Cruz Roja (3) y algunas novedades

Hacía tiempo que no os contaba nada de mis actividades en Cruz Roja. Es lógico, no he vuelto a colaborar con nada (o casi con nada, es matizable), aunque eso no quita que tenga algunas novedades en la recámara.

La primera novedad es que me llamaron esta semana para ir a recoger mi título de Cooperante Internacional. Es algo que me extraña mucho porque, como recordaréis algunos, se suponía que para recibir un título de un curso becado (gratuito, por la pertenencia a Cruz Roja) tocaba demostrar actividad voluntaria al menos durante seis meses una vez finalizada la formación. En otras palabras, ser voluntario es un modo de contar con cursos gratuitos pero no son tan gratuitos: se pagan en especie.

Así pues, quizá me informaron mal, o lo entendí mal, o la cosa cambió y yo no me había enterado… o puede que, cuando diga de recoger la formación, me den a elegir entre pagar una cantidad y colaborar esos seis meses de los que hablaba. Ya os contaré, mi intención es ir la semana que viene a por el título.

La segunda novedad, es que me pidieron que colaborara con una actividad de seguimiento a mujeres y niños inmigrantes y también que echara una mano a una enfermera con un taller de primeros auxilios. Inicialmente iba a apuntarme, y no sólo “por interés” sino, como sabéis, porque me apetece hacerlo. Como he explicado en alguna ocasión, aunque entré a este voluntariado para adquirir experiencia profesional docente y completar mi CV sin coste, una vez que estoy dentro y veo las cosas tan fuertes que suceden, me acabo implicando emocionalmente porque soy una persona y no un adoquín. La cuestión es que a última hora debí cancelar ambas actividades debido a un asunto personal bastante doloroso. Voy a resumirlo, aunque todavía no es momento de escribir claramente sobre él porque aún me falta información.

El asunto trata sobre la salud de mi madre. Ella hace años que sufre dolores y pérdida de movilidad debido a una osteoporosis. No obstante, desde el pasado mes de octubre ha pegado tal “bajón” que comenzamos a ir de médicos y… parece ser que la cosa es mucho más que una simple osteoporosis. La primera noticia que tuvimos de eso fue el 28 de diciembre, estamos a 27 de enero y aún sigue de pruebas. La cita con el médico, a partir de la cual ya se supone que dispondré de toda la información, será el uno de febrero. Imaginaos, un mes enterito, aunque hay que decir que esta lentitud insoportable para obtener el diagnóstico se debe a la existencia de las vacaciones de Navidad, el derecho del personal sanitario de tomarse vacaciones a cualquier precio y, cómo no, la crisis económica. Para que os hagáis una idea, suponed que os tienen que hacer unas pruebas para descartar o confirmar una dolencia que, lamentablemente, podría ser mortal. Vais angustiados, porque en estas cosas un tratamiento rápido quizá suponga la diferencia entre vivir o dejar de hacerlo. El médico que necesitáis acudir es un internista, pero ¡qué cosas! el buen señor está de vacaciones y el hospital (centro privado, por cierto, que en el público está todavía más complicado conseguir una cita) no dispone de NADIE que le sustituya, lo que obliga a esperar un par de semanitas.

Retomando el hilo conductor, mi madre está de pruebas y, como la curiosidad es muy mala, en esta casa no se respetan los sobres cerrados. Y no sólo no se respetan, cada vez que aparece en un papel una palabra que no se entiende (cosa habitual en cuanto es redactado por un médico), una acude a internet y se pone a leer todo lo que sale, que además tiende a ser la información más alarmista del mundo. Os diría que no hagáis eso (ni lo de abrir sobres ni lo de buscar en Internet) pero me consta que es imposible resistirse a esa tentación y menos aún cuando hay algo importante en juego. Pues bien, el miércoles, al recibir los resultados de las dos últimas pruebas, leímos (toda la familia) cosas muy feas, fuimos a buscarlas en Internet y… directamente, nos hundimos… a pesar de no conocer cómo está de avanzada la enfermedad, qué pronóstico tiene ni qué tratamiento se le va a dar.

Por ello, he avisado a mi coordinadora que mi actividad como voluntaria queda suspendida provisionalmente hasta febrero. Una vez que sepa qué hay, podré decidir si continúo o no. Existe la posibilidad de que sea mucho más necesaria en casa que por los invernaderos del levante almeriense. También he cancelado mi asistencia a las clases de inglés. El motivo es que la academia está muy lejos de mi casa, cada vez que voy y vengo me toca cruzar la ciudad y dependo del bus o de mis piernas pues no tengo carné de conducir – ni ganas de sacarlo, ni dinero para hacerlo-. Prefiero buscarme una academia que quede más cerca, pues sigo queriendo presentarme al B2, pero esto también está en revisión. Esta semana hablé con un amigo que, por la mitad de lo que me cobran en la academia, me puede echar una mano con el asunto del inglés a través del ordenador y del teléfono, con un horario totalmente flexible, que es lo que yo necesito ahora, ya que no sé a qué eventualidades me voy a tener que enfrentar. Pero como os digo, esto tampoco es seguro, depende de lo que me digan.

