Cómo madrugar y no morir (III)


Hoy pensaba que esta categoría debería haberse llamado “Cómo madrugar sin morir y sin languidecer penosamente”. Anoche no conseguí dormir antes de las 2 y eso que me di mi buena duchica. Haced cuentas, entre las 2 de la madrugada y las 6 no va mucho (cuatro horitas) aunque una cosa es que yo escuchara las alarmas y otra que me decidiera a salir de la cama. Es mi costumbre ponerme cinco alarmas separadas en lapsos de 15 minutos. Por esto tenía mi alarma de las 6, de las 6.15, de las 6.30, de las 6.45 y, la última, de 6.50, porque a las 7 debía estar ahí. Yo escuchaba mis alarmas pero no fui capaz de moverme hasta las 6.45.

A las 7 estaba saliendo, así que debí llegar a las 7.05. No fue un gran problema, ya sabéis que realmente nuestro horario empieza a las 7.30 y que la compi y yo quedamos antes por gusto.

¿Y qué hay por las calles a esas horas?

  • Me encontré al tipo que plancha y coloca las calles todas las mañanas. Le saludé de parte de Pablo.
  • Gente que hace footing. No sé si son héroes… o no.
  • Gente que viene de marcha. Sí, eso implica que salieron de farra, como mínimo, el lunes por la noche; día más raro para pegarse una juerga no lo fabrican.
  • Gente que pasea al perro… y perros que se acuerdan de la familia de sus dueños.
  • Profes de aula matinal que van al trabajo, pensando que la hora es tan brutal que hasta los psicópatas deben estar durmiendo.

Dentro del patio encontramos una camiseta. Cosa rara, no recuerdo si ayer comenté que también encontramos en el patio un par de calcetines. Tenemos sospechas de que alguien salta la verja por las noches y se dedica a despelotarse por razones que ignoramos [insertar BSO de “Expediente X”].

Mucho no nos dio tiempo a limpiar. Apenas pudimos examinar nuestros materiales o, mejor dicho, los que parecían ser nuestros materiales. Luego no resultaron ser nuestros, según nos fueron apuntando los chiquillos, los del comedor también invadieron nuestra miniaula – digo “invadieron” porque, aunque la sala principal era compartida, una salita contigua y más pequeña era exclusivamente nuestra- así que hablar con la gente del comedor mañana a las 4 de la tarde para repartirnos el espacio como personas civilizadas se hace imperativa.

Nos llevamos algunas sorpresas:

  • Nos dijeron que una de nuestras primeras obligaciones era dar a todos los niños el desayuno. Eso es un problema cuando descubres: a) que llegan a destiempo, es decir, no aparecen todos a las 7.30, los padres les van dejando según van pudiendo; b) que la mayoría, al menos de momento, llegan desayunados a la casa. ¿Por qué problema? Porque esperando a que estén todos, los otros niños que están en el aula se quedan en stand by.
  • Tenían que haber llegado 25 chavales y sólo llegaron nueve. Y menos mal, porque esto es una ventaja, así nos vamos adaptando gradualmente. Ya fue con nueve y tuvimos algunos problemas.
  • Lo primero que habíamos planteado, fruto de la inercia pedagógica, son actividades de presentación. Eso está genial cuando los alumnos no se conocen. Sin embargo, allí sólo había dos nuevos, así que no era demasiado pertinente. Las nuevas somos nosotras, no sólo ellos. Aunque fue curioso eso de hacerles decir su nombre y algo que les gustara y que no les gustara mientras se hacían pasar una pelota. Descubres, por ejemplo, que como alguien diga que le gustan los gatos, media clase va a decir que también les gustan los gatos. Eluden pensar, aunque con lo temprano que es, tampoco me extraña. Los que no se copian del resto y dan respuestas fuera de lo previsible son los que anuncian ser más creativos, aunque pensativa me ha dejado una de las chicas mayores cuando ha comentado: “no me gustan las chicas que llevan el pelo tan corto que parecen chicos”. Esta muchacha debería haber visto qué pelo tan corto llevaba yo hace un par de años.
  • Aparte de ellas, también pensamos en hacer alguna actividad de establecimiento de normas. Esta la resolví yo, que directamente les pregunté qué normas les parecían necesarias. El caso es que la idea de preguntarles era buena, pero aquí caí en la cuenta que llevaba sin manejar un grupo de niños desde las prácticas de magisterio, lo que viene a ser desde 2004. Por cierto, os paso nuestra constitución provisional, que imagino que seguirá creciendo según se vayan dando problemas en clase: 1. No insultar; 2. Hacer caso a las seños; 3. No escaparse (pedir permiso antes de salir); 4. No insultar; 5. No romper las cosas; 6. Escuchar a los demás cuando hablan (no interrumpir); 7. Recoger los materiales. Como se ve, pues casi todas las han dicho ellos, en el fondo los críos saben muy bien cómo tienen que portarse. Lo que me conduce a mi viejo axioma de “los niños son niños, no tontos”. Para el próximo día, por razones esotérico-psicopedagógicas habrá que redactar todas las normas en términos positivos y, entre toda la clase, hacer unas cartulinas con las normas y ponerlas en clase.
  • Todos los materiales para elaborar murales pertenecen al comedor. A nosotros ni el centro ni nuestra empresa nos han dado materiales. Mi compi va a traer el próximo día de su casa recursos propios para que ellos elaboren las normas y las peguen en la pared. Estas son las clase de cosa que no entran en el sueldo.
  • Algunas consecuencias de las diferencias de edad: Los mayores van de enterados y nos cuentan qué tenemos que hacer, en base a lo que hacían con ellos el año pasado. Estos son los que han protestado cuando hemos cogido la pelota: “Seño, hay un problema, el director nos castigó el año pasado a los de aula matinal sin pelota para siempre”.  A estos chavales todavía les queda aprender que los castigos eternos no suelen ser tan eternos, un castigo no es capaz de prolongarse en su duración más allá de la memoria de quien lo impone y no hay nada como un verano para resetear la memoria docente. Por su parte, los pequeños son tímidos, aunque suelen tener hermanos mayores que van con ellos, y son más de  romper a llorar porque echan de menos a su madre.
  • Una sorpresa agradable: Hasta el momento no hay ningún alérgico ni ningún caso de problemas de salud destacables. Vamos a ver si esta agradable estadística se prolonga cuando lleguen más niños.
  • Una sorpresa desagradable: Debido a nuestra obligación de: 1. llevar a los niños pequeños a su aula y 2. vigilar que no se escape ningún chiquillo, hemos permanecido en el patio durante el tiempo en que se forman las filas hasta que los niños han entrado y, entre unas cosas y otras, yo he vuelto a mi casa a las 9.30. Tiempo de trabajo figurado: 7.30- 9.00. Total: hora y media VS Tiempo de trabajo real: 7.00-9.30, total: 2 horas y media. Casi el doble de lo que nos piden.
  • Una conclusión laboral: Los maestros no estamos acostumbrados a trabajar juntos en una misma clase. Ya sabéis que mi compi me cae bien, pero hoy me ha desagradado experimentar que tenía mayor soltura que yo. Es normal; ella está trabajando como docente desde que se tituló (baste decir que estudió en un colegio privado) y yo no he trabajado con grupos de niños desde el 2004. A ver si ahora espabilo rápido y lo compenso.

He llegado tan fundida que nada más llegar me he acostado y he dormido fatal, soñando que bailaba con mi hermano el “Viva España” en un patio de recreo. Podéis reíros, tenéis mi permiso. Llevo una semana de sueños la mar de absurdos.

Tengo pendiente contaros cómo nos fue en la academia preguntando acerca del asunto AuPair-Irlanda.

Podría seguir contando más cosas, pero a pesar de la siesta matinal me sigo muriendo de sueño. Estoy luchando desesperadamente contra Morfeo, que quiere seducirme para que me eche otra siesta esta tarde, pero no va a poder ser… creo… Por esto, sólo puedo poner esta canción:

 

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
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4 respuestas a Cómo madrugar y no morir (III)

  1. Mery dijo:

    Parece que no va tan malXD Mucho ánimo y en serio que te admiro, yo no soporto a los niños!

  2. variablex dijo:

    ¡¡Gracias por darle recuerdos de mi parte al señor que pone las calles!! Su trabajo y tu sacrificio merecen reconocimiento. Como voy muy atrasado en la lectura, no te doy consejos para madrugar y no morir ni languidecer, porque no sé si a estas alturas ya lo tienes dominado.

    P.D: Cuando yo trabajaba dando clases extraescolares de informática, los niños mayores también me orientaban sobre cómo se hacían las cosas. Más majos ellos… Y los peques eran tan monos…

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