Analfabestias, curros raros y situaciones extrañas


¡Hola a todos! Ya he vuelto, al blog y al cole, aunque la entrada de hoy no va a tratar del aula matinal, sino de otro de los trabajitos a los que alguna vez he hecho referencia pero del que apenas he dado detalles: mi trabajo como negra académica o prostituta intelectual, como más os guste. Bueno, miento, de ese y de mi trabajo como profesora de emergencia en situaciones límite.

Al principio de los tiempos – cuando Tarzán aún no había pasado del pañal al taparrabos-  y yo estaba comenzando a estudiar magisterio, tuve un primer intento de “negra académica”, pero involuntario: mi idea inicial era hacer transcripciones y correcciones ortográficas (u horrográficas) de los trabajos de la gente y al final acababa haciéndole tales cirugías (malpagadas) a los textos que me entregaban que decidí o dejar ese tipo de tareas o hacer los trabajos yo directamente…

Años después conocí a una amiga de una compañera de carrera – conocí o ciberconocí, pues siendo la chica de Almería y teniéndonos en el MSN, no hemos quedado nunca ni para tomar un café- a la que me dedicaba a hacerle trabajos de cursos complementarios relacionados con el magisterio, con resultado muy desigual.

Pensad que este trabajo consiste en coger temas que, aunque os suenen remotamente, normalmente os cogen por sorpresa y, además, cuando se trata de trabajos “sueltos” y no de una asignatura concreta, por más que os leáis la documentación correspondiente, es complicado tomar el pulso al factor ideológico dominante de la materia.

Sí, lo que acabáis de leer. Al menos en magisterio, cada materia “adolece” de una orientación ideológica y si, por ejemplo, se os pide hacer una valoración personal y vosotros no habéis pasado por el “baño ideológico” correspondiente, probablemente la opinión que expongáis distará mucho de la que ha expresado la mayoría de la gente; cosa que siempre es penalizada en estos casos.

Supongo que por esa razón dejó de llamarme, aunque también hay que decir que le resolví muchos problemas mientras ella se dedicaba cómodamente a cuidar de ese par de criaturas que ha traído al mundo y a presumir de lo buena madre que es.

Vaya esto por la gente que no sabe cómo conciliar vida personal con la laboral. Si no puedes, externaliza servicios. En este caso, ella pagaba, yo hacía los trabajos, ella recibía el aprobado y no hacía falta una niñera para cuidar a los hijos. Otros prefieren hacer el trabajo ellos y contratar a la niñera, lo que nos lleva a que la vida es una cuestión de prioridades, como decía un viejo anuncio de Magnum.

Al poco tiempo de que esta chica dejara de llamarme, decidí anunciarm en internet como correctora+ transcriptora+ desfacedora de entuertos+ chica para todo. Me suena haber hablado de esto en el apartado de “experiencias pre-profesionales”, pero no estoy del todo segura, así que enlazaré también ese post a aquella categoría. No obstante, fue inútil, más allá de alguna propuesta absurda, como que transcribiera el contenido de unas cintas muy misteriosas de grabaciones no muy legales que iban a ser utilizadas en un juicio y al final, como me dio yuyu, de aquello en lugar de un encargo salió un relato, ya que una procura dar uso literario a este tipo de anécdotas.

No volví a tener encargos más normales hasta que una amiga, estudiante de Psicología a la que ayudé sin el menor interés lucrativo en un par de ocasiones, decidió que yo le echara una manita con los trabajos de Psicología de la Educación, un tema que conozco. Poco a poco, al ser buenos los resultados, me fue encargando cosas distintas. El resultado final es que una lo mismo acaba comentando textos de antropología que analizando el fenómeno del chabolismo inmigrante en nuestra comunidad autónoma, adquiriendo nociones sobre las bases neuropsicológicas de los trastornos de aprendizaje o documentándose sobre la idiosincrasia cultural y climática de Marruecos con el fin de construir edificaciones arquitectónicamente sostenibles. Así que, como veis, encima la muchacha está eligiendo materias que tienen muy poco que ver con su carrera… ¡ni con la mía! ya le vale, sabiendo que una le acaba haciendo los trabajos ¿no?.