También cancelé una clase particular y un encargo que me había salido – tengo una fuente de ingresos esporádica como “negra académica”, es decir, haciendo trabajos universitarios por otras personas, lo que al menos me permite presumir de haber recibido dinero por mis méritos literarios; no todo el mundo puede- porque no tenía ánimo. Lo que está ocurriendo en mi casa acapara mi atención y mis esfuerzos. No obstante, soy consciente de que no debo jugar con mis fuentes de ingresos, no son demasiadas y ahora más que nunca es importante ahorrar.

Y me diréis: ¿Qué pasa con la Operación Dublín? Obviamente, está en revisión. Si el veredicto que nos va a dar el médico sobre mi madre es, digamos, asumible, mi viaje a Irlanda sigue en pie. Pero si el veredicto va a ser tan serio como parece, el plan queda cancelado o, como mínimo, pospuesto a un cambio de circunstancias. Hablar de cancelación es demasiado fuerte. Por eso os digo que seguiré ahorrando… por eso y porque no sé cómo se me plantea el futuro; lo que sí sé es que la necesidad de ganarse la vida sigue estando ahí y también la verdad incontestable de que este país no da muchas facilidades a los jóvenes para que podamos vivir dignamente.

Y ahora me voy a atrever con otra confesión. Llevo unos días pensando en cerrar el blog. El motivo es que este espacio viene a ser una especie de “Diario de Guerra”, un blog de supervivencia. En suma, un espacio en el que puedo enfadarme, despotricar, pero siempre en tono positivo, con esperanza. Un espacio donde comparto mis intentos de salir adelante, que me unen a toda una generación – o a varias- con la idea de que, quizá, mi experiencia pueda serle útil a otras personas. Además, es un espacio con el que me encanta que la gente se ría, porque la risa es la mejor medicina para sacar fuerzas de donde no las hay y enfrentarse a los problemas.

Temo que las cosas salgan mal y mi ánimo caiga. No quiero que este sitio se convierta en un lugar oscuro.

Sin embargo, también he pensado que la vida es un lugar en la que hay luces y hay sombras y que quizá mis experiencias sean ahora todavía más útiles para quien me pueda leer. Se está añadiendo una nueva variable a mi situación y no soy, ni de lejos, la única que tiene que enfrentarse a ella. Igual leerme da ánimos a alguien o incluso, como me ha ocurrido muchas veces, soy yo la que puedo salir beneficiada de la interacción con vosotros. Más de una vez me habéis animado sin saberlo, ayudado a resolver problemas, despejado dudas… varias cabezas piensan mejor que una. Y, además, escribir es una actividad muy terapeútica que ayuda a poner la mente en orden y ahora, justamente porque se inicia una etapa difícil, preciso tener la mente más clara que nunca.

Por tanto, y mientras lo deseéis así, “Abajo las opos” permanecerá abierto e intentará mantenerse fiel a su espíritu irónico y combativo. 

Y como no quiero que esta entrada os deje sólo con este amargo sabor de boca, quiero compartir con vosotros dos historias de esperanza.

La primera debí haberla contado hace tiempo. Trata sobre aquel chico al que debí comunicar que sufría Hepatitis B  y que había llegado tarde para recibir un tratamiento, lo que le situaba en una situación complicadísima. Para quien desee más detalles, aquí está la entrada: Nueva Etapa (1).

En diciembre supe que la doctora mintió. El chico no había llegado tarde para recibir un tratamiento. ¿Qué pasó? Mucho me temo que esa mujer era racista y no quería que se hiciera gasto para un chaval que estaba desamparado por su condición de inmigrante sin papeles, sin recursos económicos y, para más INRI, ignorante de nuestro idioma; en suma, absolutamente vulnerable ante la mala voluntad de la gente.

La buena noticia es que ya ha comenzado a recibir su tratamiento y podrá superar la enfermedad. La mala noticia es que hay mucho hijo de puta suelto y, según veo, especialmente en el colectivo de los médicos, y espero que nadie se ofenda. Es que estoy teniendo unas experiencias muy malas, por razones distintas, con los médicos.

La otra historia ocurrió estas Navidades. Tengo una amiga que tiene una pastelería y el día que más vende es el 6 de enero, por el roscón de reyes. No sé si es por la falta de consideración de algunas personas o si esto se debe a la crisis económica, ella se pasó una noche en vela preparando los roscones para encontrarse conque varias de las personas que le encargaron un roscón la dejaron tirada.

