo sugirió que meditáramos en silencio sobre lo aprendido. Yo medité muchísimo, pero no en silencio porque no es mi estilo, así que estuve charlando en el dormitorio de mi ex profesora hasta las cuatro de la mañana sobre lo mundano y lo divino, que sí va más con mi personalidad.

A la mañana siguiente, yo había olvidado la recomendación de permanecer en off del día anterior, así que cuando vi a todas las monjitas en la puerta del comedor, en silencio pero con el pico abierto esperando su alpiste, no pude evitar saludar con un alegre y efusivo “¡Buenos días, hermanas! ¿Qué tal habéis dormido?”.

Cuando todas sus miradas se clavaron en mí como lanzas, supe en qué la había cagado. Y os podréis imaginar qué pesado fue el desayuno, un orfeón de cucharitas repiqueteando en las tazas y de gargantas deglutiendo sin la menor voz humana para acompañar. Muy desagradable.

Luego vino la peor parte: intercambio de opiniones acerca de la profunda experiencia. Todas las monjitas habían vivido la experiencia de forma honda, concentrando su atención en uno o dos versículos del evangelio (cuando resultaba que se nos había recomendado la lectura de tres capítulos) que viene a ser como tomar un versículo (frase corta) de la Biblia a modo de mantra y repetirlo, repetirlo, repetirlo… hasta ver la luz o algo por el estilo. Pero la parte más espectacular no la protagonizó una monjita, sino una de las beatas, que de pronto se echó a llorar, declarando, entre hipidos, que no había encontrado el silencio interior y que cuando intentaba meditar se le venían imágenes de su madre bordando su vestido de la primera comunión y diciéndole que su alma al aceptar el sacramento debía estar tan blanca como la tela de ese vestido.

Ante una reacción tan emocional, acompañada por la declaración de “¡Nunca he sabido rezar!” se sumó la solidaria respuesta de las monjitas “¡nosotras tampoco!” y mi Pepito Grillo interior, que es un poco cínico y cabrón, me susurraba “Pues si ellas no saben rezar, que en su vida se han dedicado a otra cosa, a ver quién puñetas va a saber”.

Entonces, muy oportuna ella, mi ex profesora empezó a darme codazos, pidiéndome que manifestara mi opinión, porque la única manera de que yo llamara la atención de mis posibles contratadoras era, según ella, “demostrar lo que vales” y para eso no bastaba callar y poner cara de niña buena, más bien lo contrario, abrir la boca y dejarlas a todas pínfanas con mi sabiduría.

Esta mujer me tiene en un concepto peligrosamente alto y yo tenía los ovarios de corbata, así que comenzamos a discutir como dos nenas del parvulario: “habla tú”, “no”, “sí”, “no”… hasta que el sacerdote se dio cuenta del cachondeo que traíamos y nos preguntó qué nos pasaba, ante lo cual esta ex profesora dijo que para ella sería de mucho interés que la persona más joven de la sala (es decir, ¡yooooo!) compartiera con los demás su opinión.

Y de perdidos al río… me tocó hablar. Creo que dije cosas como que yo no había rezado ni estado en silencio en ningún momento, que ni siquierea me callo cuando me duermo. También dije algo como que la oración nunca debe chocar con la buena educación y para mí es muy molesto que no me saluden por la mañana o no me dirijan la palabra durante el desayuno. Tras esto vinieron un par de reflexiones teológicas, del estilo “a mí un versículo no me dice nada, yo trabajo con capítulos completos, lo que hice fue leerme los tres capítulos y tomar notas, y mis notas serán lo que voy a compartir”. Por cierto, menos mal que había leido algo, y justo lo había leido por si tenía la mala suerte de que me preguntaran, ya conocéis el “Factor Silvia”.

Lo que no yo no esperaba era recibir felicitaciones, agradecimientos y el grito de una monja (o micromonja, no superaba el 1.50) emocionada que, alzando el puño, gritó cuando acabé mi monólogo: “¡Mujeres al sacerdocio!”.

Al terminar la charla, andaban todas más parlanchinas. Algunas me preguntaron si tenía novio y si podía estar interesada en los estupendos sobrino-nietos que tenían por ahí. De hecho, una me gritó”¡Ay, me recuerdas a mi sobrina-nieta! Le encanta tener la música puesta y, además ¡tampoco se calla nunca!”.

La síntesis de esto es que mi intervención gustó y que el sacerdote que dirigió aquello me propuso una entrevista de trabajo en enero: nada menos que para ser su secretaria y delegar en mí los asuntos educativos que traía entre manos (trabaja con temas de interculturalidad). A mí se me afilaron los colmillos, más allá del cachondeíto evidente que me iba a tocar soportar si comenzaba mi andadura laboral con el original puesto de “secretaria de un cura”. El horno no está para bollos y a un contrato con su Seguridad social a horario funcionarial y, encima, relacionado con mi profesión, no es inteligente hacerle ascos.

Pero los hados no fueron propicios, o será una nueva jugada del “Factor Silvia”. Pasó diciembre, pasó enero, no hubo tal entrevista. Falleció un hombre del grupo al que pertenece este sacerdote y como el fallecido no fue reemplazado (esa es la excusa), el otro tuvo que reemplazar al anterior y debió, en consecuencia, aparcar sus propios asuntos.

