Resumen de mi viaje a Tailandia (3)

Día 8: Las ruinas de Sukhotai

Lugares visitados: se fue todo el día en ver las ruinas, pero es que en esas ruinas hay mucho que ver. Son semejantes a las de Ayutthaya, pero más espectaculares en lo que se refiere a belleza monumental. Ahora bien, mientras que las de Ayutthaya daban una sensación de autenticidad inimitable por encontrarse en medio de la selva, estas han sido más acondicionadas para el turista y están rodeadas por un enorme jardín con diversos servicios. Salvando las distancias, la sensación era casi de haber mezclado Ayutthaya con el Retiro. Mucha gente aprovechaba la oportunidad para recorrer el complejo en bicicleta, pero a mí ver ruinas en algo más semejante a su entorno natural me resultó mucho más impactante. Es todo un debate entre los del “equipo Ayutthaya” y los del “equipo Sukhotai”, para que me entendáis; aunque creo que ambas son de visita obligatoria.

Kilómetros recorridos a pie: 6km. Hubieran podido ser bastantes más, pero nos sorprendió el monzón y eso nos obligó a recorrer un tramo con la ayuda del inevitable tuc-tuc, aunque en realidad todo empezó porque yo me vi agotada, decidimos subir al tuc-tuc y, justo en ese momento, comenzó a llover como si no hubiera mañana; por lo que, en dos días de monzón, nos habíamos mojado cero veces. Recordad que el monzón es intenso, pero bastante breve.

Anécdotas: Para mí el mayor choque cultural de ese día fue el autobús regular. Nosotros nos alojamos en la parte moderna de la ciudad, así que tuvimos que subirnos al autobús urbano para acercanos al complejo de las ruinas. No obstante, me estoy refiriendo al autobús con ese nombre atendiendo a su función, no a su apariencia. Para que os hagáis una idea, imaginad una camioneta pick up a la que se le ha añadido en la parte normalmente destinada a la carga una estructura de madera que la cubre, a excepción de la parte trasera, que tiene unos escalones que te permiten entrar y un par de barras metálicas verticales. Una vez que entras, ves tres bancos alargados (dos en los extremos, uno en el centro) que son donde se sientan los pasajeros. La estructura de madera cuenta con ventanas sin cristal para que circule el aire, y unas cortinillas que las puedes quitar o poner para protegerte de la lluvia. También cuenta con unos timbres dispuestos en el techo para que los pasajeros puedan solicitar la parada.  Evidentemente, el vehículo tiene más años que la tana, un olor sospechoso y, por supuesto, no pasaría la ITV… aunque, ya lo que nos dejó muertos del todo fue, durante el trayecto de vuelta a la ciudad, fue ver a un grupo de escolares subirse a él desafiando las leyes de la física. Pista: como no todos los estudiantes cabían dentro del “autobús” hubo dos o tres de ellos que decidieron viajar colgados de las barras verticales situadas en la parte trasera del vehículo, es decir, físicamente expuestos a haberse caído, a que otro vehículo les diera un golpe, etc. Eso sí, dichos estudiantes (que debían tener trece o catorce años) tenían todos teléfono móvil.

Otra de programación televisiva. Como no nos dio tiempo a continuar viendo “Pasión de Ramayanes” (ver entrada anterior) nos pudimos a ver “Hatim” (adjunto enlace), muy impactante también, sobre todo por las dotes interpretativas de los actores, aunque no tan traumática estéticamente como la otra. Igualmente, echadle un ojo al enlace.

Días 9: Llegada a Chiang Mai (combate de Muay Thai).

Monzón: ¡Sí!

Distancia “pateada”: 2km; la mitad recorriendo una misma calle hacia arriba y hacia abajo, haciendo tiempo para el combate.

Horas de autobús: siete, que se hicieron insoportables.

Anécdotas y choques culturales: el bus estaba absolutamente lleno de españoles. El modo de averiguarlo fue muy épico: una chica catalana estaba triste porque le tocaba sentarse separada de su amiga y, creyendo que no la entendía nadie, empezó a quejarse de la situación en voz alta, ya que “el autobús está lleno de guiris” (estrictamente cierto; pero tan odguiris como ella misma). A partir de ese momento, entre risas, todos comenzamos a identificarnos como españoles hasta demostrarle que estaba rodeada.

Por lo demás, durante las paradas descubrimos dos cosas: 1) El eslabón perdido entre los caramelos y las gominolas, una textura demasiado moderna para mí, y 2) Que las grandes compañías de cerveza (Shingha y Chan) también son marcas de agua mineral. Imaginad que San Miguel y Cruzcampo produjeran cerveza y agua. Tiene su gracia.

Sobre Chiang Mai: como casi todas las ciudades que visitamos, a excepción de Bangkok y de las aldeas de la selva profunda, se trata de un lugar que, si no cuenta como primer mundo, está cerca. Se ve que la gente tiene cierta calidad de vida. No es un lugar con grandes puntos para visitar, pero es un lugar que se ha hecho conocido por todas las excursiones y actividades que ofrece, lo que convierte a Chiang Mai en un lugar idóneo para tenerdiversas experiencias y muy turístico.

Ya que el primer día habíamos llegado agotados del viaje en autobús, decidimos invertir la tarde- noche en una de esas actividades: presenciar un combate de Muay Thai.