Lo bonito de esta historia es que ella se comunicó conmigo y con otro chico más que también es voluntario de Cruz Roja y la cosa se movilizó para que la mañana del seis de enero se repartiera, junto con el desayuno que esta ONG reparte siempre entre los mendigos, un trocito de roscón. Es un detalle que hace esta asistencia más humana.

Así que ya sabéis qué hacer si os sobra comida. Ea. Más aún cuando ayer vi en las noticias que ONGs importantes de reparto de alimentos como Cáritas se está encontrando con los almacenes casi vacíos por culpa de esta maldita crisis.

Por suerte, aunque ahora parezca que no hay institución en España que no se haya corrompido, todavía podemos seguir teniendo fe en la bondad de la gente. De verdad que hay gente buena. La mala sombra es que para ser político o banquero se requieren instintos criminales, por eso la bondad no se encuentra ahí.

Nos seguimos leyendo :)

PD: Este finde volveré a intentar comentar mis blogs amigos. A ver si esta vez los electroduendes me lo permiten.

Publicado en Cómo ir al hospital y no matar, Genérico, La chica de la Cruz Roja | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 14 comentarios

CMYNM (69-75): Aula Matinal VS Comedor (2º round)

O, como decía un amigo del instituto, “conversaciones de pobres siempre acaban en mierda”.

Como ya hace tiempo que no os cuento de esta batallita, toca resumir qué ha pasado en capítulos anteriores:

  • Al principio fue la pelea porque no queríamos limpiar el cuarto de baño interno – y las limpiadoras ¡tampoco!-. De ese baño sólo ellas tienen llave. Lo usan como almacén, cuarto de productos de limpieza y, que no me digan lo contrario, para tomarse su café, pues ahí está la máquina del café como testigo. Al principio se dejaban ese cuarto abierto por error (parecía cerrado, pero descubrimos que no) hasta que un día nos lo encontramos bien cerrado. Fue el día que nos bloquearon el acceso al papel higiénico.
  • Tras varias quejas que implicaron al director, como los rollos realmente no le pertenecían a ellas, sino al colegio, se acordó (o les ordenaron, que a veces no se pueden lograr las cosas de otro modo) que ellas nos irían dando periódicamente el papel.
  • Como eso no les gustó, se dieron varios episodios desagradables. El más significativo fue cuando rompieron el árbol de navidad asqueroso de material reciclado floreciendo sobre la mesa del aula pequeña. Tenían la pretensión de que le limpiáramos su basura, pero logramos que la limpiaran ellas.
  • Justo antes de la Navidad nos hicieron otra gracieta: dejarnos sin acceso a las bolsas de basura ni a los cubiertos. Un tema que decidí posponer hasta después de las vacaciones, es decir, hasta ahora.

Por suerte, no quedamos absolutamente “des-cubiertas” porque, en otro cajón, había algunos cubiertos de la Junta de Andalucía. Pero no teníamos cucharitas  ni cuchillos de sierra. El tema de las cucharitas se solucionó porque, de aquellos días en que uno de mis alumnos traía chocolate con churros – los lectores habituales recordaréis la anécdota- quedaron vasitos y cucharitas de plástico. Ni imagináis el rendimiento que le estamos sacando a las cucharitas, aunque es la cutrez más grande del mundo.

Para el tema del pelado y el corte de fruta, creo que comenté que no hay nada tan horrible como pelar y cortar una fruta con un cuchillo romo. Mi padre me dejó una de estas navajas multiusos para resolver el panorama, aunque siempre se me olvida llevarla -fallo mío-.

Pero el colmo vino cuando pedimos, porque nos volvían a hacer falta, rollos y bolsas de basura (el cubo de basura ya comenzaba a parecer un ecosistema), nos encontramos con uno de sus famosos post-it-mails (notitas que usamos como medio de comunicación por ser incapaces de coincidir) en los que nos decían:

  • Que nos daban papel higiénico y una bolsa.
  • Que no nos iban a volver a dar nada de eso.

A mí me cabía la duda de que las bolsas de basura podrían ser de la empresa que lleva el comedor (en cuyo caso, las bolsas de basura debería proporcionárnoslas el centro) pero me consta por las broncas anteriores que los rollos de papel son del colegio y, ya que ellas se empeñan en cerrar la puerta, han de ser las que nos den los rollos.

Tocó la primera reclamación al director, que no sabiendo cómo excusar lo miserables que son, me dijo que los rollos nos los tendrían que seguir dando ellas y que a partir de ahora las bolsas de basura nos las daría él o la conserje. Sobre los cubiertos no hay nada que hacer, son de ellas, aunque reconocía que no tenía sentido la mezquindad que habían hecho de meterlos en el cuarto que está bajo llave.

