Cómo madrugar y no morir (X)


Antes de comenzar con la jornada laboral, toca hablar de lo importante: mi hermana ya ha recibido el alta hospitalaria. Hoy a eso de las dos ha llegado a casa y ahora le queda una semanita de recuperación doméstica, lo que hará la cosa más llevadera (se acabaron los turnos de hospital). Gracias a todos los que os habéis comunicado conmigo interesándoos por mi hermana. ¡Sois unos primores! 🙂

En cuanto a mis hábitos de sueño, es inevitable comenzar diciendo que con tanta guardia de hospital (ayer eché toda la tarde, el día anterior también) hoy he compensado el sueño y el agotamiento a lo bestia: me eché a dormir sobre las 14.30 h (sin comer) y no me he despertado hasta que mi cuerpo me lo ha pedido, cosa que sucedió en torno a las 18.30h, si bien he de confesar que ayer en el hospital me concedí una siesta de dos horitas, aprovechando que mi hermana también dormía, aunque no fue un sueño muy reparador: quien ha hecho guardias de hospital a un familiar, sabe que no se puede descansar profundamente, el menor ruido o alteración te despierta y casi que merece más la pena no dormir. Otra cosa que debo confesar es que anoche, probablemente por culpa de aquella siesta previa, es que acabé yéndome a dormir a las 2 de la mañana y, lo que es peor, despertándome a las siete, por lo que he tenido que estar lista y en la escuela en apenas un cuarto de hora. Parecía Flash.

Por lo demás, la jornada ha pasado muy rápido. Paso a resumiros las cosas más relevantes del día:

  • Mi compi consiguió arreglar la tele, pero los niños se empeñaron en que preferían jugar a ver “Robots”. Una situación que a partir de la semana que viene no volverá a darse porque ya arrancamos con el desarrollo estricto e la programación, así que no les consultaremos qué se hace, la rutina la imponemos nosotras. Lo que es, es. Y una de las cosas obligatorias los viernes son dos actividades que dieron problemas en días anteriores: el cuenta-cuentos y el visionado de películas.
  • La madre-coñazo ataca de nuevo. Creo que a partir de ahora la llamare “Firefox” por no llamarla Godzilla. Encima me pilló sola en el aula, la que en ese momento la compi andaba en la Biblio peleándose con los cables de la tele. El caso es que la mujer, ni corta ni perezosa, me abordó ante las niñas, haciendo el número de hablar con la niña de tal manera que la niña dijera “sí” a todo: “¿A que el otro día en la cola te quedaste solita?” (niña que asiente) “¿A que sólo te vigilaba de lejos una de las niñas mayores?” (niña que vuelve a asentir, muy seria) “¿A que luego lloraste toda la tarde?” (niña que asiente, haciendo pucheros de recordarlo) “Pero no te preocupes, nena, que las seños me han prometido que se van a quedar contigo en la fila hasta que subas a la clase… ¡ah, una cosa más! ¡no le quitéis la chaquetilla torera, que hoy hace frío!”. Pues bien, nada más comenzar, fue salir la madre por la puerta y quitarse la niña la torera, lo que me pareció genial porque hoy hacía bochornazo. Sólo se la volvió a poner para salir a jugar al patio… ¿qué MIERDA va a hacer la niña con la torera puesta dentro del aula? Luego, hablando con la compi a propósito de este caso, me fui dando cuenta de algunos datos. Por ejemplo, es verdad que el día de marras no la llevé yo a la fila, lo había olvidado porque el pasado lunes sí la llevé, pero es verdad que el resto de los días me quedé recogiendo la clase mientras mi compi dejaba a los niños en su clase, en un intento de salir las dos antes de las 9.20; si ambas nos dedicamos a llevar niños y luego nos ponemos a limpiar, tardamos más. No obstante, ella llevó a la niña y la dejó en su cola, que es su obligación, tal y como yo hice el lunes. No hay obligación de quedarse junto a ella en la cola hasta que se la lleven a clase y, como os comenté, es que la niña demandaba que no nos quedáramos con ella… ¿Qué ha pasado? Pues que la madre, que ha de sentirse culpable porque suelta a la niña a las 7.30 de la mañana en el cole y la recoge a las 16.00 debe sentirse culpable y no se le ocurre mejor modo de descargar la culpa que ese: dándonos la lata a las pobres monitoras. En cuanto a lo de la niña mayor, es que la chica de 12 años de la que os he hablado alguna vez, parece que de propio impulso se dedicó a hacerle compañía. Viendo el cambio de actitud de la peque, le preguntamos, ya a solas, si de verdad se sintió tan solita en la fila. Nos dijo que sí. Entonces le preguntamos “¿Y a quién echas de menos? ¿A las seños?” y ahí vino aquella respuesta tan cierta que tanto ha de escocer a la aludida: “No, a mi mamá”.Esa sí que es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
  • La niña que quiso llamar la atención ayer, intentó volverla a llamar hoy. Creo que eso se debe a que le caigo bien, porque en ambas ocasiones intentó llamar MI atención. Y en cierto modo sospecho que la que inicialmente mostró preferencia inconsciente por esa cría fui yo, porque es muy maja. Hay una cosa que conviene explicar a quien esté leyendo esto y pensando que soy lo peor: los profesores somos personas y los alumnos también son personas. Los fenómenos de simpatías y antipatías se dan en un aula al igual que se dan en la vida. El profesor no puede evitarlo. Lo que sí puede hacer es analizar lo que hace y ser consciente de qué críos le caen bien y qué críos le caen mal e intentar tratar a todos por igual, porque no admitir esto de modo consciente es permitir que sea tu inconsciente el que funcione y entonces sí se trate a los niños de manera desigual. El tema con esta chica hoy fue estaba jugando a un juego de bloques con parte de la clase y cada vez que hacían algo, me llamaban para que lo viera. En  un momento dado, me fui a acompañar a la hija de Firefox a coger un cuento y cuando me doy cuenta, me encuentro a esta niña llorando y discutiendo con sus compañeros. ¿Qué pasaba? Ella tenía una pieza que los otros necesitaban. Ella ya había terminado de jugar, los otros no, pero lloraba amargamente porque decía: “¡No os voy a dejar mi pieza! ¡Quiero enseñar antes mi construcción a la señorita!”. Así que el problema era que ella no quería que viera su gran obra de ingeniería incompleta y hasta que yo no viera lo que ella había hecho, no pensaba dejar esa pieza a nadie. Y hala, a llorar. Cuestión que se ha arreglado con un “Muy bonito, ahora déjasela, el juego es de todos y hay que compartir”, aunque me he quedado pensando nuevamente en la necesidad de llamar la atención de la muchacha.
  • Hoy el rubito, el amigo del latino, el de los desayunos lentos y las gamberradas rápidas, pero con sorprendentes conocimientos de ajedrez, nos vino malo y me dio pena. Es el efecto otoño, cambia la estación y se declaran las epidemias en el aula. Al niño se le notaba en la cara que tenía unas decimillas de fiebre. Su madre nos confirmó que le había dado Dalsy. “Lo siento mucho, de verdad” nos decía “sé que está malo y que no debería habérmelo traído, pero os juro que es que no tengo dónde dejarlo y no me queda más remedio que llevármelo aquí pero, por favor, si empeora, llamadme al móvil y vengo corriendo”. ¿Sabéis? Bien pensado, aunque ignoro las circunstancias personales de la mujer, me ha dado tanta pena como el niño. La que no me da ninguna pena es Firefox, que merecería que la hicieran correr sin pausa desde Almería hasta Andorra. En fin.
  • Finalmente, día de juegos variados y más rato de patio del normal, aunque mientras la mayoría de críos andaban en el patio, los dos de 6º y el niño que estaba malo, se quedaron en la biblioteca leyendo. Otra cosa en la que habrá que trabajar: los mayores no pueden estar desmarcándose siempre de las actividades del grupo. Volvemos a lo mismo, cuando empecemos a aplicar la programación, van a variar muchas cosas. El caso es que hoy han tenido cierta gracia, les he pillado leyendo a oscuras historias de vampiros. Cuando he ido a encenderles la luz, porque se les iban a caer los ojos de las cuencas, han empezado a gritar “noooo, por favoooor, seño, no hagas esoooo… que estamos leyendo historias de miedo y a oscuras es más divertido”. Mi lado granaíno ha tenido que contestar: “Mirad, nenes, que yo os entiendo y si pudiera, para darle un ambiente más gótico a la cosa, os ponía un candelabro encima de la mesa, que es lo que pega, pero a falta de candelabros góticos, no me queda otra que encender la luz o se os van a caer los ojos de las cuencas”.  Han intentado alegar que ellos ya son miopes y que les da igual, pero hay cosas que no se discuten XD. No obstante, yo también he sido joven y también he leído a oscuras y peor, en noche cerrada, metida en mis sábanas e iluminando levemente las letras con ayuda de una linterna porque no quería que mis padres me pillaran, lo de trasnochar me viene desde joven… ¡Ah, me siento vieja!