El combate de Muay Tai, tal y como se prepara en Chiang May, es en parte un circo para turistas, pero sin perder la esencia (se pegan de verdad, no es una interpetación, y hay turistas pero también locales). Es algo duro presenciar combates infantiles (vimos gente de todas las edades y categorías, desde crías de 12 años en adelante) hasta que se cae en la cuenta de lo violentos que son los partidos de fútbol infantiles en España. Al final se trata de choques culturales. Quitando este choque, el combate me resultó interesante; el llevar un año en Wing Tsun me ha hecho capaz de apreciar ciertos detalles técnicos de los combates. No es que me vaya a aficionar ahora a verlos, pero me siento más capaz de entender un combate que un partido de fútbol. Además, el Muay es el deporte nacional y es interesante ver cómo lo viven, qué ambiente se crea, qué ritos y supersticiones tienen antes de empezar (comienzan espantando a los malos espíritus…) y qué respeto se muestran los contrincantes cuando terminan, llegando a arrodillarse ante quien lo ha hecho mejor antes del veredicto de los jueces… de hecho, en uno de los combates, se arrodillaron los dos ante el contrincante, ya que era dudoso quién sería el ganador. Ahora intentemos pedir, si veis que tal, a los futbolistas de un equipo que haya perdido que se arrodillen ante los ganadores y que les den un abrazo a continuación…

Día 10: Visita al santuario de elefantes.

Kilómetros recorridos: 3, pero muy jodidos.

Monzón: Sí. Nos pilló comiendo, bajo techo, pero la consecuencia fue que el suelo estaba resbaloso.

Descripción: decidimos ir al santuario porque ambos somos contrarios a que se explote a los elefantes, el adiestramiento es violento y acaban traumatizados. En el santuario los rehabilitan gradualmente para devolverlos a la selva. Eso sí, están en un lugar aislado de la civilización, por lo que lo primero es subir en una “pick up” customizada de las muy infames, con todo el mareo consiguiente. De hecho, íbamos inicialmente con otros dos españoles y uno de ellos tuvo que parar a vomitar, pues se le juntaron las malas carreteras, las curvas, el vehículo y la conducción brusca típica tailandesa. Cuando se llega, te invitan a comer en la selva, por cierto, todo riquísimo, aunque siguiendo las instrucciones que da Sanidad, mal que nos pese: no beber agua del grifo, no usar hielos y no comer fruta, por lo que no probamos frutos exóticos con un aspecto demencial.  Después de comer se llevaron a cabo varias actividades:

  • Charla inicial. Conocemos a los elefantes. Les damos de comer plátanos.
  • Aprendemos a preparar un laxante natural para elefantes. Se los damos.
  • Dimos a los elefantes un baño de barro en un lozadal.
  • Paralelamente, nos enseñaron cómo hacer un cigarro con una hoja bananera y una cáscara de fruta rallada mezclada con el tabaco para suplir la inexistencia de filtro.
  • Nos bañamos con los elefantes en el río. Eso supuso ir caminando-patinando ladera arriba y abajo por causa de la superficie irregular, con bastantes piedras, y de la lluvia que había caído mientras comíamos. También pasamos un puente de estabilidad dudosa y cruzamos un río caminand sobre sus piedras, lo que hace obligatorio llevar escarpines/ cangrejeras para hacer esa ruta. Llegó un punto en el que cada vez que el guía anunciaba que tuviéramos cuidado, que el suelo resbalaba, me echaba a temblar.
  • Visitamos una cascada y nos bañamos en ella.
  • Logramos salir de una pieza sin usar un helicóptero. Creedme, pasé buena parte del camino creyendo que me iba a despeñar y preguntándome cómo nos sacarían de allí si alguno de nosotros tenía una caída chunga… casi todo el mundo tuvo caídas más o menos aparatosas.

He de decir que lo pasé bastante mal. Soy bastante patosa y tengo mucho miedo a las caídas; y eso que tuve la suerte de encontrar un palo recio que me fue verdaderamente útil para apoyarme (me atrevería a recomendar un cayado, vista la experiencia). No obstante, la de los elefantes ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida… y de la de Noel, que salió encantado por haber besado a un elefante. Por cierto, son listísimos. Los más jóvenes parecían reír y jugaban con nosotros y uno de ellos, uno algo mayor y muy grande con el que estuvimos mucho, nos levantó la trompa a modo de despedida antes de marchar.

Realmente me fascinan. Fue EL MOMENTAZO del viaje, a pesar del sufrimiento.

¡Próximamente más! Aún quedan cinco días por contar.

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Resumen viaje a Tailandia (2)

Día 5 (continuación):

Por la noche nos pusimos a turistear por la caótica calle Khaosan, que se encontraba muy cerca de nuestro alojamiento. Comenzamos bebiendo Shingha y Noel se vino arriba, por lo que merece un apartado contando todas las cosas que hizo o intentó hacer ese día:

  • Comprar como guiri borracho de Shingha (bueno, eso ambos).
  • Casi se hace un tatuaje de henna.
  • Casi se toma un pincho moruno de escorpión… e insistió mucho.
  • Logró sacar dinero de un cajero tailandés.
  • Compró el típico gorro de la mujer- rana (una mujer de no sé qué tribu que va vendiendo ranas de madera que croan).
  • En suma, destiló magia, casi tanta como el karaoke maravilloso que presenciamos. Imaginad: está el sujeto que canta bien y al que la gente le pide bises y, tristemente, está el amigo henchido de orgullo y cerveza que intenta lo mismo y se enfenta a un chasco inolvidable.

