Día 7: Para el tiempo que me queda en el convento…


Hoy fue un día atropellado. Me retrasé a la hora de comer y debí coger un taxi. Como ya he comentado alguna vez, comer a las 12.30 es superior a mis fuerzas por dos motivos: no madrugo y no soy capaz de comer cuando me acabo de despertar y, si puedo añadir una tercera, ni aunque madrugara podría asimilar eso de comer antes de las 2-3 que es mi hora habitual, la mía y la de las personas normales de mi país.

Como me retrasé a la hora de comer, dejé plantada a la padawan. El problema es que la chica no tiene teléfono móvil y no lograba localizarla en su casa, así que no tenía medios para avisarla de mi retraso. Opté por pagar un taxi – con la consiguiente bronca familiar de “tu trabajo, además de no darte dinero, va ahacer que lo gastes” – e intentar pescarla por el camino, pero ya no pudo ser.

Afortunadamente al llegar me enteré de que a ella se le había roto el reloj y, creyendo que era más tarde de lo que era, se fue sin esperarme. De ese modo, al llegar al oficina antes de hora y darse cuenta del error, se quedó toda compungida de pensar que me había dado plantón a mí, así que nos quedamos en empate.

Y, a continuación, las anécdotas del día:

  • Nos olvidamos tanto la padawan como yo las botellas de agua. Nos tuvimos que levantar unas cuantas veces con la excusa de ir al baño cuando lo que realmente queríamos era beber agua, porque eso de pedir permiso para ir a comprar una botellica durante la jornada laboral, como que no…
  • Se incorporaron dos nuevas.  Momento ideal para hacer cuentas. Quitando a las encargadas, sólo hay una veterana en nuestro turno. La mitad de las chicas que estaban cuando yo entré ya han dejado de estar. Tampoco volví a coincidir con mi vecino, así que presupongo que es otro que lo ha dejado. El que sí vende es el muchacho de la mañana, ya lleva sus cuatro fichas. El único que triunfa, la madre que lo parió, ahora es el que más ha vendido con diferencia. Me alegro por él.
  • Nada más conectarme, los ELECTRODUENDES volvieron a hacer acto de presencia, jorobándome toda la conexión con mi ordenador. Como que me tocó alejarme de mi mesa habitual, junto a la padawan, aunque aún así me he ido enterado de las anécdotas de su día, que son tan o más divertidas que las que me pasan a mí. Creo que parte de mi extraña relación con ella y de nuestra capacidad para atraer anécdotas reside en que, aunque le llevo exactamente diez años y unas cuantas vueltas en la vida, cumplimos años casi a la vez: sólo nos llevamos dos horas de diferencia. Y luego dicen que la astrología es una disciplina irracional, jejeje…
  • TOP PADAWAN: Ella ha tenido tres situaciones hoy. 1ª Situación: Ella habla con interlocutor de nuestra ciudad (Almería). Ella le expone la propaganda y él, de pronto, le dice “Oye, me encanta cómo hablas, dame tu número de móvil y quedamos”. ¡Lo que liga esta cabrona siempre al teléfono!. 2ª  Situación: Un señor cuyo teléfono hacía sonidos raros. De pronto, desde el otro extremo de la sala la oigo decir: “Señor… ¿Usted no oye un pi-pi-pi-pi?”. Luego supe que el caballero respondió: “Escucho un pi, pero no me estoy haciendo pipí”. ¡Qué grande es esta tía!. Situación 3ª: Llama a un sujeto al que, dado nuestro horario, interrumpe en la siesta. Él empieza a gritarle y ella, atención al dato, se pone a lloriquear “¡Ay! ¡Que le he interrumpido la siesta! ¡Lo siento muchísimo, de verdad, de verdad, perdón!”. El señor, sorprendido, intenta tranquilizarla “Bueno, mujer, entiéndelo, me has despertado y me he molestdo, pero tampoco pasa nada!”. Ella, viendo que la táctica efectiva, sigue fustigándose: “¡Sí que pasa! ¡Te he despertado de la siesta! ¡Me siento fatal!”. Él, temiendo que esté a punto de darle un ataque de histeria, comienza a asesorarla: “Por favor, chica, no llores, respira hondo, cálmate… y no te lo tomes a pecho cuando des con un cafre como yo… oye, tiene que ser duro ser teleoperadora ¿verdad?”. Ella, cuyo corazón palpita como una patata frita, asintió: “Sí, es durísimo ¡siempre ando despertando a la gente de la siesta! ¡y todo el mundo se acuerda siempre de mi familia!”. Él, sintiéndose el peor gusano sobre la tierra, le respondió lo siguiente: “No te preocupes, chica, te prometo que ya nunca más volveré a tratar mal a una teleoperadora”. No creo que esta conversación sea calificable, así que paso de ponerle adjetivo alguno, eso os lo dejo a vosotros.
  • TOP FACTOR SILVIA: De todas las situaciones que se me han dado hoy, hay una que destaca muy especialmente, hasta anular todas las demás. Llamaba a un señor para hacerle una promoción de una compañía a la que no puedo nombrar (compañía X) y cuando comienzo a sondearle, me cuenta que ya está con la compañía X. Imposibilitada de vender, le pregunto por curiosidad (por aquello de saber si una vende un buen producto) si se encuentra satisfecho… y me encuentro con que no. Le habían prometido que no se quedaría sin conexión, y le tuvieron diez días pendiente de hacerle la instalación. Una vez que se la hicieron, el teléfono no funcionaba y, por más que intentó, no vino ningún operario a arreglárselo, la suerte que tuvo es que se le arregló espontáneamente a los dos días. Cuando quiso protestar, lo único que encontró fue una encuesta robótica del tipo “si está satisfecho, pulse 1, si está descontento, pulse 2”. Sin embargo, nadie se dignaba a preguntarle por qué estaba descontento. Por ende, parece que ni siquiera le llegaban los megas de internet que le habían prometido. Intentó en consecuencia irse de la compañía: al fin y al cabo una de las cosas de la promoción es que no tiene permanencia, es más, este es el principal gancho que tiene esta promoción. Pero parece que es mentira, para su total consternación estaban intentando cobrarle 60 € por irse. Llegados a este punto, ante la perspectiva de andar vendiendo una mentira, comencé por mirarle qué cobertura de internet le llegaba y llegué a la conclusión de que no era un tema de la compañía X, sino de un fallo asociado con la instalación física de telefónica, y le estuve explicando por qué. Luego, ni corta ni perezosa, acudí a mi coordinadora y le planteé el caso, preguntándole en concepto de qué se supone que le tienen que cobrar a este señor los 60 euros. No dudéis de que me cayó la de Dios “¿qué haces atendiendo eso? ¡Que llame a los del operador X y les dé la lata a ellos! ¡Nosotros sólo vendemos!”. Pero me respondió a lo que yo quería saber: no tenían que cobrarle absolutamente nada por irse. Así que con las mismas le he dicho que no deberían cobrarle NADA hasta que yo sé, que se lea bien el contrato que firmó por si encontrara algo que ni él ni yo sabemos y, si no encuentra nada, que pida explicaciones, que le dejen bien clarito por qué le tienen que cobrar eso cuando le han dicho que no tiene permanencia y, si aún así quisieran seguir cobrándosela, que denuncie, que es lo que debe hacer un cliente cuando se le engaña y se le da un mal servicio. El hombre me lo ha agradecido un montón, encantado de que por fin le atendiera un ser humano, y yo me he quedado con la satisfacción de haber hecho una buena obra (aunque sin haber vendido un carajo) y un dicho revoloteando en mi cabeza: “Para el tiempo que me queda en el convento… ¡me cago dentro!”. Sé que esto me hubiera podido servir para ganar un despido, y más teniendo en cuenta que me han grabado, pero me voy mañana así que… ¡qué bonito es ejercer la libertad moral! Sigo acordándome de eso que me dijo Pablo, es verdad, se me da mal no pensar.
  • Como a mi compi, la padawan, le da pena que nos perdamos la pista, me ha dado su tuenti y ahora la añadiré. Así que igual en el futuro, aunque ya no trabajemos juntas, os sigo contando cotilleos sobre la oficiona y anécdotas de este personaje.