Aquí saqué un as de la manga, sólo por joder. Descubrimos - y no entiendo por qué no lo vimos antes- que tenían los productos tóxicos de limpieza en pleno comedor, junto al fregadero, completamente accesibles a los niños. Vista la negativa del director a darnos la llave a pesar de que ellas utilicen ese cuarto, que es del centro, para lo que les sale del papo, no pude evitar comentarle lo siguiente:

“Por cierto, hemos reparado en que los productos de limpieza están junto al lavabo. Eso puede ser peligroso y, además, no se entiende, teniendo ellas a su disposición un cuarto cerrado destinado exclusivamente a productos de limpieza”.

El director empezó a balbucear acerca de la naturaleza y grado de toxicidad de esos productos, pero ya le dejé claro que, aunque sea joven, sé identificar sin demasiadas dificultades, entre otras cosas, una botella de lejía.

Que no es por nada, viene una inspección y se les cae el pelo.

Al día siguiente, las botellas no estaban – y eso que el director intentó quitarle hierro a la cosa- pero ¡sorpresa! el jabón que utilizamos para limpiar lo que se mancha en el desayuno TAMPOCO.

Claro, diréis, partiéndoos el ojal, es que ese jabón es otro producto de limpieza. Y, por supuesto, lo metieron en el cuarto que estaba bajo llave, por lo que tocó ir a comentárselo al director nuevamente. A ver cómo quiere que freguemos los platos si no nos dan jabón que, por lo visto, también pertenece a la empresa del comedor.

No obstante, en esta ocasión el dire me dio una solución muy buena: ya que no tenemos jabón, podemos meter los cubiertos sucios en el lavavajillas. Lo que viene a ser un “que lo laven ellas”. Me comentó que sabía que se enfadarían y que irían a él a protestar, pero entonces él respondería que los cubiertos habían ido al lavavajillas por orden suya, así que ellas tendrían que responder en consecuencia.

Así lo hice. Esto ocurrió el viernes.

Hoy lunes los cubiertos aparecieron sucios, en el fregadero, con el Cola-Cao reseco de días, que ha costado un mundo limpiarlo, pero, ¡oh milagro! el jabón ha reaparecido en su lugar, en el fregadero.

Conclusiones de la última reyerta:

  • Hemos ganado la batalla del papel higiénico.
  • Hemos conseguido un suministro de bolsas de basura.
  • Hemos recuperado el jabón para poder fregar.

Lo que nos sigue doliendo en el alma es lo de los cubiertos. Como, por suerte, sólo hay un niño al que hay que pelarle y cortarle fruta, hemos pensado comentarle a su madre que, por favor, nos traiga la fruta de su hijo pelada y cortada, ya que no tenemos cuchillos. Y si a la mujer le intriga, que se queje al director ¿no os parece?

Eso de quejarse funciona. Debo hacerlo más a menudo.

Si no, ya sabéis, la toman a una por joven y temerosa, más como está el trabajo ahora, y piensan que pueden hacerte lo que les dé la gana sin que te defiendas.

Nota: Un detalle divertido. Están tan convencidas de que los cajones del Aula Matinal son suyos que hoy nos hemos encontrado los documentos del divorcio de una de nuestras queridas amigas del comedor. Tampoco es que nos vinieran muchos datos, pero ya hemos empezado mi compi y yo a reírnos en plan bruja, diciendo “normal que las dejen, si es que son unas amargadas y no hay Dios que las soporte”.

Que diréis que somos injustas y cabronas, pero consideradlo un mezquino, aunque legítimo, mecanismo de venganza psicológica. Se creen las tías que están en el salón de su casa.

¡Nos seguimos leyendo!

PD: Os leo. En serio. Pero desde hace unos días, ignoro la razón, no puedo comentar en la mayoría de los blogs que sigo y me da mucho coraje.

 

Publicado en Cómo madrugar y no morir | Etiquetado , , , , , , , , , , , | 23 comentarios

Sobre lo de Megaupload- Tema del día

Ya pululaban en mi cabeza las dos próximas actualizaciones de este blog. Sin embargo, a veces sucede que llega un tema verdaderamente importante y te obliga a posponer las cosas que había previstas porque lo fundamental es abordarlo.

Es exactamente lo que me sucede con el cierre de Megaupload. La red está cuajadita de enlaces con información abundante que no podré superar por más que madrugue, así que sólo me queda hacer ejercicio de mi libertad de expresión (mientras pueda) para protestar y resumir en unas cuantas reflexiones la barbaridad que supone la clausura de esta web:

  • Considerando que el asesino de Marta del Castillo está condenado a 20 años de cárcel dos de sus cómplices, a 5 y 8 años, y el resto de los cómplices se libran de la condena; y considerando también que un terrorista en España puede cumplir una condena de un máximo de 40 años… y normalmente no la cumple en su totalidad – recordemos que los terroristas matan gente- nos toca asimilar que pretenden condenar a los responsables de Megaupload a una condena de 50 años de cárcel. Delinquir contra la “propiedad intelectual” es más grave que matar y violar, al parecer.

