Una de anécdotas de bar (VII)


En el capítulo anterior  – ¡qué culebronero queda esto!- la loca acababa de acusar a M.A de haber sido el culpable de la destrucción de su relación. Y, de haber podido, le habría culpado del estallido de la segunda guerra mundial. Yo me limité a preguntar: “¿Cómo es eso?” sin saber qué esperarme de esta mujer. Y esto fue lo que me contestó: “Mira, M.A era amigo de J. además de alumno y así fue acogido en mi casa. Tú sabes cómo acojo yo en mi casa, con todo el cariño del mundo. Sin embago, a pesar de lo bien que le había tratado, M.A comenzó a malmeter. ¿Te quieres creer que le preguntó qué hacía él andando con una vieja como yo?sí, me lo podía creer “¡Y eso no fue lo único! ¡Se puso a presentarle mujeres, incluso se lo llevó de putas! Lo que pasa es que mi J es muy sincero y a mí me lo cuenta todo…”

Aquí osé interrumpirla con un leve comentario: “Bueno, M.A pude decir misa y hacer lo que sea, pero J se supone que es una persona que tiene criterio, así que si te deja, si conoce mujeres, si se va de putas o hace lo que sea, es culpa suya y no del otro…”

La mujer volvió a soltarme un berrido: “¡No! ¡Es que J no es una persona normal, mijita! ¡Él, por sus problemas psicológicos no tiene voluntad y hace lo que la gente le dice que haga!”.

Primera vez que estuve de acuerdo con la tiparraca. je.

Ella continuó con su historia: “Y fíjate, que J aquellas mujerzuelas ni siquiera le trataron bien… ¡se burlaron de él! Claro que se burlan, porque todas notan que él es un chico especial, muy noble, muy inocente…”

¿Es cosa mía o le llamó sutilmente gilipollas? Si algo me queda claro, por si me cabía alguna duda, fue qué vio ella en él.

Y seguía, porque cuando esta mujer habla es como si le dieran cuerda: “El caso es que él sabe cómo son las cosas y nadie le obliga a estar conmigo. Él sabe que está con una vieja y que un día esto terminará y, cuando termine, yo volveré a mi tierra y resolveré mi final, porque esto cansada y no tengo nada más que hacer con mi vida, mijita”.

Sí, lo que estáis leyendo. Por si el pobre no tuviera suficientes problemas, le tocaba encajar amenazas de suicidio en caso de ruptura de la relación. Pedazo de chantajista estaba hecha. Si quiere matarse, que se mate, pero que no incordie – iba a poner “dé por culo” pero queda menos literario y una debe cuidar un poco ese lenguaje de camionero que le sale a veces-.

“Él sabe también que yo jamás le obligué a empezar esto” eso me habría gustado verlo ” que fue él quien vino a mí, yo nunca quise empezar, aunque la verdad es que me alegró la vida, pero sé perfectamente que es un niño y que la relación tiene los días contados…”

Aquí es donde una se da cuenta de que la mujer está hablando como si supiera que la relación no se fuera a romper en ese mismo momento. Curioso.

Mientras manteníamos esta conversación, a nuestro alrededor se había ido montando un bonito cuadro costumbrista: el pack “madre-hija-amiga de la hija” andaban charlando en inglés con la pobre A, que seguía en Babia, mientras el otro alumno misterioso se había llevado  a J a un banquito no tan cercano como para permitirle oír la conversación y no tan lejano como para perdernos de vista. Aunque todos simulasen ignorarnos, todos andaban a la espera de ver cómo se desarollaba mi conversación con la bruja, pero habían tenido la gran consideración (los muy cabrones) de dejarme, en cierto sentido, “a solas” con ella.