Nota: estos últimos trabajitos tan amenos me los ha encargado la muchacha en la última semana, aunque en último momento me canceló los comentarios de antropología, pero, como suele decir otra amiga, estoy a punto de cátedra de tó.

Hasta aquí los curros raros y las situaciones extrañas. Ahora me toca hablar un poco de los analfabestias, pero este tema requiere otra “breve” introducción de las mías.

Quienes hace tiempo que me seguís sabéis que allá por el verano pasado estuve trabajando como teleoperadora de telefonía e internet para una empresa cuyo nombre no puedo citar. De esta experiencia, aunque me faltó muy poco para acabar trabajando gratis, salieron anécdotas muy divertidas que se encuentran recopiladas en la categoría “Crónicas Call Center (CCC)”.

En aquella empresa sólo mantuve relación con dos compañeras: la Padawan y la chica evangélica novia del dominicano, actualmente ex novia del dominicano. Fue una pena perder el contacto con la Padawan, porque estaba como una cabra y me reía muchísimo con ella – de verdad, leed las Crónicas, era su máxima protagonista- pero al menos me quedó la amistad de la otra muchacha, que es muy bruta, muy cani, pero muy buena persona.

La chica evangélica me llamó el pasado martes para pedirme un favor y hacerme otro. El favor que me quería pedir era que la ayudara con un examen de la ESA que hará este próximo sábado – ESA: Educación Secundaria para Adultos-. Por ende, como acabó dejando el trabajo de teleoperadora y tampoco le fue bien en el fantástico mundo de la venta de seguros de los muertos, el favor no era exactamente que le diera clases, sino que se las diera gratis. Sin embargo, el favor que quería hacerme era proporcionarme una alumna que sí me iba a pagar y que se presenta para el mismo examen que quiere hacer ella, lo que me llevó a acabar cayendo en una muy mala costumbre que practiqué demasiado durante algunos años en la universidad: dar clases gratis.

Cuando contacté con su amiga – la alumna que iba a pagar- me entere de una desagradable circunstancia: vive en el Quemadero. Basta ver semejante nombrecito, incluso para quien no sea un homus almeriensis genuinus que es un barrio al que basta con asomarse en él para que llegue alguien que te robe hasta la respiración -. y no precisamente en un sentido romántico-. Por si eso fuera poco, que no lo es, justo a la entrada del barrio hay un cartel en el que se puede leer: “Si vives donde vive Silvia, justo aquí comienza el FIN DEL MUNDO“. Vamos, que me pilla allá donde Sansón perdió el flequillo, y encima sin carné de conducir, coche, ni ganas de tenerlos.

Siguiendo la filosofía de “quien quiera semovientes acuáticos, que se inunde los glúteos“, sugerí a la muchacha, que al fin y al cabo es la verdaderamente interesada en aprobar, que se desplazara a mi zona para darle las clases en una cafetería que está a los pies de mi casa y que viene a ser mi cuartel general. No se trata de un lugar demasiado concurrido, a menos que se dé una excepción: que estén emitiendo fútbol.

Pues bien, la muchacha me dijo que vendría, sin embargo, me encontré con la sorpresa de que luego me llamó la evangélica contándome que mi alumna había recordado de repente que tiene a una abuela con alzheimer – ya sabemos a quién le ha salido- y que no podía ir a verme aquella tarde, pero que hablaría luego conmigo… y no contenta con la estrategia de esconder su informalidad detrás de mi ex compañera, me llama su madre para exigirme que vaya, alegando que una cafetería no es buen lugar porque hay ruidos y contándome (¿para presionarme?) que su hija había salido con una amiga a buscar a otra persona que le diera clase (¿no quedamos en que se había quedado a cuidar de su abuelita enferma?). Al final le argumenté a la señora un motivo irrebatible: su hija había aceptado inicialmente ir a la cafetería y ese tema, en todo caso y por más que la quisiera, debía hablarlo con ella misma y no con su madre. La señora contestó que cuando llegara su hija me llamaría, pero, como es lógico, no volvió a contactar conmigo… ni yo lo esperaba.

