Viaje a Londres (CAP 2)


Segundo día: Viernes 19/09/2014

Lo primero fue el London Eye. Debo confesar que mis expectativas se concentraban en lo que viene siendo la parte histórica de Londres. Aunque mi cultura quede en la suela de los zapatos de la que tenía mi madre, ella logró contagiarme su pasión por la historia, de tal manera que esto me influye muchísimo de cara a elegir un lugar para visitar.

Por eso fui yo la primera sorprendida cuando, al bajar de esa tremenda noria gigante cuyo atractivo principal es ofrecer unas increíbles vistas de Londres, hablaba atropelladamente, entusiasmada como una niña chica.

Obvio, antes de subir tocó hacer cola y, ya de paso, escuchar a un español en modo “Trust me, I’m engineer”  [“Confía en mí, soy ingeniero”, nombre de un grupo muy simpático de Facebook] explicándole a su hijo que esa noria funcionaba con un motor hidráulico. Me dio una ponencia muy didáctica que me ayudó a hacer más amena la espera, sobre todo considerando que Noel, como había subido en viajes anteriores, no iba a subir a la noria conmigo.

Una hora de espera que me comí en la puerta, eso sí, a cambio de dos cosas que inciden favorablemente en la calidad de vida:

  • Entrar en la noria en cuanto se abrieron las puertas.
  • Ahorrarme entrar en una cabina llena, lo que permite admirar las vistas más cómodamente e, incluso, sentarse a ratos [tengo entendido que cuando es más tarde las cabinas van tan llenas que lo de sentarse se convierte en un imposible].

Fue en la cola para comprar el ticket de la Noria donde me encontré al único imbécil que me reservaba el destino para este viaje. Poco fue, total, en todas partes hay un imbécil, lo que cabe destacar es que el resto de los británicos con los que me encontré fueron educados e incluso agradables.

El tema con este imbécil es que no sabía cuando fui atendida que, además de vender tickets para el London Eye, también vendían para otras cosas, de tal manera que saludé educadamente, pedí un ticket (sin especificar para qué) y el muchacho, ni corto ni perezoso, además de reírse empezó a darle codazos a la compañera de al lado, entre risas.

Y yo, que tengo un inglés muy malo pero voy dotada de modo natural con una buena dosis de mala leche, contesté un seco “¿Hablas español… o no?” [Do you speak Spanish… OR NOT?]. Y ya de escucharme el tono, el tipo se moderó, me explicó y las aguas volvieron a su cauce. Pero ojo, me explicó en inglés, que el tipo de español no parecía tener demasiada idea, y eso que estaba trabajando en un puesto de cara al público y orientado al turismo.

Tras esto vino una agradable sesión de cine en 4D. Explicación para novatos:

  • Cine normal: Ves una gaviota bajo la lluvia en una pantalla plana.
  • Cine 3D: Te ponen unas gafas y ves a la gaviota bajo la lluvia como si volara delante de ti, dándote la sensación de que puedes tocarla.
  • Cine 4D: Te ponen unas gafas, ves a la gaviota como si pudieras tocarla y, además, alguien desde alguna parte te está echando agua, por lo que te parece que te está lloviendo encima.

Y esto, que parece una pijada, hace que cualquiera salga alucinado de la sesión de cine en 4D que hay previa a la subida a la noria.

Por cierto, ya camino de subir di con otro inglés (este hasta gracioso) que se dedicaba a revisar los bolsos de las chicas antes de subir a las cabinas. También lo entiendo, es muy importante garantizar la seguridad, sólo que mi bolso ese día podría desmoralizar al Santo Job. Os hago una breve relación de lo que llevaba en él para que lo entendáis:

