Sobre los 75 consejos para sobrevivir en el colegio (primera parte)


¡Hola!

Como veis, no he podido resistirme a sumarme al tema del verano. He debatido sobre él en Facebook con varias personas, he buscado opiniones en las redes  y, finalmente, he decidido comprarme el libro y desarrollar una opinión propia. Hoy he recibido un mensaje de Correos en el que se me avisa de que viene de camino, así que imagino que el lunes estará por aquí.

Es probable que muchos de vosotros no conozcáis los antecedentes de esta historia, así que comencemos haciendo un repaso:

¿Qué sucede exactamente con ese libro?

  • Los “75 consejos para sobrevivir en el colegio” no aparecieron en Alfaguara precisamente ayer. Este libro fue publicado el 22-02- 2012. Es decir, lleva cuatro años en el mercado.
  • No es ni pretende ser un libro de autoayuda, sino de ficción. No se pretenden dar consejos “ciertos” a los menores, sino mostrar la evolución realista en el modo de pensar de una niña, que es quien escribe los consejos.
  • Esta obra forma parte de una colección compuesta, hasta el momento, por siete entregas.
  • Está catalogada como adecuada para lectores de nueve años en adelante, aunque, tomando como referencia la edad de la protagonista de la historia, estaría orientada principalmente a niñas de entre 11 y 12 años.
  • La autora, Maria Frisa, es Diplomada en Trabajo Social y Licenciada en Psicología Clínica. Su estilo, según veo en las pequeñas notas biográficas que hay por la red, pretende evidenciar la situación de la mujer a través de cierto humor negro.
  • Hace unos días se extendieron como la pólvora unas citas pertenecientes al libro que hicieron que esta obra fuera acusada de machismo e incitación al acoso escolar. También he encontrado otras que parecen alentar al desafío de la autoridad de los padres y la contemplación del colegio como una especie de cárcel.
  • Como consecuencia de este fenómeno, se inició una campaña a través de change.org para pedir a Alfaguara la retirada del libro. Podéis acceder a dicha campaña aquí, así como a las citas de la discordia. La última vez que eché un ojo a la campaña, esta ya contaba con 32.064 firmas.
  • Para mi disgusto, encabeza esta campaña un personaje mediático que se hace llamar Haplo Schaffer. Os animo a investigarle, pues el chico tiene su público.
  • Como pasa muchas veces, la mayor parte de las personas que comentan el asunto no han leído el libro, lo conocen por las capturas y, sin embargo, la reacción contra él ha sido virulenta. No obstante, hoy varios autores, libreros y editores han manifestado su apoyo a la escritora. El argumento dominante es que, desde un punto de vista “moralizador” para los niños y niñas, muchos clásicos de la literatura  jamás habrían visto la luz.
  • El otro argumento más repetido es que el camino al que nos puede conducir empezar a prohibir manifestaciones culturales puede ser muy oscuro, peligroso.

¿Cuál es mi posicionamiento previo?