  • Llevaron la operación contra Megaupload los agentes del FBI. Se trata de una policía federal, es decir, sólo debería intervenir en cuestiones que acontecieran en el suelo de los EEUU y con ciudadanos de EEUU. La cuestión es que los cuatro detenidos son ciudadanos europeos y las detenciones se llevaron a cabo en Nueva Zelanda, es decir, fuera del suelo estadounidense. Lo que nos lleva a considerar que el gobierno de EEUU puede hacer lo que le dé la gana dónde y cuándo le parezca, cosa que no ha de sorprendernos, para intervenir contra Ben Laden también se pasaron por el forro el pedir permiso a Pakistán. Claro que entonces el que EEUU hiciera lo que quisiera no le importó a casi nadie. ¿Por qué sería? 

  • Megaupload tenía dos usos principales. El primero, daba un soporte a cualquier persona que quisiera compartir archivos. De este modo se han compartido archivos personales y completamente inofensivos desde el punto de vista de la propiedad intelectual. Por otro, otras veces se han compartido archivos no tan inofensivos (películas, música, series) que son justamente el origen de la guerra contra Megaupload.  No obstante, estos archivos permanecían ahí hasta que se recibía una denuncia, cuando eso sucedía eran retirados… hasta que otro usuario lo compartía en otro lugar. De aquí nacen dos dilemas: 1. ¿Megaupload llevaba a cabo alguna actividad ilegal o eran sus usuarios quienes la hacían? 2. Si consideramos que Megaupload sólo es una vía y que cada usuario empleaba los recursos del modo que le parecía oportuno ¿va a comenzar el FBI a perseguir a los usuarios que compartan ciertos archivos por todo el mundo? Pues, qué queréis que os diga, les van a faltar cárceles.

  • Si los responsables de Megaupload han sido acusados, entre otras cosas, del cargo de CONSPIRACIÓN DE CRIMEN ORGANIZADO ¿cómo ha de considerarse a los usuarios que disponían de una cuenta “Premium” (de pago)? De pronto se convierten en la fuente de ingresos de una banda de criminales, lo que podría llevarles directamente a la cárcel ¿no?
  • Para los que crean que quien hace uso de este tipo de servicios está robando, unas pequeñas observaciones con validez local, a buen seguro extrapolables en cuanto se conozca la idiosincrasia de cada país: 1. En España, al menos en 2010, teníamos la conexión a Internet más cara de Europa. En concreto, un 141%   más cara que el resto de los europeos; 2. En muchos países se nos impuso el llamado Canon Digital, que viene a ser como pedirnos que paguemos por un delito, con independencia de si lo cometemos o no. Obvio, si se nos hace pagar dicho canon, considerando además lo que pagamos por la red, ya deberían considerar que hemos pagado más que suficiente. A ver qué ocurre con él, en el enlace tenéis información reciente; 3. El arte que suele alcanzar una notoriedad como para ser pirateado suele ir subvencionado y las subvenciones, no ya en España sino en el mundo entero, proceden de nuestros impuestos… y la pasta va más a las distribuidoras que a los artistas, dicen por la red que en un 90% – aunque no sé si es fidedigno, pero me lo creo-. 

  • No confundáis la aniquilación de Megaupload con la SOPA, que es otra gran amenaza – una ley SINDE a la americana-. Consultad los enlaces para más información.

BIENVENIDOS A LA DICTADURA MUNDIAL

A firmar: http://www.avaaz.org/es/save_the_internet/?fAvZucb&pv=188

Publicado en Genérico, INDIGNADOS (15-M) | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , | 30 comentarios

El Sueño del Alquimista

Hace una semana que quedé con una amiga. Hacía frío. Cuando me preguntó dónde quería ir, le comenté que sólo me apetecía dejar de rodar por la calle y meterme en algún lugar a cubierto para tomarme un par de vinos.

Haciéndome caso, comenzamos a buscar un bar. El elegido era uno en el que jamás había estado antes ninguna de las dos, pese a que mi amiga vive muy cerca de él. Lo que nos invitó a entrar fue su nombre: “El sueño del alquimista”. Lo encontré más propio de una novela de Carlos Ruiz Zafón que de las callejuelas de Almería.

El invierno, el frío, los vinos, la ausencia de una televisión que molestara y de una música que distrajera, hicieron aquella reunión propicia para las confesiones. Por ejemplo, hablamos de la enfermedad. Con respecto a eso, ya he experimentado algo en varias ocasiones (en mí y en mis seres queridos): sentirse mal desemboca en problemas de salud. Podría explicarlo dando datos concretos, pero no es este el lugar. Os va a tocar creerme. Y no hablo sólo de cosas leves, sino de dolencias que pueden conllevar intervenciones quirúrgicas o incluso, a la larga, la muerte.