PD (sobre la cerveza): Es un país esencialmente budista. Los budistas en principio tienen prohibido beber alcohol y, en general, consumir cualquier sustancia que les nuble el juicio. No obstante, conviven en Tailandia con un porcentaje de hindúes (no sé si esos podrán beber), de musulmanes (que tampoco pueden beber) y de cristianos, que han de beber por todos los, puesto que los garitos están llenos y no sólo de turistas. Como días después me dijo una guía cristiana que tuve en una excursión “nosotros no tenemos problema: nuestro Dios convirtió el agua en vino”. Además, disponen de una notable carta de cervezas, aunque hay dos que compiten: Shingha y Chan (que significa “elefante” en tailandés; el elefante es el símbolo del país). Como curiosidad, me encontré en Bangkok con lugares en los que servían San Miguel, aunque, qué queréis que os diga, no me voy a Tailandia a beber cerveza española.

Día 6:

Lugares visitados: trayecto en tren de Bangkok  a Ayutthaya y ruinas de Ayutthaya. Ya dentro de Ayutthaya vimos el complejo de templos. Se trata de una ciudad que en su día albergó a un millón de habitantes. Ahora tiene unos 60.000.

Resumen de distancias hasta el momento:

  • Día 2:5 km.
  • Día 3: 12 km, con escarpines.
  • Día 4:0 km (río “guay”).
  • Día 5: 12 km.
  • Día 6: 14 km,pero seguidos, como los campeones.

Anécdotas:

  • Es preciso adaptarse a que en coches y trenes hay ventiladores en el techo.
  • En ese tren las ventanas se abrían y cerraban a tortazos.
  • En los baños de la estación de tren había una máquina con un muñequito de un señor con turbante barbudo. La gente mete dinero y saca papelitos. Considerando el aspecto del barbudo, debe dar algo así como profecías prefabricadas. Ya las profecías no son lo que eran.
  • También en los baños te recomiendan usar el agua sabiamente por el honor de tu país. Hala.
  • Sin embargo, lo que más me impresionó de los baños fue ver las instrucciones de cómo usarlos y, lo más importante: cómo no usarlos. Eran tan claras, incluyendo dibujos, que me di cuenta de mi tremendo error usando baños tailandeses. Ellos tienden a ponerse en cuclillas sobre los baños occidentales porque esa es la postura para usar sus aseos típicos, aún muy presentes en muchos lugares. Yo he de confesar que hice la estupidez inversa en alguna ocasión: usar, como buenamente pude, un urinario tailandés (casi un agujero en el suelo con plataformas para poner los pies) del modo más occidental que pude. Pocas veces me he sentido tan estúpida como con este error,así que, niños, niñas, no orinéis sentados en los baños tailandeses POR FAVOR, que acabas apoyando las nalgas donde ellos ponen los pies. DE NADA.
  • De la estación al hotel fuimos en Tuc- Tuc.  Era tan espectacular vernos en Tuc-Tuc, con sus luces, espacios reducidos y conducción temeraria, con tres maletas que juraría que incluso un monje budista nos sacó una foto.
  • La selva de Ayutthaya parece sacada de un videojuego. Es muy auténtico visitar las ruínas paseando por la selva, es parte de la experiencia. Nosotros podemos presumir de haber visto ese día a un monitor (un primo del dragón de Komodo) a muy poca distancia de nosotros.

Observaciones:

  • El típico desayuno tailandés es sopa.  Está buena, pero no me pega nada para desayunar.
  • Vimos un árbol vestido de mujer, pero nunca entendimos por qué.
  • La Fanta rosa ( de fresa)es la favorita del Buda: se la sirven en todos los altares de los bares.
  • He visto tablones de estabilidad dudosa haciendo de puentes en esa selva (por cierto, el único lugar donde encontré gente que no sabía inglés) pero llega el Internet a treinta megas.

Día 7:

Lugares visitados: Viaje (infame) a Sukhotai en autobús de seis horas de duración.

Distancia recorrida a pie: poquico.

Hitos: prácticamente nos pasamos el día llegando. Una vez ahí, comimos, descansamos, dimos un paseo… ¡y al sobre!.

Anécdotas:

  • Es más cómodo este autobús que el tren (aunque la estación de bus tiene más pinta de descampado que de estación) pero no debes sentarte bajo la trampilla de emergencia cuando llueve. Y ese día me llovió. Fue el primer día de Monzón. Duró poco, aunque fue intenso, y al pillarnos en el autobús, no nos complicó el día.
  • También hay aquí Fanta Verde (la bebida insignia del viaje), la Mirinda (esa está en todas partes) y las Oreo rellenas con té verde (fijación tienen ahí con el té verde).
  • Lo más divertido es que tuvimos ocasión de disfrutar de la programación televisiva tailandesa. Ver “Ramayán” (en perfecto tailandés) o, a mi modo de ver, “Pasión de Ramayanes” fue un descubrimiento. Entendedme: sé que es una adaptación en forma de serie de la mitología hindú,  pero su estética me impactó sobremanera.