Mientras tanto, por si a mí me faltara tensión, empecé a recibir llamadas incesantes de móvil. Miré la pantallita. Cómo no, M.A, intrigado por la falta de noticias. Él, al ver que por más que llamaba, no le cogía el teléfono, me mandó un mensaje del que se deducía que estaba tan cabreado como intrigado: “¿No habíamos quedado en que cuando supieras alog me avisarías? ¿Qué pasa? ¿Que me quieres dar plantón o qué? Haz el favor de contestar, que me estoy mosqueando”. No me quedaba otra que respirar hondo, sacar pecho y plantear la situación. Lo intenté hacer del modo más adecuado que se me ocurrio, dadas las circunstancias: “Verás, M.E, siento que hayas tenido tantos problemas con M.A, yo no puedo opinar sobre ellos porque sólo le he visto una vez y habremos charlado un par de veces, así que es sólo un conocido. El caso es que ambos teníamos ilusión en hacerle una despedida y creo que J se la merece, considerando que quizá no le veamos más. No gran cosa,nuestra idea era irnos a tomar un par de cervecillas. La cuestión es que J lo sabía, por eso yo sabía cuándo localizarle. Entiendo que no quieras ver a M.A, pero yo me había comprometido con el a avisarle si se hacía la despedida, así que tengo que saberlo, porque me está pidiendo explicaciones por el móvil y se las tengo que dar”.

Pero nada, no se puede razonar con quién  no es razonable: “¡Ni se te ocurra contestarle! ¡No es alguien bien recibido! ¿Sabes por qué escondí el móvil? Porque J, después de todo lo que pasó, prometió no hacer nunca más caso de M.A y éste comenzó a acosarle con llamadas permanentes ¡eso era un infierno! y una, por más que sea una señora, no siempre puede mantener la educación. Además… ¿Cómo es eso de que pretendíais hacer la despedida SIN MÍ? ¿Es que queríais puentearme?”

¡Qué tía tan terca! “No, mujer, es que la idea era hacer una reunión de alumnos y lo propio es que no haya parejas, pero ni la de J ni la de nadie, porque es una cosa muy específica, tampoco nos lo íbamos a llevar de farra, eran sólo un par de cervezas lo que nos íbamos a tomar…”

Y salió la fiera otra vez “¡Ja! ¡Sólo un par de cervezas! ¡Ya te conozco yo a ti cuando dices de tomarte sólo un par de cervezas! ¡Luego J llega a las tantas de la mañana!”

Recordemos que yo de cervezas con J sólo fui una vez y que, encima, técnicamente, él se autoinvitó, porque nadie le había llamado. Oyendo a esta señora parecía que yo me hubiera dedicado todo el curso a irme de cervezas con el profe. Así se comienza a echar fama de alcohólica conocida.

Y mi teléfono seguía incordiando. Y no sólo el mío. También el de J que, dicho sea de paso, le dijo dos frases y colgó. Era M.A, cómo no, que en aquellos momentos debía estar haciendo repaso mental de todo mi árbol genealógico.

Entonces, afortunadamente para mí, la gente que se dispersó acudió en mi rescate. Volvieron a aproximarse, oportunidad que aproveché para preguntar “Entonces ¿en qué quedamos?”.

El pack “madre-hija-amiga” alegó estar muy ocupado, diciendo que lo sentían mucho pero que no podían quedarse si había una despedida. Reacción natural dadas las circunstancias. Posteriormente hablé con ellas y me confirmaron mi impresión inicial: la loca las había espantado. La británica fue mi gran aliada, así como el descubrir que entre los múltiples talentos de M.E no se encontraba hablar inglés, lo que me permitió, en un instante en que los presentes se distrajeron hablando unos con otros, contarle de manera directa que yo había propuesto hacer una fiesta y que la gente no quería porque M.E se había puesto celosa y, además, estaba muy enfadada con uno de los amigos de J, que era el que me llamaba por teléfono. Su reacción a todo esto fue manifestar su opinión dando saltitos y repitiendo una palabra inglesa internacionalmente conocida: “Party! Party! Party! Party! Please! Party! Party! Party!”. Ya os dije, es una británica como un castillo, pero se le ven los veinte años. Era para desovariarse de risa.

Ante aquella situación, la encantadora M.E propuso irse ella a casa con J y que nos quedáramos el otro alumno y yo con A para llevarla de “Party, Party, Party”, todo esto mientras J ponía cara de cachorrillo abandonado, con los ojos enrojecidos y dándole la mano a la piruja , declarando que no se preocupara, que no pensaba separarse de ella. Entonces propusimos que M.E se viniera con nosotros, pero ni le apetecía, ni le daba la gana, ni tenía dinero para hacer gastos fuera de casa. Al final, cuando yo pensaba que la cosa iba a disolverse y que lo mejor era que así fuera, M.E propuso que hiciéramos la despedida en su casa nueva, sí, esa que queda al ladito de la mía, aunque a la vez que lo proponía, se quejaba de que los supermercados estaban y cerrados y no tenía nada que ofrecer. Rezumaba mala leche.