Y ahora quiero compartir lo que mi mente perversa ha maquinado para deshacerme del acoso de FirefoxDescarté inicialmente lo de ir con el cuento al director y al tutor porque no sé si la madre hablaba de farol o era verdad y, en cualquier caso, es malo que le lleguemos con follones al director, podría implicar quedarnos sin trabajo el curso que viene y, aunque una pretende acabar en Dublín, no es buena idea ir cerrándome puertas. El caso es que se me ocurrió que, como vamos a empezar con la programación ya, un día me dedicaré a repartir una CIRCULAR a los padres, profesores y al director en la que se explicará:

  • Quiénes somos. Nuestros nombres, móviles y correos electrónicos.
  • Cuál es nuestro horario. A ver si con esa sutileza se enteran los padres de los mellizos que no pueden seguir escupiendo a los nenes a las 7.20 y, de paso, alguna madre se da cuenta de que no nos puede exigir que tomemos tiempo de nuestro horario para decirle a la niña adiós con un pañuelito mientras se la lleva su tutor.
  • Cuáles son nuestras obligaciones, para que sepan qué se nos puede pedir y qué no.
  • Cuáles son sus derechos, que obviamente también los tienen. Entre otros, pueden pedirnos la hoja de reclamaciones si desean quejarse, solicitar nuestra programación para ver qué actividades haremos y conocer nuestra página web.
  • Todo ello aderezado con palabras políticamente correctas, para que no parezca una maniobra agresiva.

De esa manera, con un mismo gesto, informamos a los padres de que no se columpien, enseño a los tutores qué quejas de los padres son legítimas o no y doy armas al tutor por si le viene gente idiota con quejas idiotas sobre nosotras sin que piense que somos unas niñas conflictivas. ¿Qué os parece?

PRÓXIMA ENTRADA: Más sobre el hospital de mi hermana. Desenlace y queja “formal”. Pienso hacer una maniobra en Facebook del estilo a la que hice no hace tanto cuando me quejé del timo de Xango

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2 respuestas a Cómo madrugar y no morir (X)

  1. Gissel dijo:

    Suerte con esas maquinaciones 🙂

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