Os pongo un capítulo, dadle unos minutos… ¡las imágenes y el sonido son esenciales!

Lo siento, pero ¡qué pechá de reír me dí!

Como esto es insuperable, aquí acabo la entrada. ¡Ya vamos por la mitad del viaje!

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Resumen del viaje a Tailandia

¡Hola! ¿Qué tal el verano?

Voy a intentar redimirme y contar aunque sea superficialmente algo de mis vacaciones este año. Quizá a alguien le sea útil saber ciertas cosas antes de organizar su viaje a Tailandia.

Día 1:  Vuelo.

  • Vuelo de Madrid a Oslo con Norwegian.
  • Vuelo de Oslo a Bangkok con Norwegian.
  • Observaciones: no tengo edad para dormir en los aviones. Entre el vuelo y las esperas, prácticamente este día se fue en viajar. Eso sí, el servicio que da esta compañía me parece mejor que el de Ryanair: asientos más cómodos, más posibilidades de entretenimiento para el viajero, la posibilidad de ir viendo en una pantalla los países que se van sobrevolando…

Día 2: Bangkok.

  • Visita al templo What Pho.
  • Observaciones: es impactante llegar al aeropuerto de Bangkok, pasar todos los controles (yo nunca había salido de la UE) y ver los vídeos en los que te alertan de que a) las figuras de Buda no son para decorar (salía en pantalla un muchacho a cuyo padre hospitalizaban por usar a Buda para decorar) y b) en Tailandia se respeta mucho a la monarquía, dando cierto aroma al “Nodo” franquista.

Día 3: Bangkok.

  • Visitas al Palacio Real y al templo Wat Arum por la mañana.
  • Visita al Mercado de las Flores y al centro comercial MOK por la tarde.
  • Observaciones: en Bangkok vale poco la vida del peatón, las normas de circulación son se entienden de forma orientativa, así como los semáforos, las señales o el concepto de carril. Además, en horas punta conducen como locos, hasta el punto de que en los cruces más conflictivos la policía ayudaba a los viandantes a cruzar la calle.  Paralelamente, las aceras del centro son bastante estrechas y el centro da mucha sensación de masificación. También hay mal olor, aunque al poco tiempo el viajero se acaba acostumbrando. Más de una vez se hace necesario acudir a los Tuc- Tuc (no es difícil encontrarlos, los conductores te salen al paso). Buscad en Internet estos vehículos, no tienen desperdicio. Otro dato: allí, culturalmente, tienden a regatear, tanto los taxistas como los vendedores de los puestos callejeros.
  • Anécdotas: 1)los tailandeses no tienen escobilla del WC, utilizan para ese fin un grifillo extensible como el de la ducha. 2) Ese día, caminando por la calle, nos encontramos con un monje de rango alto, algo así como una especie de Papa para el budismo tailandés. La policía, muy amable, nos indicó que mantuviéramos las distancias. La gente se arrodillaba ante él. Alucinante.

Día 4: Excursión al puente sobre el río Kwai

  • Ruta de la excursión: río Kwai, puente, museo, tren de la muerte, cascada.
  • En Bangkok: salimos de fiesta por Khao San (calle famosa de Bangkok).
  • Anécdotas: el puente sobre el río Kwai es falso… debido al éxito de la película, quitaron el original, lo cambiaron de sitio y pusieron una réplica del de la película.
  • Observaciones: la excursión es interesante, pero prescindible, aunque nosotros no nos privamos de silbar la cancioncita sobre el puente. El museo tiene cuatro cosas de la guerra, pero no se parece a nada que haya visto antes. El tren de la muerte es una experiencia por lo precario del tren y las vistas, pero el recorrido se hace demasiado largo. Las aguas de la cascada son más marrones que azules.  También tuvimos la mala suerte de ir durante el cumpleaños de la reina: era festivo y las familias aprovechaban para ir ahí en plan picnic familiar, normalmente no está tan masificado.  En la selva (esa zona es selva) y en muchos otros sitios urbanos tienen urinarios de los pegados en el suelo y hacer tus necesidades en cuclillas, así que yo me vi obligada a desarrollar una habilidad nueva. En cuanto a Khao San es ideal para: beber cerveza, divertirse, alucinar por el gentío y las luces (parece que, de pronto, estás en Japón), hacerte con regalitos (pantalones de elefantes, camisetas, etc) y, si tienes valor y poco respeto por tu vida, probar un pinchito moruno de excursiones.

Día 5: Gold Mountain

  • Lugares visitados: Gold Mountain, Wat Traimit, Chinatown, el mercado flotante y Khao San (de nuevo).
  • Observaciones: La Gold Mountain rebosa espiritualidad, está en mi top 3 de Bangkok. Como su nombre indica, es un templo que se encuentra en una montaña. Durante el ascenso hay diversas estaciones decoradas con imágenes de Buda, gongs, campanillas que suenan con el viento y motivos naturales. Una de ellas nos sorprendió mucho: estaba representado en piedra un cadáver siendo devorado por los buitres. Hacía referencia a un epidemia de peste que hubo en Tailandia y a las meditaciones sobre la futilidad de la vida que los monjes hicieron a partir de ello. Al subir te encuentras con el templo y con un espectacular mirador. Nos sorprendió mucho descubrirla explorando, ya que no aparecía en las guías que encontramos por Internet. Sin embargo, Chinatown (en mi humilde opinión) es horrible, tiene lo peor de Bangkok al cuadrado, pero hay que verlo, así que no os conforméis con una explicación. Por lo demás, el mercado flotante no flota, simplemente es un mercado que está junto al río en el que a veces hay actividades culturales. Nosotros nos encontramos con un chico y una chica ejecutando un baile tradicional con sombrillas.