  • Botas: al llevar un dedo roto no podía caminar con deportivas ni, en general, con un zapato cerrado, así que eso me obligaba a ponerme sandalias, con lo que te acuerdas de la madre que trajo a cada adoquín del suelo y que, además, son absolutamente maravillosas si te encuentras con el tiempo clásico inglés, que viene a ser de lluvia, más lluvia y más lluvia. Las botas iban ahí como única alternativa muy incómoda a las sandalias para el caso en el que lloviera. Y de paso, por razones obvias, también llevaba calcetines, tiritas y esparadrapo, por aquello de que debo llevar vendado el meñique del pie derecho.
  • Mi folleto del London Eye: A las 20 libras que cuesta subir en la noria, cabe añadir una más debido a mi capricho por tener ese folleto, pero es que en él viene explicado lo que se ve desde arriba, en visión diurna y nocturna (hay tickets para el London Eye por la noche). Y por eso llevaba mi folleto en el bolso.
  • Mi estuche de maquillaje/supervivencia: Por aquello de que una dama es una dama y las fotos quedan para siempre.
  • Mi rollo de papel higiénico: La gente alucina cuando cuento esto, pero siempre o casi siempre llevo un rollo de papel higiénico en el bolso. ¿Motivo? Se resume en una palabra: alergia. Esta amable señorita puede convertirse en dos minutos en Moquete de Cazafantasmas y, como las alergias son así de fantásticas, ni siquiera puedo anticiparme a ello, sólo llevar mi rollo de papel higiénico encima.
  • Mi pastilla de Paracetamol: Por si el dedo me daba demasiada guerra, que algo me dolía el pie de vez en cuando.
  • Mi teléfono móvil: Por no dejarlo en la habitación del hotel y por si pillaba WiFi gratis (por cierto, en algunas cabinas telefónicas de Londres hay WiFi gratis, lo que viene a confirmar que siguen siendo un país civilizado).

En condiciones normales hubiera llevado también un monedero y un broncodilatador. No llevaba el monedero en la cartera porque estoy utilizando uno que se cuelga al cuello. Yo le llamo mi “monedero antirrobo” (alguna mala experiencia he tenido en Madrid) y Noel prefiere llamarlo el “monedero de chica especial” pero es un buen modo de que no tardar dos mil años en buscar el dinero, las llaves o las tarjetas, así como de tener los cuartos  bien controlados.

Con respecto al broncodilatador no lo llevé porque, aparte de los problemas de entrar con líquidos y medicamentos a otro país, leí que en Reino Unido los supermercados son entes que también venden productos de farmacia y, si te entra un mal ataque de asma, basta con rellenar un cuestionario para que te lo den, por aquello de que alguien no se ahogue en mitad de la calle por no tener receta, lo que es una gran idea. ¿Verdad?

Imaginaos llegar con este bolso al señor revisor de bolsos de la noria. Me miró con cara de agobio y se dirigió a mí con un “Where are you from?” (¿De dónde eres?) y, una vez que vio que era española, resolvió el tema con un “¿No cuchillos? ¿No pistolas? ¿No whisky?”. Me bastó con reír, afirmar que no llevaba nada peligroso, y continuar.

Con respecto a las vistas, como una imagen vale más que mil palabras, os regalo una

 

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Tras esta vuelta en la noria, fuimos al obelisco de Cleopatra, que en realidad es bastante anterior a Cleopatra, está acompañado por un par de esfinges, y produce una sensación extraña. No creo que los egipcios quieran mucho a los británicos, la verdad. Luego desarrollaré mejor esta idea.

Después estuvimos buscando la iglesia del Temple. Una iglesia que en su momento impactó bastante a Noel, pero (cosa extraña en él) no recordaba su nombre ni su ubicación exacta.

Entretanto compramos un periódico que perdí (mea culpa, siempre perdiendo cosas) pero la cuestión no era tanto tener el periódico como saber qué se sabía de las votaciones en Escocia, pero las reacciones eran tan frías que no se podía saber mirando los titulares si habían ganado los unionistas o los secesionistas. De hecho, a Noel no le quedó otra que llamar a su padre para enterarse.

Tiene su gracia. Seguro que en España hubo más reacciones a la noticia que en Reino Unido.

Después de un paseo que incluyó un café muy rico en la cafetería Nero (¡que ahí se ha comido a Starbucks!) y de una conversación en perfecto castellano con una camarera de Burgos, entramos al Museo Británico.

¿Qué decir del Museo Británico? Quizá que, después de haber visto el Coliseo y este Museo yo ya me puedo morir. Obvio, es una exageración dramática, pocas ganas de morir, pero ya me entendéis. Ese Museo era una de las grandes metas de mi vida y no me decepcionó. La pena es que para disfrutarlo de verdad, leer todas las explicaciones, visitar todos los pasillos, etc, necesitas varios días y yo sólo tuve cerca de tres horas.