Así fue como se zanjó el tema. Yo sobreviví a aquella “despedida” dedicándome a hablar con la británica, lo que me supuso un gran espaldarazo de cara al examen; hablamos de cuatro o cinco horas de conversación mantenidas íntegramente en inglés; después de eso o aprobaba el PET o me arrojaba desde lo alto de un puente. Afortunadamente, en la única oportunidad en que tuve más intimidad (el otro alumno habá decidido llegar a la casa de J por su cuenta, porque antes tenía que hacer unas cosas y tanto J como M.E estaban preparando algo de picar) pude mandarle un mensaje a M.A explicándole que por razones ajenas a mi voluntad me era imposible contactar con él, avisándole también de que M.E le odiaba, y también pude conversar con A acerca de la situación de su hermano. Ella me confesó que toda su familia odiaba  esa mujer, que estaban todos muy preocupados, que sólo habían visto a J un par de veces en dos años y que en un intento anterior que tuvo de dejarla, M.E le hizo chantaje escribiéndole que estaba teniendo problemas cardíacos por pura desesperación, haciéndole, de este modo, volver a su lado. Incluso se echó a llorar la chiquilla mientras me contaba esto.

No obstante, sobreviví a la cena y al día siguiente hice algo que me moría por hacer, llamar a M.A, disculparme, explicarle con todo lujo de detalle lo que sucedió y, si era posible, porque mi lado cotilla está ahí por lo que vale, sacarle su versión de los hechos.

Y vaya si me la dio. Pero eso queda para el próximo capítulo, así que…

CONTINUARÁ

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Acerca de vengatriz

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6 respuestas a Una de anécdotas de bar (VII)

  1. jairo dijo:

    Dios silvia sin duda increible, lo de la bruja esta es algo particular, menos mal que parece que todo va cogiendo un rumbo bueno, pero la verdad compadezco a J

    • vengatriz dijo:

      Es digno de compasión el pobre J. No obstante, le quedan sorpresas a esto antes del final. Para mañana, el último capítulo de la serie. Ya no queda mucho que contar (aunque lo que queda es apoteósico, ya lo verás) y a la de ya estaremos hablando de todas las cosas que tengo que solucionar en septiembre 🙂 porque agosto ya ha terminado y ahora toca ponerse las pilas. Me explayo con las anécdotas más que un sacamuelas XD

  2. raphaela dijo:

    El pobre inglés es un débil mental, además de otras cosas. Deberían sus padres ir a Almeria, tomarlo de las pestañas y reintegrarlo a su Albion natal. De lo contrario todo terminará muy mal, Para él, claro.

    • vengatriz dijo:

      Opino lo mismo, a más de uno y a más de una deberían sus padres tomarlos de las pestañas y llevarlos a sus respectivas tierras, peeeeeero se supone que no es legal hacer eso con mayores e edad. Luego pasa lo que pasa.

      Un besote, Lita

  3. variablex dijo:

    Esto de trabajar a jornada partida es un asco, no queda tiempo para nada…

    ¡Genial la hermana del inglés! Seguro que la pobre se preguntaba que habría hecho para tener un hermano tonto. No me extraña que tuviese ganas de party. ¿Te imaginas lo que tiene que ser alojarse en casa de una cuñada como esa una temporadita?

    No me gustan los clichés, pero hay una pauta que se repite: todas las relaciones que conozco en las que la mujer es mucho mayor que el hombre (y, por cierto, son muchas más que al revés), la mujer suele tratar rematadamente mal a su pareja, como si fuese una mascota, o algo así. No sé si ocurrirá lo mismo con la relaciones en que el hombre sea mucho mayor que la mujer (me refiero a si el hombre tratará mal a la mujer).

    • vengatriz dijo:

      Yo no conozco muchos casos, la verdad, así que no puedo opinar sobre ese cliché. Cuando vea más casos, y supongo que tenderán a aumentar, ya te contaré.

      En cuanto a la hermana del inglés, tenía toda mi solidaridad. Qué mal tuvo que pasarlo la pobrecita los días que estuvo en mi tierra.

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