  • He recibido acusaciones de tener una doble moral por haber sido contraria a procesos como el de los titiriteros y manifestarme, en principio y a la espera de leerlo, contraria a que un libro para lectores de primaria transmita esos contravalores. Quiero dejar claro que me opongo a cualquier forma de censura cuando de público adulto se trata. A un adulto le atribuyo la capacidad intelectual y emocional de discernir. Sin embargo, pese a que no me gusta nada que se considere a los menores gente sin criterio, perdonadme que no les considere dotados de las mismas herramientas que tiene un adulto. Forma parte del educar elegir qué leen o qué no leen nuestros hijos cuando son pequeños, del mismo modo que forma parte del educar racionalizar su consumo de nuevas tecnologías, evitar que accedan a videjuegos violentos o que vean programas de televisión poco edificantes (como casi todos los que proliferan en Tele 5). En resumen, a un adulto no le censuraría ni el Mein Kampf, pero sí supervisaría a un niño o a un adolescente que esté a mi cargo, tanto si me toca ser su profesora como si desempeñara el rol de madre.
  • No atribuyo mala voluntad a la autora. No podría atribuirle mala voluntad a nadie a priori con esa trayectoria. El linchamiento que le está cayendo encima es muy injusto. Parece que lo de acosar no sólo se da entre los alumnos de las escuelas, sino en las redes sociales. Maria Frisa tiene derecho a su libertad de expresión y los lectores que estén en desacuerdo tienen derecho también a expresarlo, pero nadie da a nadie derecho al linchamiento, al maltrato ni al destrozo de su imagen por unas frases sacadas de contexto.
  • Sospecho que el libro, efectivamente, está escrito en clave de humor y cuenta con algún tipo de moraleja final que saca a la protagonista de sus ideas equivocadas. Sospecho, pero no podré saberlo hasta que no lo haya leído.
  • Mi mayor duda es si es adecuado para la edad para la que lo han catalogado o debería catalogarse para niños y niñas de edad superior. Conste que la edad es una pobre referencia, pues luego cada chaval tiene una madurez lectora y emocional distinta. Habrá niños de nueve años que se puedan dar cuenta de que se trata de humor y otros de catorce que lo entiendan literalmente. Otra cosa es que psicólogos y pedagogos tengan estudiados los hitos del desarrollo en función de cada edad y, basándose en lo que más se repite, se hagan las catalogaciones siguiendo el mismo mecanismo por el que ajustamos los contenidos del currículo educativo a unos cursos y no a otros.
  • En el caso de que lo viera inapropiado para la edad de Primaria no pediría su censura. Pediría que se cambiara su clasificación por edad (de 12 años en adelante). Luego, en lo personal, si tuviera un hijo o una hija que quisiera leerlo, me aseguraría de que hiciera una reflexión crítica de lo leído, así como de evaluar antes de nada si va a entender de verdad su contenido o si es mejor que el libro espere unos años. Otra cosa es como maestra. Si realmente se tratara de una obra nociva, repleta de contravalores, y tuviera poder de decisión, no la ofertaría ni recomendaría en la escuela. Los contravalores deben abordarse, sí, los niños no viven metidos en fiambreras, pero vivimos en unos tiempos en los que demasiados menores son criados por el móvil, la televisión, el ordenador, la play y la tablet, ya que los padres están ausentes por sobrecarga de trabajo y los abuelos, sencillamente, hacen lo que pueden. Los maestros también hacemos lo que podemos. En un colegio focalizaría mis energías en ofrecer diversidad de lectura, sí, pero contando con unos mínimos de calidad, tanto literaria como educativa, que son dos aspectos muy distintos.
  • ¿Sabéis cuál es la diferencia entre la literatura infantil y la literatura para adultos? Que la literatura infantil no (suele) estar escrita por niños, sino para los niños, desde las intenciones que tengan los adultos con respecto a ellos. Pensemos, por ejemplo, en Caperucita Roja: niña que se atreve a ir de rojo (guiño, guiño) por los bosques, solita, y se pone a hablar con un lobo que no tiene reparo en comerse lo mismo a la abuela que a la nieta. ¿A qué nos suena? A veces hemos querido asustarles, por eso tantas historias medievales terribles, a veces hemos querido transmitirles ciertas ideas y valores… a veces, simplemente, entretenerles. En la actualidad hay una corriente de libros que se alejan de los personajes y géneros tópicos porque su finalidad es servir de modelo de habilidades para los lectores así como de ayuda para ampliar su visión del mundo, algo que va mucho más allá del modelo clásico de moraleja. Así se pueden ver biografías adaptadas de mujeres que han hecho mucho más que ser princesas y narraciones que educan en habilidades para entender y enfrentarse a situaciones como el cáncer de un ser querido el duelo,  la diversidad funcional o los nuevos modelos de familia, entre muchas otras. Textos que aúnan entretenimiento, estética y pedagogía (nunca había visto cuentos estéticamente tan bonitos como los de ahora, echadle un ojo a Kalandraka, por ejemplo). Fijaos en que, como sociedad, no hemos censurado a Andersen, Grimm ni a Perrault ni tampoco las historias sobre princesismos varios, pero cada vez menos padres compran ese tipo de textos a sus hijos en su primera infancia, del mismo modo que cada vez se ven menos de estos textos en las escuelas. Al final padres y docentes sí seleccionamos primero y orientamos después las lecturas de los menores, del mismo modo que lo hacemos con otros aspectos de su vida mientras están en formación y bajo nuestra responsabilidad. No he visto niños que sepan que realmente la Sirenita murió convertida en espuma de mar o que las hermanastras de la Cenicienta acabaron mutilándose los pies para intentar entrar en el famoso zapato. Menos aún que Barbazul era un asesino en serie que se desposaba con chicas jóvenes para luego asesinarlas en cuanto le desafiaban y así guardar sus cadáveres de recuerdo en una habitación o que la pobre “fosforerita” terminaba sus días muriendo de hambre bajo la nieve y encomendándose a Dios, con la esperanza de reencontrarse con una vida mejor en el cielo. A excepción de La Cenicienta, yo esas versiones originales las había leído con menos de diez años y, aunque no me he convertido en una psicópata por eso, desde mi perspectiva adulta no las veo edificantes para chavales de Primaria… ¿por qué no saben esto los críos de hoy? Porque esta clase de historias se venden mucho menos y es cada vez más difícil encontrar alguna de esas en la escuela. Cualquier libro que hay en un colegio pasa un “cribado” por parte de los docentes, va tanto por los libros de texto como por los libros de lectura, y, sin descuidar la variedad, se selecciona lo que les pueda ser más útil y atractivo al mismo tiempo. No olvidéis que este no es el modo de pensar de las editoriales. Estas consideran a los niños consumidores. Naturalmente no se va a retirar del mercado una obra que ahora se va a vender más que nunca.
  • No porque un libro sea muy alabado es necesariamente muy bueno… o muy malo. No porque un libro sea muy criticado, ha de ser muy bueno… o muy malo.  Es tan absurdo tirarlo a la pira sin leer como considerarlo el nuevo  “Lazarillo de Tormes” o “El conde de Montecristo”. La amenaza velada de censura  suele tener un efecto embellecedor, al menos a los ojos de quienes gustan sentirse sabios… y a mí me da que este libro se va a apoyar demasiado en ciertos clichés. 

 

Será continuado… (cuando lo haya leído).

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2 respuestas a Sobre los 75 consejos para sobrevivir en el colegio (primera parte)

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