Continuará

 

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Conclusiones

Hola a todos:

He pasado unos días en una especie de “UCI” emocional. Terminaron las oposiciones y algunas cosas me pasaron factura, a destacar:

  • Una rebaremación.
  • Estudiar y trabajar a la vez.
  • Mis dificultades para organizarme, que son más que notables.
  • El mareo administrativo: ahora convoco, ahora no convoco, ahora no hay presupuestos, ahora cancelan las demás comunidades…
  • Mi cambio de especialidad a dos meses de la prueba como consecuencia de los factores anteriores, por aquello de figurar en dos bolsas en lugar de en una.  Imaginad el estrés.

Me encontré con una nota que no fue nada buena en esta segunda especialidad y, con la anterior, retrocedí tantos puestos que es imposible que me llamen por Primaria, PERO… parece que mi apuesta no fue tan mala. Por la otra lista, a pesar de mi mala calificación, es muy probable que me llamen. Paradojas agridulces de la vida. Yo inicialmente me veía fuera del sistema y parece ser que aún puedo dar batalla dentro de la pública, aunque entre a trabajar más tarde que en los cursos anteriores.

No obstante, tuve que rumiar mi disgusto. Pasé dos semanas sin querer ver a nadie, profundamente agotada de todo y muy triste, creo que la sombra del desempleo es una de las cosas que más miedo me dan en esta vida (será que llevo una década luchando contra él con un éxito… discutible). Al fin y al cabo, trabajé siete meses en el curso 2015/2016 y el curso 2016/2017 entero, pero la cuestión es resistir y seguir sumando antigüedad hasta que lo mande todo a la mierda me haga con la plaza.

Con todo, no las tengo todas conmigo. Así, quiero retomar inglés y comenzar con otros dos idiomas que no comentaré aquí ya que, por desgracia, el nivel de competitividad es tal que no quiero dar ideas. Por ello, tampoco comentaré en qué otra especialidad me he metido.

Por otro lado, a la vuelta del verano, quiero:

  • Recopilar mis relatos y ver si puedo moverlos.
  • Retomar un proyecto literario muy gordo que dejé colgado (puede que salga algo, puede que no).
  • Retomar la operación “vida sana” en condiciones.

La dieta se me echó un poco a perder en los meses previos a la oposición, pero ya puedo volver a comer casero. En cuanto al deporte, me siento muy orgullosa de poder decir que estoy a punto de cumplir un año como practicante de Kung Fu. Me supuso una vía de escape muy importante para el estrés tan severo que tuve este año, ya no por trabajar y estudiar a la vez, sino porque me tocó un destino muy muy complicado que demandaba muchas horas de trabajo en casa y no menos desgaste emocional. De paso, me ayudó a generar un hábito saludable (jamás había tenido yo hábitos deportivos), evitó que la ganancia de peso con la oposición fuera mayor y… consecuencias inesperadas (guiño, guiño, risa maligna):

      • Parece que no, pero tener casi tres cinturones, aunque es una puta mierda un nivel bastante escaso, te da algo más de seguridad a la hora de lo que pueda pasar (al menos sabría hacer algo… y nadie se lo espera).
      • De pronto pego unas ostias cojonudas he desarrollado mucha más fuerza en brazos y piernas que, digo yo, no está tan mal. Si soy una tía grande y no puedo evitarlo, mejor que me mueva con agilidad… y para poder hacerlo, es preciso estar lo suficientemente fuerte para manejar mi estructura, ya que nunca seré una “flor de pitiminí” (ni quiero). PD: Hablo de estar fuerte, no de “echar bola”. Con el tiempo aprendes que es casi imposible que eso lo desarrolle una mujer, a menos que ella lo busque con muchas ganas.

Me quedé con las ganas de haber terminado el relato vacacional del año pasado. Quizá lo haga, tengo las fotos y mis anotaciones en un cuadernillo, pero se me va a acumular el trabajo… pues este verano tengo previsto ir a Tailandia y, si hay suerte, me acercaré también a Marruecos para visitar a mi querida amiga norteamericana (¡esa Miss Beaton!)  la chica que estuvo unos meses acogida en mi casa, que vuelve a estar cerca por motivo de sus estudios.

No puedo olvidar, antes de cerrar este resumen, lo importante que fue obtener mi “L”, esa letra que me permite conducir y que representa el haber vencido una fobia de muchos años, esa letra que me abre posibilidades laborales y personales y, sobre todo, que me permite dar en las narices a esas personas que me ridiculizaron por no tenerla.

¿Sabéis? El trabajo es importante, pero no lo es todo. Hay mucho en mi vida que me hace feliz y, lo más importante, si echo la vista atrás, la mejor decisión que pude tomar fue cambiar de ciudad; mi vida ha ido prosperando desde entonces, tanto en lo sentimental como en lo literario y laboral. No puedo quejarme.