Lo positivo es que, al parecer, al revés también funciona. Una persona que estando enferma de pronto encuentra motivos para ser feliz, aumenta sus posibilidades de alcanzar una total recuperación. Por desgracia, en mi entorno hay más evidencias del primer fenómeno que del segundo, pero sigo apostando por esta bidireccionalidad.

También hablamos de los ángeles. La amiga con la que quedé cree en ellos y está convencida de que la amparan y le dejan mensajes que ha de descifrar cuando se siente perdida. Yo sobre este asunto no dispongo de una opinión muy formada. Conozco, quizá mucho mejor que otra gente de mi edad por circunstancias muy específicas de mi educación, qué se supone, teológicamente, que es un ángel, qué rangos tienen, cuáles fueron las misiones de los ángeles famosos… pero lo cierto es que no he contado jamás con ellos como una presencia real.

No obstante, sí he experimentado eso de las señales. Un psicólogo podría explicar que eso de ver señales se debe exclusivamente a una predisposición de nuestro cerebro por ir encontrando mensajes ocultos. Para que entendáis mejor a qué me refiero, aconsejo echar un ojo a este enlace sobre la Psicología de la Gestalt.

Respeto el modo en el que cada cual se autoengaña. Es inevitable. Yo también lo hago. O, si lo preferís en términos más positivos, apostamos. Ciertas ideologías, conceptos, emociones, puntos de vista, modos de vida y un infinito etcétera nos atraen, nos convencemos de que son los correctos, interpretamos todo como señales que nos conducen a ellos y, finalmente, apostamos… más allá, eso sí, de que nos reservemos la capacidad de ir variando nuestras apuestas a lo largo de nuestras vidas.

De este modo mi amiga ve ángeles y yo veo signos y habrá a quien cuanto estoy explicando hoy le parezca una estupidez, pero, suponiendo que sea una estupidez, todos la cometemos, porque para vivir no hay manuales ni certezas. No queda otra que autoengañarse y apostar.

Como diría Benedetti,“No te salves”.

Imaginaos entonces cómo me impactó que, en este contexto en el que ella no sólo me hablaba de sus ángeles sino me aconsejaba que me encomendara a ellos y en el que yo le respondía que a veces sólo necesito señales, inspiración, para ver dónde encaminar mis pasos, apareciera entonces un señor barbudo, una especie de Santa Claus delgado y de paisano, que se presentó ante nosotras como el dueño del lugar y nos acabó revelando su particular historia.

¿Cómo resumirla? Simple en realidad, una de tantas historias que nos llegan de la crisis, aunque con un matiz diferente al habitual. Él había trabajado durante treinta años como comercial de una empresa que acabó cerrando. Se encontró de este modo en la calle y a una edad muy difícil de cara a encontrar trabajo en otro lugar, en plena cincuentena.  Un fenómeno que hundiría a cualquiera. A él también… porque nadie es incapaz de ser hundido; la clave está en la capacidad para volver a ponerse en pie. Descubrió en aquella enorme crisis una oportunidad. Él realmente no tenía vocación de comercial. Su personalidad se orientaba más bien al cuidado de los demás y la vía que más le atraía era la de la cocina. Su sueño era montar un restaurante y, como tantas veces sucede, había sido siempre desplazado e, incluso, olvidado… hasta que las circunstancias se alinearon para que decidiera apostar por su vocación.

Una vez que nos explicó esto, me atreví a lanzarle la pregunta que rondaba en mi cabeza desde que había entrado a aquel lugar… ¿Por qué “El sueño del Alquimista”?

Tal y como suponía, no era un nombre elegido al azar. Quien más y quien menos ha de saber lo que es la Alquimia, aunque aconsejo echar un vistazo al enlace a quien desee profundizar. Sin embargo, si vemos al Alquimista como símbolo, se trata de alguien que, más que buscar la transformación del plomo en oro, está buscando su propia sublimación.

De este modo “El Sueño del Alquimista” era el producto de la obra de un hombre que, desde una crisis, además de sobrevivir, buscaba hacerse con las riendas de su  destino y mejorar como persona.

Fijaos si este símbolo será fuerte y antiguo que figura en el Tarot, encarnado en la carta de “El Mago”.

Hablamos de muchas cosas, algunas se os antojarían profundas y otras dignas de un delirio New Age: horóscopos, casualidades, flores de Bach… daría para otro post, aunque si me dedicara a escribirlo rompería demasiado con la tónica general de este blog. Y, claro, debido a la conversación, los dos vinos iniciales pasaron a ser cuatro… y, después, seis, pues el dueño nos invitó a dos vasitos más de uno que fabrica él mismo y al que atribuye unas cualidades singulares y bastante discutibles – aunque está buenísimo-.

