IX.Experiencias pre-profesionales: Entrevistas de trabajo (III)


La entrevista que voy a contar no recuerdo exactamente cuándo la hice. Sólo puedo decir que fue un verano, sospecho que el verano que me puse a buscar desesperadamente curro como profesora, por lo que me apunté a todas las ofertas que pillé en la web y, no contenta con eso, hice chorrocientas cartas de presentación, compré chorrocientos sobres y me metí en la guía QDQ (la guía de las empresas de España) y me dirigí a todos los colegios e institutos privados y concertados de Almería para ver si alguno de ellos podía estar interesado en mis servicios. No me llamó ninguno.

Consejo para navegantes: aunque sea un auténtico coñazo, siempre que os sea posible, llevad el CV en mano.

Es más, aquí regalo otro consejo, sé del caso de un tipo que se dedicaba a buscar las ofertas de empleo que había en la red y, en vez de acudir a la red para proponerse, se presentaba en persona en la empresa y, si era posible, contactaba ahí mismo con el seleccionador y aprovechaba para presentarse, poniéndose por delante de las centenares de personas que han confiado en la web para tramitar la competencia; ya que le conocen a él antes que a nadie, le conocen por un canal diferente y, además, su gesto se interpreta como “muestra de interés” y el interés es algo que se valora mucho en estas lides.

El caso es que era julio y me llamaron de una academia de Roquetas. Buscaban un orientador. Pagaban a sueldo de becario (400 o 500 €, ya sabéis) y en esta ocasión si contaba con acceso por autocar, pero era un acceso muy discutible, porque resulta que Roquetas es un pueblo muy grande y el autocar no lo recorre completo, de tal manera que la academia quedaba en el punto opuesto el pueblo y a mí me tocaba, amén de esperar al autocar y el tiempo del desplazamiento, invertir luego quizá media hora o una hora de mi vida en llegar a pie desde el sitio en el que me dejaba el autocar hasta el que hubiera sido mi lugar de trabajo. Y lo más grave no es ir, lo más grave es volver de noche.

También es verdad que se trataba de un trabajo de ir tres días a la semana… y de un puesto que, dicho directamente, era para mí, porque a pesar de mi escasa trayectoria profesional, necesitaban cubrir ese puesto con emergencia: el anterior orientador de la academia se había retirado por causas personales y mi perfil era lo más parecido a lo que necesitaban de cara a una incorporación urgente. De hecho me confirmaron esa misma noche que, si quería, podía incorporarme, había sido elegida.

¿Qué pasó? Siendo sincera, cuando acabé la entrevista, en ese rato en el que una se plantea si el puesto le interesa verdaderamente o no, tuve la típica charla de cambio de impresiones con la familia. Ahí fue donde me hicieron pensar que aunque incluyera alta en Seguridad Social con lo poquito que iba a cotizar sería irrelevante, que me gastaría una barbaridad en transporte para luego trabajar muy pocos días a la semana, que me iba a salir lo comido por lo servido… y me fueron desmotivando de tal modo que, según las Leyes de Murphy (o el factor Silvia), cuando no quieres un trabajo es justamente cuando te lo dan… así que me pusieron en el compromiso de llamarme, decirme que me habían aceptado y que a mí me tocara decir que había cambiado de opinión.

Sí, sé lo que estáis pensando: que la Sil del pasado es imbécil, y os doy la razón. Como excusa decir que yo era mucho más joven, más insegura, consultaba demasiado con mis padres (cuyas expectativas, al igual que suele suceder con todos los padres, son poco realistas y están completamente desligadas del pulso de los tiempos) y la crisis no había dicho todavía “aquí estoy yo, porque yo lo valgo”. Ese puesto, a pesar de todas las dificultades, hubiera sido un dulce para comenzar a ejercer de ORIENTADORA, con alta en SS, y lo más difícil es conseguir la primera experiencia, así que… mejor ni lo pienso, pero tal vez ahora estaría trabajando Y DE LO MÍO de haber aceptado aquel puesto.

No tiréis oportunidades…¡y aprovechad las ofertas de “último minuto!”. Es más fácil que te elijan en un trabajo si tienen prisa por cubrir el puesto.

Y no consultéis las entrevistas de trabajo con vuestros padres. Es más, ni digáis cuándo os toca hacer una. Es mejor pensar las cosas en primera persona, sin interferencias, y presentar los hechos consumados. Más vale pedir perdón que permiso, sobre todo si tienen facilidad para, con la mejor de sus intenciones, comerte el coco.

PD: ¿Veis? Otra razón para maldecir al PCDLC (Puto Carné De los Cojones) que de haberlo obtenido, no habría vacilado en aceptar el puesto.