Sin embargo, aquello no fue óbice para que se haya pasado dos meses enviándome propaganda de diferentes eventos de naturaleza religiosa, por ver si conseguía hacerme acudir de “palmera” y no, no voy a hacer la misma gilipollez dos veces, más si tenemos en cuenta un consejo que me dio otro sacerdote cuando le comenté este particular:

“Mira Silvia, la iglesia tiene mucho trabajo, pero sobre todo es trabajo voluntario. Tú ahora no estás para perder el tiempo, así que, si quieren que trabajes ¡la mosca por delante! Además, tú piensa que la gente que acude a esas cosas es gente desocupada, luego no tienen poder de contratarte; la gente de la iglesia que tiene poder de contrartarte se dedica a trabajar en lugar de irse de retiros”.

¿Acojonante, verdad?

Y ahora la gran pregunta: ¿Cuánta gente andará lamiendo culos, a la iglesia o a quien sea, para trabajar… en vano, como hice yo misma? ¿Y a cuántos lameculos les va bien?

Hacedme la estadística, os lo dejo de deberes, y a raíz de ahí ya debatiremos si compensa meterse en ese tipo de estrategias o si no compensa.

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
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7 respuestas a Bonus Track- Anécdota sorpresa

  1. Vicente dijo:

    ¡Qué bueno!
    Chica de la Cruz Roja y casi Sor Citroen. jejejejeje.
    Realmente los jóvenes estáis desesperados por encontrar empleo, incluso seriáis capaces de rezar.
    Efectivamente, los católicos que pueden contratar no van a retiros espirituales; por regla general. Aunque yo de ese gremio entiendo poco, porque soy anglicano y masón y no amigo de beaterías.
    Debías de “cantar” en ese retiro como un florero en la consulta de un alergologo.
    ¿Para que crees que existen las cofradías de Semana Santa?, para relacionarse socialmente y cambien profesionalmente.
    Me lo he pasado “pipa” leyendo tu post.

  2. vengatriz dijo:

    ¡Hola, Vicente!

    Me alegra que te haya divertido la entrada. Es una de las vivencias más surrealistas de mi vida, aunque sospecho que mi vida es muy tendente a experiencias surrealistas. Por lo demás, habrá quien rece más y habrá quien rece menos, lo grave es tener que rezar (o cualquier otra cosa que no cuadre con tus principios) por caer bien y conseguir un trabajo.

    De Sor Citroën precisamente no me veo, ni me va el monjío ni me va el volante, je. Mis nefastas experiencias con el volante también darían para otro blog.

    Totalmente de acuerdo en tu impresión sobre las cofradías 😀

    ¡¡Un abrazo!!

    PD: Fíjate, ignoraba que fuera compatible ser anglicano con ser masón. Ya sabes, la “enemistad” entre el catolicismo y la masonería es famosa, tú mismo hablas mucho de ella en tu blog. Todos los días se aprende algo :))

  3. raphaela dijo:

    Es curioso que un sacerdote diga que la gente que va a retiros espirituales no trabaja. He ido a varios en mi vida, especialmente cuando era más joven. Y trabajaba duro. Los retiros suelen hacerse los fines de semana, y suelen reunir gente que tiene algún punto en común, por eso también me sorprende la presencia de monjas y beatas. Porque quien dirige el retiro tiene en cuenta en su preparación a quiénes va dirigido. Y no es igual “trabajar” con las necesidades espirituales de una monja que con las de una madre de familia o un muchacho. Yo he ido a uno de abogados, a otro de mujeres profesionales, a uno de semana santa al que concurrió gente de una parroquia a la que solía asistir a misa. Sé que hay retiros para hombres, para chicos, para matrimonios, para religiosos, etc. La gente que va a un retiro espiritual busca un crecimiento espiritual, y muchas veces sale renovada, sintiéndose mejor y más buena, con Dios en su corazón, y -sobre todo- feliz de haber conocido más y mejor al prójimo. Uno de los recuerdos más lindos de mi vida es el de las últimas horas de un retiro que hicimos los abogados de Schoenstatt en Paraná, en un lugar llamado La Loma. Imaginen una loma donde hay una pequeña iglesia, y un grupo de abogados, muchos jóvenes y ninguno de más de 50 años, escuchando relajados la palabra de Monseñor Karlic, entonces obispo, que nos habló con un profundo amor acerca de los caminos de Dios, pero con especial aplicación a nuestro trabajo. Después hubo una misa, sólo nosotros y sólo para nostros, rodeados de esa naturaleza que nos recordaba nuestra pequeñez. A continuación, el almuerzo y la despedida. Hermosa despedida, porque lo vivido nos había hermanado. Estoy segura de que todos los que asistimos a ese encuentro recordamos con mucho amor esa mañana de domingo en que nos sentimos más cerca de Dios y más cerca del prójimo.

    • vengatriz dijo:

      Como te dije en privado, de retiros entiendes más tú que yo. Una se ha limitado a reproducir las cosas tal y como las vivió, pero muchas gracias por tu aportación :)) sabes que tus comentarios siempre son bienvenidos.

      Un abrazo

  4. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  5. hengo dijo:

    “Lo más triste es que soy una niña buena que intenta no parecerlo”

    Espero el post detallado sobre esa frase XD

    Pues yo pienso que deberías haber ido a alguna actividad religiosa más, aunque fuese sólo a una. Por “demostrar” que estás realmente interesada en los asuntos religiosos y por demostrarles que tú lo vales. A lo mejor así les hubiera interesado más tu CV!

    • vengatriz dijo:

      No pienso hacer el post sobre esa frase, basta con prestar atención para darse cuenta de que, aunque vaya de espabilada, me caí de un guindo muy grande y muy remoto. Soy una inocentona descomunal con mucha verborrea, eso es todo 😦

      Y quizá tengas razón en lo que dices de la actividad religiosa… pero acabé hasta cierto punto íntimo de mi anatomía…

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