Y ahora, un video que me hace recordar al señor al que he ayudado y, de paso, aprovecho para reivindicar una atención más humana para la gente:

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
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4 respuestas a Día 7: Para el tiempo que me queda en el convento…

  1. chimos dijo:

    Todo eso me recuerda al pobre de cierta compañía que llamaré Z, para que no se sepa cual es, jeje, que me quería cobrar 60 € por digitalizar la linea.

    A mi todo esto me suena tan mal, que me sigo aprovechando del wifi de mi vecino, hasta que se harte de mi, se arrepienta de haberme dado la clave y la cambie, que no está la cosa pa’ meterse en más gastos y no te garanticen ni siquiera un misero mega.

    • vengatriz dijo:

      El caso es que la mayoría de los teleoperadores vamos de buena fe, pero ¿sabes qué pasa? Que los Call Center sólo son distribuidoras, decimos que damos lo que nos dicen que damos, nos convencen de que decimos la verdad, incluso nos exigen que no falseemos datos para hacer fichas (cosa que a mí como empleada me gusta, odio que alienten que engañemos, que es algo que vi en otro tipo de empresa) ¡pero! ¡luego no sabemos si el servicio es bueno malo de verdad! porque trabajamos “aparte”, quienes venden por un lado, la compañía por otro, así que yo vi al señor descontento, me dio mala leche e intenté ayudarle, sencillamente.

  2. variablex dijo:

    Si la gente trata mal hasta a los trabajadores de cara al público que tienen delante presencialmente, es normal que traten mal a los teleoperadores… Y si los teleoperadores están quemados porque los tratan mal tanto los clientes como sus jefes, además de estar mal pagados, es normal que den un mal servicio.

    A veces en la tienda me dan ganas de decirle a algunos clientes “oiga, que soy una persona”… y la dueña de la frutería donde compro, lo llegó a decir en cierta ocasión XD

    • vengatriz dijo:

      A veces se nos olvida ver al otro como un ser humano. Yo reconozco que aprendí a tratar educadamente a los teleoperadores después de mi primera experiencia como una de ellos.

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