Especial: Cómo ir al hospital y no matar (previa)


Aquí otra entrada de “Cómo madrugar y no morir” aunque bien podría llamarse“Cómo ir a un hospital y no matar” porque antes de hablar de mi jornada laboral de hoy es imprescindible hablar de la tardecita tan chula que pasé ayer.

Ayer operaron a mi hermana de un tumor en el ovario izquierdo, pero como la palabra tumor causa muy mal rollo, vamos a sustituirla por ALIEN. Así pues, ayer a las doce nació, por cesárea, un Alien muy feo de un tamaño de 5×4 cm. Estos días el ginecólogo se va a dedicar a someterle a un interrogatorio exhaustivo para contarnos de aquí a unos días si el bicho es un buen o un mal chico.

Nota “a posteriori”: Parece que en principio es sólo sangre, lo que llaman “un quiste de chocolate”.  En palabras del ginecólogo, que es así de descriptivo: “Había chocolate como para dar de comer a todo el hospital”. Y ahora es cuando intentáis, al igual que yo, no visualizar las implicaciones de esta frase.

Cuando llegué al hospital esperaba encontrarla jodida, pero no tanto. Parece ser que primero le pusieron anestesia epidural y sobre la marcha le pusieron la general, así que la pobre estaba obligada a usar la cuña para hacer sus necesidades y a duras penas podía moverse, pero esto es lógico. Lo que no es lógico es que rabiara a lo salvaje. Desde que despertó de la anestesia (alrededor de las cuatro de la tarde) estuvo rabiando (llorando, gritando, desesperada) hasta las, aproximadamente, seis de la tarde. Mi madre y yo no parábamos de quejarnos a los ATS pero empezaron a decir gilipolleces del tipo:

  • Hay que esperar a que haga efecto. Esta excusa sólo vale para la primera hora. Más de dos horas estuvo esperando la pobre y querían que esperara tres.
  • Es malo mezclar medicamentos distintos; puede bajarle la tensión.Eso se evita dándole la medicación que necesita desde el minuto uno, así no hay que mezclar.
  • Se queja tanto porque no tiene costumbre de soportar el dolor. Hay comentarios que sólo merecen cagarse en la madre de quien los profiere (un/asádic@). Ese es uno de esos comentarios. Mi hermana ni tiene costumbre ni tiene por qué tenerla; eso es un hospital y analgésicos deben tener. Aunque aquí la que casi merece que le saquen los ojos con una cucharilla de postre fue una de las ATS que comentó “la niña es muy poquita cosa, oye, nena… ¿a ti cuando te duele la regla no te vale un ibuprofeno?”. Daban ganas de responder: “Oye, tú también eres muy poquita cosa ¿qué te parece si te parto una pierna y pruebo a que se te pase con un ibuprofeno? Recuerda que si no te funciona, tienes que esperar tres horas ¡no sea que te vayamos a saturar!”.
  • Lo que pasa es que estamos reservando los morfínicos para la noche. ¡Bravo! Al menos acabaron reconociendo que necesitaba morfina. Ya cuando las ATS captaron que iba a arrojarlas por una ventana, accedieron a darle algo más fuerte que la tuvo medio dormida toda la tarde y parte de la noche.

Bonus track: Mención de honor al decorador/a del hospital. Recorriendo las instalaciones, me fui encontrando con diferentes obras de arte, ese concepto tan relativo Me estoy dedicando a fotografiarlas y, si es posible, intentaré compartirlas para ilustrar esta entrada. Esas obras son las siguientes:

  • Follón en el circo: Hay una bronca entre el mago, el payaso y la bailarina, si no recuerdo mal. Ella llora y el primero encañona al segundo con una pistola, o viceversa. Ubicación: sótano 1, donde se hacen las pruebas.
  • Alma atormentada: Un señor se mira al espejo. Él y su reflejo gritan con una mueca horrorosa. Transmite una tranquilidad que te cagas. Ubicación: Planta 0.
  • Niños de la postguerra: Para mí este es el menos horrible, pero mi madre no lo aguanta. Son tres niños de espaldas, sentados en un muro, mal vestidos y contemplando algo como una ciudad en ruinas. La niña más alta, quizá la hermana mayor, abraza a los otros dos, como intentando protegerles. Ubicación: plata 3, ginecología (la habitación que ahora ocupa mi hermana y en la que también meten a las mujeres que dan a luz).
  • El niño-zombie: Le odio. Era el cuadro (fotomontaje) que estaba justo al lado de mi hermana. Es un niño que está de espaldas, pero muy tieso y girado sobre sí mismo, de tal manera que se ve perfectamente su cara. Lo peor es que esta tiene un rictus antinatural: sale con los ojos cerrados y el aspecto completamente relajado, como si durmiera, pero ese gesto es incompatible con la pose y con la actitud, de tal manera que recuerda a esos niños que se fotografiaban muertos en el siglo XIX (¿alguien ha visto “Los otros”?9. No soportándolo más, le metí dentro del armario y avisé a los ATS de que no había secuestrado al niño-zombie, sólo le metí en el armario castigado. A toda mi gente le dio esa misma impresión, pero ellas comentaron algo como “¡Si todo el mundo dice que ese niño es muy mono!”. “No es que sea feo el niño” contesté “sólo parece que está muerto”.

Llegué a mi casa a las 11 de la noche, pero no logré dormir hasta pasadas la 1, tenía la ansiedad metida en el cuerpo. Tampoco había dormido siesta, como es lógico, dado el estado de mi hermana. Lo que sí hice fue dar plantón a una chica con la que había quedado para celebrar su cumpleaños. Como es lógico, ante la urgencia de la operación, olvidé completamente el cumpleaños.

¿Qué os parece? ¡Monto un circo y me crecen los enanos!

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
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6 respuestas a Especial: Cómo ir al hospital y no matar (previa)

  1. Rafael dijo:

    La verdad es que quitando la parte seria de lo de tu hermana, me he reído con tu descripción. Que todo salga bien y un abrazo.

    Rafael

  2. jairo dijo:

    madre mia silvia quedate con lo mejor que tu hermana espero que salga genial de esta, por que lo de los hospitales es para escribir aveces novela y de terror

    • vengatriz dijo:

      Rafael: Lo de mi hermana ha sido serio, pero por suerte salió bien. Era más lo que parecía que lo que era. El tema es que lo haya pasado tan mal la pobrecita sin necesidad. Quitando ese dato, lo pienso y me río hasta yo, sobre todo con el mal gusto que tiene la mente brillante que puso los cuadros; pa molerl@ a palos! Un besote 🙂

      Jairo: Sí, lo de los hospitales es muy fuerte y a mí que me digan lo que quieran, que estoy convencida que tanto regatear con los analgésicos es por AHORRAR. Factor Crisis.

  3. variablex dijo:

    Me encanta la “delicadeza” que los médicos muestran cuando hablan de sus pacientes. Mi hermana, la veterinaria, hace comentarios del mismo tipo (“ayer castré un perro que tenía los testículos tan grandes que no sabía si tirarlos o echarlos al puchero”, “vale, vamos a tomar café, pero antes… ¿me acompañas a la clínica? Es que tengo que meter un perro muerto en el maletero de mi coche para llevarlo a la incineradora”). No comprenden que para el resto de los mortales… en fin, que no lo comprenden.

    Me parece fatal que si tu hermana estaba sufriendo dolor no le aumentsen o cambiasen los analgésicos. Vale, puede que su umbral de dolor sea más bajo que el de otras personas… pero si le duele, le duele. ¡Ni que fuera culpa suya!

    • vengatriz dijo:

      Yo imagino que hay profesiones que endurecen y que es bueno que les endurezcan porque si no, no podrían ejercer su profesión, pero… ¡podrían tener un poco de empatía!

  4. Pingback: Cómo ir al hospital y no matar (arte) II | ¡Abajo las oposiciones!

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