Total, el tiempo que pierdo, el susto y el dinero que gasto en desplazamiento para ese encargo, hacen que los 50 € que iba a cobrar esos tres días no merezcan la pena y, sabiendo que va a ir a ese examen sólo con cinco días de estudio, como su nivel sea remotamente parecido al de la evangélica, os puedo asegurar que es más fácil que un cojo suba a saltos el Himalaya que cualquiera de estas dos chicas apruebe el examen del sábado. ¿Queréis pruebas? ¡Allá van! Pero con una matización previa: yo no suelo reírme de la incultura de las personas, pero sí de la gente que hace el gilipollas a sabiendas. Lo gracioso de las anécdotas que voy a contar a continuación no es que la chica fuera tan ignorante, sino que se atreva a presentarse a un examen de ese nivel a sabiendas de que no tiene ni idea y no se digne a estudiarlo con más tiempo de antelación. El analfabeto es alguien que no sabe leer ni escribir porque no le han enseñado y la vida no le ha permitido saberlo. El analfabestia es alguien que decide ser ignorante pudiendo evitarlo y además parece enorgullecerse de ello.

Esta chica me había citado para pasar aproximadamente tres horas. Yo pensaba que tendría algo de base, que al menos se habría leído ya todo el temario. Pues no. La situación era que lengua la llevaba bien porque ella cree que la llevaba bien, pero cuando yo le dije: “¿Me puedes enunciar los complementos del predicado que existen?” me contestó: “¡Eh! ¿Qué es enunciar? ¿Complementos? ¿Predicado?”.

De inglés no sabía nada, así que su nota en el “ámbito lingüístico” se la jugaba 100% a su conocimiento de lengua y literatura españolas, y por literatura casi que mejor no preguntarle.

Cuando intenté tocar el  “ámbito científico- tecnológico” (lo que vienen a ser Ciencias Naturales, Matemáticas y Tecnología) hubo un tema en el que me comentó: “¡El origen de la vida! ¡Este me lo sé!”. Yo pregunté “¿Ah, sí?” y me respondió: “¡Por supuesto! ¡Tú sabes que yo me he leído la Biblia!”.

Ante eso sólo pude poner cara de póker y suspirar: “Ay, nenica, creo que en el examen te pedirán otra versión”.

Pero lo peor vino en el “ámbito social”, que engloba a las Ciencias Sociales y que en la parte de historia comprendía desde la Napoleón y la Ilustración hasta la actualidad, pasando por temas como la Revolución Industrial, la Revolución Rusa, las dos Guerras Mundiales, el periodo de Entreguerras, la Guerra Fría, la Guerra Civil Española, la Transición Democrática y la situación en la que hoy vivimos (de 2004 hasta hoy) que me hizo mucha gracia encontrarlo como tema, porque cuando yo daba Ciencias Sociales en la escuela, lo más lejos que podíamos llegar (y nunca alcanzábamos el final del libro) era a la parte del comienzo de la democracia en España y el funcionamiento de nuestras instituciones.

Ella me pidió que le explicara los conceptos generales. Imaginaos este triste diálogo: “¿Sabes qué es un burgués?” “No lo sé” “¿Y un proletario?” “¡Ni idea!” “¿Un imperio?” “¡No!” “¿Liberalismo económico?” “¿Qué?” “¿De la Revolución Rusa has oído hablar? ¿Al menos de la historia de la princesa Anastasia?” “Uy, eso lo vi hace mucho tiempo, pero vamos, ni me acuerdo””¿Y el concepto de globalización?” “¡Yo que sé!” “Al menos sabrás quién es Darwin…” (silencio) “El de la teoría de la evolución de las especies…” (silencio) “El que dijo que el hombre venía del mono y que todas las especies han ido evolucionando adaptándose al entorno…” “¡Tía, me agobio!”.

Se agobia. ¡Pues anda que yo!

Todos esos conceptos le salían en ese temario que apenas había leído, pero lo peor no era eso, lo peor era que NI LE SONABAN.

Al final le dije que intentara aprender análisis sintáctico y que estudiara el ámbito científico- tecnológico, que parecía costarle un poco menos porque lo entendía un poco más, y se dejara el resto para la siguiente convocatoria, que la tiene dentro de un mes… y creo que ni por esas, aunque esto no se lo llegué a decir con esas palabras, porque lo peor es que, siendo la muchacha consciente de que no ha dado palo al agua y de que no tiene base ninguna, se permite el lujo de angustiarse ante un próximo suspenso que es más que evidente. Ha tenido meses para hacerlo y ni siquiera lo ha leído ¿qué derecho tendrá a deprimirse?