En aquel momento llevaba la dosis de vino exacta para volver a mi casa sin menoscabo de mi dignidad. Algo me impulsó a no hacerlo – ¿la cogorza? ¿una voluntad no visible? ¿quién sabe?- y acabé en casa de esta muchacha tomándome la penúltima copa – jamás me tomo la última, dicen que trae mala suerte-.

El alcohol, mezclado con la metafísica, empujó a mi amiga a hacer algo que quizá no habría hecho de no darse las cosas como se dieron: llamar por teléfono a su madre, con la que andaba muy peleada, y acordar con ella una cita para arreglar las cosas.

Nuestra charla previa al encuentro con el “Alquimista” fue su señal.

¿La mía? El personaje en sí. Estoy en una fase en la que necesito tomar impulso para hacer muchas cosas. No necesito a mi alrededor más muestras de que todo se hunde, lo que me hace fata es ver ejemplos como este: gente que resiste, que combate por sus sueños y que ,además, gana, que de los que luchan y pierden también he visto unos cuantos.

Eso sí, no puedo evitar comentar que sé que, como norma general, el 80% de los negocios que se inician, quiebran a los 5 años; que las tapas que ponía este hombre no eran la octava maravilla y que al final, como suele decirse, “nos clavaron”, pero diría que en aquel lugar, más que consumir unas tapas con unos vinos, recibí una lección vital por sorpresa… e, incluso, una señal.

Por ende, sé de uno que una vez me comentó que hay un mundo en el que sólo sucede aquello que literariamente queda bien. Si quitamos de esta historia un par de minucias… ¿no queda literariamente que te cagas?

Mañana más. Si no, pasado. Si no, cuando se pueda.

Publicado en Genérico | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | 16 comentarios

CMYNM (65-68): El retorno- ¡qué duro é!-

¡Digo yo que habrá ganas de saber cómo se me ha ido dando eso de madrugar!

El lunes fue desastroso. Ya sabéis, acostarme tarde, despertarme con el tiempo justo, trabajar y caer de nuevo en los brazos de Morfeo, fiel a mi siesta matinal.

El martes me ocurrió algo muy divertido, sobre todo visto desde fuera, que a mí cuando lo viví mucha gracia no me hizo. Resumo, imaginad lo que es darse el madrugón, creer que llegas tarde, aparecer en el colegio, no ver a los niños, no ver a la compi de trabajo, encontrar todo cerrado, temerse lo peor y al final descubrir (previa llamada a mi compañera, que se rió de mí y con motivos) que me había levantado una hora antes. Lo positivo es que aquello me dio pie a volver a casa y tomarme lentamente mi café antes de re-comenzar mi jornada laboral. ¿Cómo pudo ocurrir? Un móvil antiguo, que se queda sin batería exactamente una hora y que, al volverlo a cargar, ha perdido la noción del tiempo o, en otras palabras, ha borrado de la existencia aquella hora que estuvo sin batería.

Más gracioso ha sido hoy revisar el calendario y descubrir que no sólo se perdió una hora; según mi móvil estábamos a uno de enero de 1980. Primera vez, al menos que yo sepa, que un teléfono es capaz de remontarse mucho más allá de la fecha de su fabricación… oigo risitas, va, el artefacto es antiguo, pero os puedo jurar que no es mayor que yo, vale, por poco ¡pero no!

Podría decirse que el secreto para madrugar y no morir es engañar al teléfono para que nos engañe y, a partir de ahí,acostarse tempranito para levantarse tempranito, pero soy una inepta: el miércoles volví a recaer en los malos vicios y si el jueves no me regalé mi siesta matinal fue porque me pudo la tentación de ir a una tienda y aprovechar que estamos en rebajas. No suelo hacer esas cosas, pero de cuando en cuando es legítimo.

¿Novedades laborales?

La primera es una sensible disminución en la afluencia de los niños. Tan sensible que una se vuelve a hacer extrañas cábalas sobre el riesgo de perder el puesto. Como recordaréis, debía haber un monitor por 25 o 30 niños (ni lo recuerdo bien, aunque lo puse con exactitud en una entrada anterior) y ya nos estamos moviendo por cifras ridículas otra vez. Además, hemos tenido dos bajas oficiales y, aunque no me han informado del motivo, de pronto veo a la madre de esos dos críos llevándolos al colegio cuando antes era el padre quien los traía al Aula Matinal porque ella trabajaba. La conclusión está clara: estamos en crisis y la gente pierde puestos de trabajo. Obviamente, eso incide sobre el número de niños que van al aula matinal y pone en peligro mi propio trabajo. Y así nos pasa a todos, que nos estamos desmoronando.