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Acerca de vengatriz

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5 respuestas a IX.Experiencias pre-profesionales: Entrevistas de trabajo (III)

  1. variablex dijo:

    Yo también dejé pasar una oportunidad de ese estilo. Buscaban a un animador turístico en Tarragona, y tenían prisa. Hicimos la entrevista por teléfono y me dijeron que sí, que me cogían. Después se lo conté a mi madre y a mi ex, y entre los dos me convencieron de que no merecía la pena.

    Mierda, mierda, mierda, mierda…

    Mi hermana se lo ha montado siempre mucho mejor: ella se lo guisa, ella se lo come, y avisa de las cosas cuando ya son decisiones tomadas e inamovibles. “Voy a trabajar con una beca en nosedonde”, “me voy a Barcelona a probar suerte”, “voy a hacer un internado y el hospital de Atomarporculo del río seco”. Mis padres creen que está como una cabra, que está perdida, que está desnortada, que está descentrada… pero mírala ahí, trabajando con crisis y todo, en lo que le gusta, y viviendo independiente. Lo peor es que ella es la pequeña, debería aprender ella de mí, no yo de ella. En fin…

    De las enormes gilipolleces que se hacen por tener pareja, mejor ni hablamos. Ya ves, ahora estoy soltero, sin pasado, presente, ni futuro laboral, y mi ex saliendo con otra persona. No invierta carrera laboral en la pareja, no merece la pena.

    • vengatriz dijo:

      Diría que hay un problema que es común a los primogénitos: hacemos lo que los padres quieren.
      Son los segundos los que hacen lo que les da la gana. Y encuentran resistencias, pero les da igual.
      En los terceros ni se fijan.

      Y apoyo totalmente tu consejo: no hay que invertir la carrera laboral en la pareja 🙂 ni en los padres, porque en el fondo nacemos solos, nos comemos nuestros problemas solos y moriremos solos (aunque son preciosas esas fases en que creemos lo contrario).

      • rafaela dijo:

        Lo que me parece francamente increible es que los padres hayan desaconsejado tomar el empleo… pero más aun que uds. le hayan buscado el pelo al huevo para no aceptarlo. Como si buscaran empleo pero enfrentados a la necesidad cotidiana de levantarse a cierta hora, viajar, afrontar problemas, etc…. hubiesen tomado la vía contraria. Es decir, me sorprende que no hayan valorado el hecho de haber sido elegidos: que alguien me elija entre la multitud de aspirantes a un empleo (siempre hay multitud, les aviso, haya o no crisis) es algo asi como si Alain Delon a los 30 años me hubiera invitado a salir. A mí. Desechar la oportunidad de salir de la esfera de los que no han tenido aun su primer empleo. Eso es algo que en mi pais no ocurriría y me ayuda a entender .y a confirmarme-. en la impresión que tengo de la juventud española. Porque el deseo de trabajar no está unido solo a la necesidad económica de hacerlo. Al menos no debe ser así. El trabajo dignifica, da sentido a la existencia del ser humano, sentido que no lo da andar de copas por ahi ni pegarse a Internet todo el día. Trabajar es hacer un aporte a la vida, dejar la propia marca, nuestro sello personalísimo a lo que sea, aun si se trata de vender fruta en un puesto callejero, o limpiar baños. Todo es mejor que no hacer nada. Dura lección, chicos. Por suerte, aprendida.

      • vengatriz dijo:

        No te equivoques: lo valoramos. Pero también hay que valorar el efecto disuasorio que tiene la combinación de dos sucesos: juventud (tanto Pablo como yo actuaríamos de otro modo ahora, que somos más mayores) y padres dominantes que tienen una visión poco realista de las perspectivas de sus hijos y del mundo en el que se están desenvolviendo. Psicológicamente es una gran diferencia el contar con un entorno que te apoya las iniciativas o contar con un apoyo que te merma cada vez que quieres hacer algo diferente o sacar los pies del plato; pero fíjate que lo estamos explicando, no nos estamos excusando, porque de hecho nos hemos arrepentido de ello y lo hemos pagado muy muy caro – luego vino la crisis, con todas sus consecuencias, peor precio no pudimos pagar y las oportunidades perdidas JAMÁS vuelven-. Al final todo acaba metido en un blog por si a alguien pudiera servirle. Y como comentaba antes, incluso puede que acabe en algún libro.

  2. variablex dijo:

    Rafaela, no creo que la experiencia de dos personas sea suficiente para juzgar a la juventud española entera. Mi hermana, sin ir más lejos, hizo todo lo contrario que yo. Mejor para ella, porque le va muy bien.

    Por otra parte, creo que parte del problema que nuestros padres y nosotros tuvimos fue que creíamos estar en Europa, allá donde la gente puede vivir de su primer trabajo. Nuestros padres también pudieron conseguir sus primeras experiencias laborales y vivir de lo que hacían. Pero en los diez últimos años, las fronteras se han movido y África comienza, de nuevo y como siempre hizo, en los pirineos.

    De todas formas, como dice Venga, no nos estamos excusando. A estas alturas ya nos hemos dado cuenta de lo tontos que fuimos.

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