Cuando esto se lo conté a mis padres, me comentaron con bastante cachondeo: “Hija mía, recuerda nuestras palabras, esta es luego la gente que se saca las oposiciones”.

Acojonante ¿no?

Al menos saqué un dato de interés, la empresa en la que estuve siendo teleoperadora ha sido denunciada por el mal trato que da a sus trabajadores. ¿Recordáis que inicialmente hacían contratos mercantiles? Ya sabéis, los típicos de productividad pura, aunque a partir de cierto número de ventas, se regularizaba el contrato y la situación del trabajador. Pues bien, resulta que aunque son ilegales, medio mundo los hace y el otro medio también, pero, afortunadamente (porque de estas cosas siempre hay que alegrarse) alguien llamó a la inspección de trabajo y ahora andan tomando declaración a todas las teleoperadoras (hablo en femenino porque el 99% son mujeres) de la empresa y, aunque parece que su jefe les dio orden de negar que habían firmado ese tipo de contrato y les pidió que aseguraran que todo el dinero lo habían cobrado en mano, unas cuantas de ellas,  entre otras mi amiga, que al menos vive con la tranquilidad de no trabajar ya ahí, dijo la verdad.

A ver en qué queda este asunto. Y si se meten a investigar el tema de la protección de datos, ni os cuento.

Va siendo hora de cortar el rollo, he superado las 2.300 palabras. ¡Nos leemos!

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
Esta entrada fue publicada en Anecdotario de una profesora particular, Crónicas Call Center (CCC), Experiencias Pre-Profesionales, Genérico y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

21 respuestas a Analfabestias, curros raros y situaciones extrañas

  1. Baya por Dioh¡¡ Quanta inkultura ahi en este mundoh. Resaré por heya para que haprueve. Te tengo que dehá que hechan el mugeres i omvres en la telesinco i ya mismito se tienen que liar la fanni y el kevin indalesio¡¡
    Y lo de las denuncias..OLE¡¡¡ Pena que no todo el mundo se atreva a hacerlo, cuanto hijoputismo..
    Un besazo, me ha encantado tu post¡¡

    • vengatriz dijo:

      Jajajajaaj… pobreta, la cosa es lo que digo, si vas a un examen así de serio y no hay nivel, pues toca estudiar y tomárselo con tiempo.

      Ojalá mucha más gente tuviera huevos/ovarios de hacer esa clase de denuncias.

      ¡Gracias! ¡Otro beso pa ti!

  2. Buena entrada, de esas que lees a conciencia.
    Un saludo.

  3. Canusca dijo:

    Yo se que mucho de lo que los “mayores” estudiamos los “bellos” no necesitan pues son bellos. Pero ahora que cuando se trata de defenderse y hacerse valer estamos mas preparados

    • vengatriz dijo:

      No lo pongo en duda. A mí me tocó estudiar inglés tras 10 años sin tocarlo. La chica tendrá muchísimas capacidades, pero como digo en el texto, el tema no es su incultura, el tema es coger un examen serio con tan poco margen de tiempo y presentarse sin tener ni idea. Espero que escarmiente para el siguiente intento 🙂

  4. jairo dijo:

    madre mi asilvia, la verdad que lo de analfabestias es un termino bien acuñado, pero como se puede ir a un examen asi, que miedo me da el panorama, por que no creo que tu alumna sea el unico caso en este pais.

  5. aliyah dijo:

    Jajaja… Me parto!!! Me encanta leerte, me alegras el rato… Bss wapa, a ver cuando kedamos…

    • vengatriz dijo:

      ¡Pues aprovecha, que está aquí Estefi! Yo me voy a ir con ella y unas amigas suyas de jarana esta noche 😀 (desde diciembre que no salía en plan marcha, cómo se nota la edad)… un besote 😀

  6. natalia dijo:

    Tenia un alumno igualito, igualito a la chica que describes! Descubrí que mi paciencia está hecha a prueba de bombas!!

    Espero que tus papis se equivoquen y no sea esa gente las que aprueba las opos…aunque tal y como está la cosa, ya puedo sacar un 11 o ciao, ciaito a entrar en listas:(

    Besooos!!Me encanta tu blog. Cuanda abra el mio, tienes un premio reservado;)

    • vengatriz dijo:

      ¡Gracias, guapérrima!