Estuve en los pasillo de Egipto, Asiria, Asia, Grecia y Roma. ¿Lo más impactante? Las momias y… como en este caso es más pertinente una imagen que mil palabras, es momento de compartir otra foto:

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Soy muy friki… ¿Cómo no va a emocionarme el haber estado delante de la Piedra de Rosetta?

Tras este gran momento, probé el inevitable Fish and Chips, que tenía mucho más de chips que de fish y, aunque no estaba mal, era desproporcionadamente caro, aunque más dolió el que me cobraran cuatro libras por una Heineken (eso sí, allí está más rica que en España) y el que me añadieran un plus por terraza… ¡a pesar de que me llovió!.

Eso sí, asumo que estaba en Londres… ¡en algún momento me tenía que llover!

Después fuimos a Trafalgar Square (por cierto ¡tremendísima plaza!) lugar en el que habíamos quedado con mi amiga Bea, más allá de una breve escapada a Picadilly Circus y de probar un par de productos alien como:

  • ¡La Coca Cola de Vainilla! Una porquería absurdamente rica.
  • ¡Kit Kat rellenos de crema de cacahuete! ¿Es o no es para flipar?

Una vez que llegó Bea visitamos Candem Town y el Soho. En Candem nos encontramos una pequeña orquesta de músicos callejeros que eran capaces de cantar, bailar y tocar instrumentos verdaderamente pesados. Lo que no lográbamos encontrar ni en Candem ni en el Soho era un lugar para sentarse y tomar algo tranquilamente. Y es que, según me explicó Bea, sucede que los ingleses, al igual que los españoles, cuando terminan de trabajar están locos por salir a la calle y socializar (¡lógico!) y ya que se quedan sin sol muy temprano (también les sale muy temprano) pues para ellos la juerga empieza antes y a eso de las seis de la tarde es imposible tomarte algo en ninguna parte sin estar de pie, sobre todo si es viernes, como ocurría en nuestro caso.

Más cosas que me llamaron la atención de Londres:

  • Aspectos absurdamente icónicos que se mantienen y molan, como las cabinas telefónicas, los autobuses rojos de dos plantas y… ¡los taxis! Estoy cayendo en la cuenta de que al final no le hicimos ninguna foto a los taxis. Por suerte tenemos a Internet para ayudarnos 🙂

  • ¡La cantidad de cafeterías y restaurantes que no tienen baño! Y eso es de tener poca vista, porque la mayor parte de los turistas que hacemos un pis luego nos marcamos un “pis&coffee” aunque sólo sea por educación. Pero si no hay pis no hay coffee. Es lo que hay.
  • Cuando nos estámos tomando algo en una cafetería de Soho, nos encontramos que no había baño (ver punto anterior) y me tocó cruzar la carretera para acercarme a un garito. Ojo, hablamos de las 6 o 7 de la tarde. Pues bien, ya había un gorila en la puerta que  me pidió el bolso para registrarlo (¡!). Y a mi pobre “I’m only want to go to the toillete” (yo sólo quiero ir al baño) la respuesta fue “and I’m only want to look your bag” (y yo sólo quiero mirar tu bolso). Así pues, dejé que lo mirara y admirara. ¿Recordáis todas las cosas que llevaba en él? Pues eso, mucha pinta de gorila, mucho traje negro, mucha cabezonería, pero luego no hubo cojones de registrarlo bien. Ea.
  • ¿Cómo es posible que en Londres haya más reliquias del Antiguo Egipto que en Egipto? Después de lo que vi en el Museo Británico no puede quedar demasiado en el país de origen. De ahí el comentario de que los egipcios no deben estar muy contentos con esa situación.

¡Mañana más! 🙂

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Acerca de vengatriz

Opositora crónica. Si también eres opositor crónico ¡espero tu testimonio!
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2 respuestas a Viaje a Londres (CAP 2)

  1. Una ama de casa normal dijo:

    Estoy fascinada de ver por tus ojos…

  2. Pero… ¿Cómo de grande es tu bolso?

    A mí también me pasó lo mismo la segunda vez que estuve en Londres. No sé qué manía de no tener baños en las cafeterías… y también por el mismo motivo, dejé de hacer muchos “wee&coffee”. En Edimburgo esas cosas no pasan, y ese es uno de los motivos por los que Escocia es mucho mejor que Inglaterra.

    Yo creo que si el resultado del referendum hubiese sido el Sí, la reacción habría sido distinta, pero como fue que no, pues todo sigue igual y punto.

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