¡Un abrazo a todos!

 

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Te quería llamar

Yo reconozco que hace mucho tiempo que no te llamo, pero te quería llamar. Siempre te he apreciado, no lo dudes, somos amigas de toda la vida. Hemos compartido muchas cosas buenas y malas y siempre hemos estado ahí, aunque fuera en la distancia y aunque, por cosas de la adultez, ya no nos viéramos tan a menudo y los teléfonos casi hubieran dejado de sonar…

Supe lo que te había pasado este viernes. Te juro que he estado pensando en ti cada minuto durante estos días y en lo mal que debías sentirte, pero he estado liadísima. Es lo que tiene ser emigrante; sólo veo a mi gente durante los fines de semana.  Además, te reconozco que también me daba un poco de reparo: no quería ser inoportuna, ni  preguntarte sobre asuntos desagradables;  sé lo mal que lo pasas si alguien te ve llorar, nunca he sido hábil consolando a la gente…   y tampoco me parecía lógico tratar de animarte y acabar las dos llorando juntas.  Siempre te he visto tan fuerte que me dije “mejor dejo que se recupere estos días y ya la llamo cuando se encuentre mejor”.

Sin embargo, llegó el lunes y con él la vergüenza de no haberte llamado antes. Por eso decidí escribirte. No te creas que no me supuso esfuerzo, me tocó encarar que quizá no había hecho lo correcto. Mi consuelo era recordar que siempre has sido una persona muy sociable, con un montón de amigos, e imaginaba que, pese a que quizá hubieras podido estar dolida por mi silencio, a buen seguro tu teléfono no habría dejado de sonar. Incluso creía que era posible que ya estuvieras harta de tantos buitres;  ya sabes, esa gente que aparece a patadas para comunicarse contigo sólo cuando estás mal, que se alimentan de la desgracia ajena.

Jamás hubiera anticipado que irías a reaccionar así. Jamás amenazaste con aquello. Lo que has hecho parecía más propio de mí, que me pasé años sufriendo de ansiedad y depresión, tantos, que decidí guardar silencio y dejar de llamar la atención. Intuyo que siempre pensaste eso de mí: que decía esas cosas para llamar tu atención. Por eso quizá, aunque es la primera vez que caigo en ello, dejé de llamar por teléfono y casi también de escribir. Estaba acostumbrada a comunicarme demandando consuelo, sin reparar en las necesidades de los demás. Me sentía egocéntrica y fui aprendiendo a guardar silencio, pero me temo que no aprendí a detectar cuándo los demás necesitaban algo de mí.

¿Qué pasó por tu cabeza? Con lo pendiente que sueles estar de las redes sociales, empecé a temer cuando vi que pasaban las horas y ya nunca apareció el doble check azul…

Volví a plantearme llamarte y, de nuevo, no lo hice porque temí que te hubieras enfadado de verdad conmigo y tampoco sé gestionar la ira del otro, sobre todo cuando me importa.

Esa noche me llamó tu madre… y creo que no volveré a dormir. Nunca.

Por favor, perdóname.

***

He escrito este texto porque vengo notando desde hace un tiempo que las personas no sabemos reaccionar cuando alguien que nos importa se siente mal, sobre todo si el problema es de verdad grave y si esa persona nos parece psicológicamente “fuerte”. Por eso tendemos a huir y nos justificamos alegando que podemos resultar inoportunos, pero realmente nuestra reacción es una mezcla de cobardía y falta de herramientas para gestionar un mal estado anímico ajeno. A veces no tenemos el poder de consolar al otro, de animarle… pero eso no significa que no sea importante que estemos allí. La presencia cercana de alguien querido consuela por sí misma o, al menos, evita que el afectado se sienta abandonado a merced de sus problemas (o solo con sus mierdas, elige la frase que más te guste).

También he escrito el texto porque veo que con la edad la amistad se va devaluando. Va de la mano del aumento de las responsabilidades: la gente está cada vez más ocupada con sus trabajos y sus familias y puede acabar resultando imposible no descuidar a los amigos. Caemos en el error de percibirles como un gasto de tiempo y energías a cambio de nada. Olvidamos a menudo que la amistad es la familia que se elige y a veces es lo que queda cuando todo lo demás falla.

Aunque sea un insulto a la inteligencia del lector el dar moralejas, me voy a permitir en lujo de dar alguna en esta ocasión:

  • Si ves que alguien cercano sufre, ve a verle.
  • Si no puedes verle hoy, intenta verle mañana.
  • Si no, esta semana.
  • Si realmente no puedes en una semana, llama.
  • Si no puedes llamar, haz una videoconferencia…
  • Y, si realmente no te queda otra posibilidad (toca examen de conciencia) entonces escribe un mensaje de texto lo más personal, extenso y cercano posible, pero bajo ningún concepto te quedes sabiendo que alguien querido lo pasa mal y no has hecho nada porque te ha parecido más sencillo esperar a que la tormenta pase. 

Que conste que esta moraleja también me la tengo que aplicar yo. Los medios de incomunicación nos han hecho más vagos.