      Yo también espero que mis padres se equivoquen, pero mira el Principio de Peter (no es broma, aunque lo parezca): “La gente asciende hasta su máximo nivel de incompetencia”.

      Sigo esperando a que abras ese blog 😉

  7. lgante dijo:

    No sé cómo habrá ido tu fin de semana de marcha, pero el tiempo te ha cundido después de leerte tanto blog y dejar tantos comentarios (por cierto, que una hidratante conviene tener a mano a partir de los 25… : P ). Gracias por todos ellos.
    Sobre los analfabestias, lamentablemente creo que en ciertos ámbitos de oposición (más tipo administración) sí suelen tener su sitio. Aunque duela, es así de cierto en muchos casos. Lo que hay que ver ahora, y espero que lo cuentes, es el resultado que obtiene tu alumna en su examen. Conozco un caso de adulto terminando 3º y 4º de la ESO (cada curso en un cuatrimestre… que se queda en poco más de dos meses y medio de clases) y él mismo me ha comentado que el nivel es realmente bajo. Así que, después de todo, a lo mejor te toca ver que la evangélicaexnovia ¡triunfa!

    • vengatriz dijo:

      Eso me dijeron cuando cumplí 25, pero a mí me pasa algo curioso: comprarme una hidratante me haría sentir vieja. Por culpa de eso, acabaré pareciéndolo.

      No hace falta agradecer, a tu blog le debía visitas desde hace dos semanas. En esta ocasión sólo fui a verte a ti. Debo ir repartiendo la munición para intentar tener contentos a los amigos 🙂 y resulta que además has estado productiva, tenías al menos tres actualizaciones más desde la última vez que te leí.

      Por supuesto, cuando sepa algo del examen lo contaré. Como apruebe, se me van a rizar las venas, te lo juro.

      ¡Un besote!

    • Macarroni dijo:

      Suscribo lo de que hay oposiciones donde siendo ignorante radical tienes un hueco, administrativo, policía.. los requisitos son realmente bajos (muchas veces no exigen ni bachiller).

      • vengatriz dijo:

        Bienvenido, Xabi! De esas anécdotas me encantaría hablar, tienen el don de ser a la vez divertidas y tristes. En este blog tengo una sección sólo para esas historias (el “Anecdotario de clases particulares”). Lo de Irlanda e Islandia me lo creo. Hay gente que es increíblemente vaga y a sus padres les cuesta verlo, aunque en el fantástico mundo de los hijos y sus padres hay de todo: desde críos tiranos con padres ciegos hasta críos estresados con padres estresantes, pasando por padres responsables y niños variopintos. Dentro de lo que hay (y quitando este episodio) este año me ha tocado una buena combinación de padres- hijos (padres responsables e hijos variopintos, unos más trabajadores que otros, pero preocupados por el curso) pero yo en mi vida he tenido de todo, hasta un pequeño psicópata de seis-siete años que intentó empujarme escaleras abajo 😀

        En cuanto a lo que dices de las oposiciones, tengo que romper una lanza a favor de oposiciones de requisitos aparentemente bajos, porque he visto a gente puteadísima sacándolas y preguntas verdaderamente complicadas – sobre todo, estoy más familiarizada con el caso de los administrativos- pero sí que pienso que en las opos, aunque mucha gente las saca honradamente, hay mucho mucho tongo. Y por ahí iba el comentario.

        Tengo que pasarme por tu blog. Lo que llevo ojeado me parece divertido 😀 aunque pareces más enfocado a hombres que a mujeres.

        ¡Nos leemos!

  8. Macarroni dijo:

    Me has recordado a los tiempos en los que daba clases particulares. No había nada más deprimente que intentar enseñar algo al chaval/chavala vago de turno. Encima los padres se creían que el chaval era un crack pero “un poco despistado”. Recuerdo anécdotas como decirme que “pasaba de aprender cuál era Irlanda y cuál Islandia”, porque en el caso de que cayera alguna él pondría “Islanda” con letra arrugada.
    También di clase de mates y hay algunas anécdotas que prefiero no contar.

    Mucho ánimo con lo de tu ama. Un abrazo.

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