La segunda, parece que lo de mi empresa han decidido mandarnos una hoja para que firmemos nuestra asistencia, ya que se ha comprobado que es inútil fichar la asistencia con el teléfono móvil que nos dieron. La cosa es que es igual de estúpido dar toques que imprimir la hoja de firmas y firmar según nos dé la gana. Cada día tengo más claro que la idea no es controlar nuestra formalidad – por más que nos amenacen constantemente con la inminencia de unas inspecciones que no se dan – sino contar con “pruebas” que, a nivel burocrático, les dejen a ellos en buen lugar.

La tercera, parece que mi compañera no se ha tomado tan en serio la Operación Dublín como yo. Ella dice que sigue adelante y todo eso, pero cuando le pregunto por el tema pelas me contesta que aún no ha ahorrado nada. Y, claro, aunque yo no soy quien para meterme en cómo lleva cada cual su vida privada, la veo entrar, salir, irse de marcha por ahí (y hacer de paganini con las amigas) además del dinero que se le va en su empeño por asistir semanalmente a sus clases de baile.

Como no le meta el turbo, no va a ser capaz de tener en el tiempo establecido la cantidad necesaria para coger los servicios de la agencia y, o bien se busca una familia de por libre, o la puede pillar un tren.

La historia es que ella misma me comentó que estuvo viendo el coste de los vuelos en verano y parece que no bajan de los 200 euros. Cada vez gana más fuerza la posibilidad de irse en septiembre -vuelos más baratos, familias que piden ayuda durante el curso escolar, que es lo lógico, y aupairs adolescentes que, también por el curso escolar, vuelven a España y dejan de ser competencia para mí-. Obvio que si me voy para septiembre no será para menos de nueve meses. Total ¿acaso iba a encontrar un trabajo mejor en España en ese tiempo? Citando a mi compi, que tuvo su gracia: “ya que haga lo que haga me van a explotar, que me exploten en inglés”.

La cuarta noticia es que, siendo invierno, parece primavera. De pronto, según informa radiopatio, parece que nuestro niño rubito borde está completamente pillado por nuestra niña cafre y que algo similar pasa entre los dos alumnos que tenemos de quinto,que en cuanto llega cierta muchacha, cierto muchacho lo deja todo y le va detrás. Y las seños, cómo no, chismorreando sobre el anteproyecto de vida sentimental   de los chavales al más puro estilo “Sálvame Deluxe”. ¡Pa lo que hemos quedao!

A modo de cierre… ¿Recordáis a las dos hermanas tímidas? Días atrás descubrí que no era mala idea colocar a la niña pesada (hay una niña de la que todos se cansan porque es muy pesada, ya os hablaré más de ella) a jugar al parchís y a la oca con la hermana mayor de las “Mudas Sisters”. Total, la otra se pasa la vida contemplando en silencio a las demás, esperando a que la inviten a jugar, y, en fin, parece que encontré a la pareja perfecta para que se compensaran mutuamente las deficiencias. En el futuro, repetiré esta combinación, aunque la niña pesada es varios años menor que la otra.

Por cierto, aunque queda feo contarlo, también entendí esta semana por qué esta chica no es aceptada por los demás. Y no es sólo por su mutismo, es por su mala uva, aunque creo que no es consciente de ella. Ayer pude presenciar cómo dos niñas intentaron invitarla a estudiar la lección con ellas, ya que tenían examen, y la otra les contestó en tono borde que a ella no le daba la gana estudiar porque había estudiado en su casa. Entonces, esas niñas vinieron a mí quejándose de que “la muda” es una estúpida, la otra se me echó a llorar y yo me las vi y me las deseé intentando explicar a todas las partes que las relaciones humanas son difíciles, que en ocasiones se producen malentendidos y que aquel era uno.

Es interesante tener en cuenta esto para analizar lo que he visto hoy. Estaban las dos hermanas mudas dándose la mano en el patio, sin relacionarse con nadie más, y de pronto la pequeñita, la que suelo dejar yo en su aula, empieza a dar tirones de la hermana porque quiere irse a jugar con la gente y la hermana mayor no la deja. Según mi compi, esto quizá se deba a que la hermana mayor ha recibido órdenes de los padres de “cuidar a la pequeña”. Según yo, la hermana mayor utiliza a la pequeña de escudo porque si la pequeña se va a jugar, ella se queda sola.

Yo, dándome cuenta, llevé a la pequeña a jugar con las otras niñas y dejé que la mayor resolviera sus propios problemas sin usar a la hermana como escudo. Efectivamente, cuando se vio sola, intentó aproximarse de nuevo – aunque sin demasiado éxito- a los niños de su edad.

Igual está necesitando un taller de “habilidades sociales” como el comer.

En fin, cierro el chiringuito, que este fin de semana me fugo. El lunes regreso con mis chismes, que tengo ganas de contaros una anécdota muy particular y significativa. Ya sabéis que me gustan las sorpresas.

¡Nos leemos!

Publicado en Cómo madrugar y no morir | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | 18 comentarios