PD: También he querido reflejar que muchas veces no es la maldad sino la ignorancia o el estar devorados por nuestros propios problemas la que nos lleva a descuidar a nuestra gente.

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Sueños

 

_¡Ojalá fuera rica!

_Ese deseo es más viejo que el cagar, Martina.

_No es más que la verdad – suspiró, mirando con asco su plato de pasta precocinada del bazar- fíjate, con esa costumbre tuya de venir semanalmente a mi casa, vas a morirte de cáncerdesida por tanto glutamato –

_Y crees que si fueras rica comerías mejor – comentó Luis, entre risas.

_¿Lo dudas?

_Estoy convencido de que no. Las personas se distinguen por sus defectos y entre los tuyos está el ser una embajadora del caos.

Una simple ojeada a la cocina daba la razón a su invitado, pero ella se mordió la lengua. El colega era así, graciosete, y así había que quererle.

_Bueno, siempre puedes intentar hacerte rica con tus cuadros.

_Sí, porque desde luego sirviendo cafés en la cantina del instituto no va a ser.

_Debes pensar en tu gran obra.

_Lo primero que debo plantearme es si de verdad tengo talento. Cobrar una media de 200 euros mensuales malvendiendo mis obras por Internet no me hace creerme la nueva Dalí.

_ Hay quien no vende nada. Además, si te sirve de consuelo, el talento es algo que se suele valorar de modo póstumo.

_A menos que tengas padres o abuelos – rió Martina, con cierta amargura – lo que no es precisamente mi caso.

_Volvamos a lo esencial. Quieres dinero ¿no?

_Me es imprescindible para vivir como quiero: libre, sin pedir favores, sin depender de nadie, viajando, disfrutando de la vida.. –

Luis bostezó y decidió tumbarse en el sofá. Había confianza. Martina, sin embargo, no podía permanecer quieta en un mismo punto.

_Dicen que todo el mundo puede ser rico si se lo propone y que, para ser feliz, sólo basta gritárselo fuerte al universo…

_Sí, se dicen muchas gilipolleces – le interrumpió, exasperada, mientras se encendía un cigarrillo y comenzaba a fumarlo medio asomada a la ventana.

_¿En qué eres mejor que los demás? ¿Te lo has preguntado?

_Había una vez un artista que era genial dibujando un jarrón. Llevaba cuarenta años dibujando de mil modos el mismo jarrón, día tras día…

_Qué cachonda.

_¿No es esa la gente que triunfa, la que alcanza la maestría siendo perseverante? Miento, hay dos modos de triunfar, o bien siendo excelente, una cualidad con la que casi se nace, o siendo perseverante. Eso sin incluir las rodilleras, claro. ¿Y qué pasa cuando no eres ni lo uno ni lo otro y tampoco eres de usar rodilleras? Que te dan por el….

_Anda, anda, eres una chica fina, reprime esas palabrotas, que pareces un arriero. Cierra los ojos, hazme el favor.-

Ella enarcó una ceja.

_Ciérralos y escúchame. Verás, no soy Luis, ese colega al que cebas a fideos chinos, sino algo así como un fantasma de Dickens o, mejor aún, un cruce entre fantasma de Dickens y genio de la lámpara. Vengo a concederte un deseo, antes eran tres pero hasta los genios estamos en crisis. Y sí, sé bien que estás lo suficientemente leída como para saber que cuando aparece un genio que te concede deseos, está a punto de complicársete la vida. Voy a volvértelo a preguntar ¿tu deseo es ser rica? –

A Martina le dio un ataque de risa, pero continuó con los ojos cerrados.

_¡Pues claro!

_Cuando abras los ojos te vas a encontrar en otra cama, en otra casa y en otra vida, pero esto tiene truco: sólo durará una semana. Así podrás poner a prueba tus propias convicciones.

_No me digas que has tenido una charla con el universo. Yo te invité a fideos para comerlos, no para fumártelos.

_Abre los ojos.-

*

Cuando despertó, su amigo Luis no estaba ahí. Volvió a cerrar los ojos. Menudo sueño. Cada día tenía unos sueños más extraños.

La alarma volvió a sonar. Abrió los ojos de nuevo y reparó en que eran las doce. Se incorporó de la cama de un salto. No tenía idea de qué día era, ni de la semana ni del mes. Tal vez hubiera debido estar trabajando y se había quedado dormida.

Entonces se dio cuenta. Aquella no era su habitación. La cama era el doble de grande que su cama. Los muebles no eran los de su piso de más de cuarenta años. De hecho, los muebles eran sorprendentemente nuevos y coloridos, aunque elegantes. El cuarto era amplio y el armario empotrado. Junto a la cama tenía un ventanal que daba a una terracita. También había una puerta que daba a un cuarto de baño.

_No es mi casa – tembló – y tampoco la de Luis. ¿Dónde estoy?.-

Miró su ropa. Ella normalmente dormía en cueros o, como mucho, con una camiseta vieja. ¿Qué hacía con ese pijamita tan cuqui de raso blanco? Ella no utilizaba esas cosas ni cuando decidía hacerse acompañar por un maromo alguna noche.

Decidió aproximarse con pasos cortos al espejo de la habitación, temiendo que la imagen del reflejo no se correspondiera con la suya. Sin embargo sí, era ella. Una “ella” con un pijama cuqui, unas uñas arregladas y una melena sin puntas abiertas, sin raíces blancas y con mechas.

Se encogió de hombros. Recientemente habían empezado a salirle canas. Había decidido no teñírselas, al menos, no de momento. Le parecía que dejarse envejecer era propio de tener más personalidad pero, a la vista de aquella realidad alternativa, parecía que la causa de fondo era la de tener menos dinero. Un autoengaño como otro cualquiera.

De pronto, la asaltó un pensamiento. En otras circunstancias, le hubiera apetecido echarse un cigarro, pero aquella versión adinerada no sentía deseos por fumar.

Escuchó una melodía. La llamaban al móvil. Su móvil no era su móvil, pero al menos esa melodía de llamada parecía conectarla consigo misma. Sus gustos musicales permanecían. Descolgó.

_¿Qué te parece tu nueva realidad?

_Me parece que estoy soñando y que volveré a despertar en lo que entiendo que es la realidad.

_Ocurrirá, pero en una semana, como te dije. Tómatelo como un sueño algo más largo de lo normal, será lo mejor.

_¿Qué día es hoy?

_Miércoles.

_¿Hora?

_Doce y diez de la mañana. Caramba, creí que habías mirado el despertador.

_Me temo que me van a despedir del trabajo.

_No te preocupes, esta versión tuya no trabaja. Se dedica a disfrutar de la vida.-

La llamada se cortó.

*

_¡Sigue contándome, petarda! ¡Esto de protagonizar los sueños de una mujer me pone! ¿Cómo era tu versión millonaria?

_ Insoportable, definitivamente insoportable – protestó, desplomándose despatarrada en el sillón.- Hay cosas de pija que nunca hice, eso sí, como hablarle mal a los camareros, pero mi ropa parecía robada a una militante del pepé; mis amigos eran estirados y estúpidos; viajaba mucho menos de lo que creía; hacía, en general, mucho menos de lo que imaginaba… y al final seguía creyendo que mi vida era un desastre. Tenía un montón de tiempo libre que empleaba en atormentarme con mis propios pensamientos, seguía fastidiada porque apenas se vendían mi cuadros y ¿sabes qué es lo peor?

_Confiesa – preguntó Luis, entre risas.

_Que, a pesar de ser infeliz, mi mayor preocupación era no regresar a esta realidad, no volver a ser pobre. No era feliz, pero sí me sentía liberada de ciertos miedos y aquella versión mía parecía preferir la paz a la tranquilidad.

_¿Y qué intentabas?-

Martina sonreía al recordarlo. A veces los sueños son muy estúpidos.

_ Invertir. ¡Con lo nula que soy para eso! Pero en mi sueño pensaba que, de algún modo, ya que el dinero habría de desaparecer al cabo de una semana, tal vez si adquiría propiedades, compraba acciones, qué se yo, lo que generasen los intereses de ese dinero permanecería. Ten en cuenta que tenía un techo propio, un coche, y que vivía de las rentas. Desde esa realidad se hacía duro, y no te ofendas, vivir en una casa alquilada que se cae a pedazos, desplazarse en metro y madrugar cada día para ir a un trabajo en el que te faltan el respeto y apenas te permiten ir al baño o comer en condiciones.

_ Pero la cruel realidad se abatió sobre pobre Martina – remató su amigo, intentando emular una voz barítona de narrador – y un triste día ella volvió a despertar entre las sucias sábanas de su hogar vallecano.

_ No tan sucias – gruñó.

_ Prefiero no indagar.

_ … pero qué difícil es dejar un privilegio cuando lo has tenido ¿verdad?- suspiró, con la mirada perdida – ¿Cómo una va a dejarse esclavizar de nuevo cuando ha experimentado una etapa en la que disfrutaba de derechos e, incluso, de una ilusión de libertad?

_ Podría haber sido peor. Podrías haber soñado que tenías talento, obtenías reconocimiento a tu trabajo y vendías cuadros por montones y que luego, de repente, ese talento desaparecía o dejaba de ser reconocido y te tocaba regresar a la mediocridad de tu vida…-

Se hizo el silencio. Ella continuó fumando. Esta nueva versión suya fumaba más aún. 

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Las cosas del hablar

No es lo mismo (con perdón de Alejandro Sanz):

  • No es lo mismo hablar en privado que en público.
  • No es lo mismo expresar diversidad de ideas que atacar.
  • No es lo mismo usar un vocabulario que otro.
  • No es lo mismo alcohólico que borracho de mierda.
  • No es lo mismo drogadicto que puto yonki.
  • No es lo mismo fumador que gilipollas que invierte sus cuatro duros en provocarse una enfermedad.
  • No es lo mismo obeso que zampabollos que sólo sabe atracar la nevera, ya sea por enfermedad o por puro vicio.
  • No es lo mismo alguien que sólo se hace daño a sí mismo que un terrorista asesino.

Da igual la alegoría que queramos usar. Vivimos en unos tiempos en los que cualquier razonamiento o metáfora parecen peligrosos. La sombra de la censura planea sobre nosotros y parece que cualquier cosa puede volvernos objeto de escarnio… pero todo puede decirse sin agresividad, con educación. Evitar la violencia verbal es gratis y respetar a los demás facilita mucho la vida.

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